Las Pelotas: “Nunca fuimos sexies ni somos una moda”

Después del borrón y cuenta nueva que de algún modo significó Despierta, el primer disco de Las Pelotas sin Sokol, el inolvidable frontman que falleció en 2009, la banda encabezada por Germán Daffunchio deja por un momento cierta crítica ácida y sarcástica, y profundiza el viaje interior. Que no es que no haya estado antes (basta recordar viejos temas como »Menos mal», »¿Para qué?» o la reciente »Destellos») sino que ahora ocupa un lugar más central mayor.

»Deben haber sido los años de terapia», especula Germán a la hora de explicar este giro que también tiene su correlato en la música, claro, y estalla en una risotada que acompaña Gabriela Martínez, bajista de esta banda de más de 20 años de carrera y que completan Tomás Sussmann en guitarras, Sebastián Schachtel en teclados y Gustavo Jove en batería.

»Antes de grabar nos planteamos a dónde queríamos ir», explica Daffunchio. »Y es cierto que muchas veces salimos con los tapones de punta, aunque en Despierta el único tema verdaderamente fuerte era ‘Saben’, que terminó censurado. Un montón de radios y canales de televisión no lo pasaron porque los chicos del coro decían malas palabras. Muchos piensan que es un éxito la música vomitiva, pero no es tan así.»

Grabado en el estudio que tiene la banda en Nono, Córdoba, Cerca de las nubes es entonces, como su nombre lo indica, un viaje a veces tormentoso, a veces calmo, mundo interior de Las Pelotas. »Qué lindo es ver la luna después de la tormenta, los rayos te atraviesan, no puedo hablar», cantan en »Cuántas cosas», el tema que abre el disco. Y el tono general es un poco así: de disfrute, de alguna autocrítica que se desliza por ahí y de agradecimiento. De paz.

»Hay un planteo artístico espiritual ante todo lo que sabemos que está podrido, la idea enfocada para un lado más profundo que lo superficial, tu desnudez interna», explica Germán. Y sigue: »En los medios y las publicidades se resalta todo el tiempo la posesión como eje central de la felicidad. Y a nosotros, como rebeldes que somos, nunca nos importó eso. Pero bueno, cada disco representan una etapa, una momento en la vida de Las Pelotas, y ahora estamos más…»

Gabriela Martínez: –…para adentro, ¿puede ser? (mira a Daffunchio). Eso no cambia, lo que pensamos de lo que pasa. Todo lo malo que pasa afuera. Pero nuestra percepción, ahora, ¿qué hace uno con eso?

–El foco está puesto ahí.

GM: –Claro. Es un viaje nuestro. Porque uno puede ponerse en un lugar mesiánico, diciendo el mundo es así, esta es nuestra sociedad. Pero no era la idea de este disco, que me parece más la condensación de lo que sentimos. Y que le va a gustar al que sienta parecido a nosotros. Pero es cierto que estamos más preguntones que extremadamente críticos o tiracacas.

–¿Hoy esta mejor visto ser preguntón que acusador?

GD: –No sé. Pero el acusador lo único que hace es tener cáncer de estómago, úlceras, insomnio, gastritis, se te hierve las sangre. No es sano. Una de mis grandes acusaciones al pedo que hice fue en un Quilmes o River, no recuerdo bien, cuando denuncié que se había entregado la concesión del Golfo de San Jorge, la mayor reserva de petróleo de Argentina, y al final del show no me dieron ni cinco de bolilla.

–¿Qué es estar cerca de las nubes para Las Pelotas?

GM: –Es estar en un viaje compositivo.
GD: –Nos costó mucho ponerle nombre al disco. Mucho más que otras veces. No sabíamos cómo sintetizar lo que habíamos vivido. Pero por suerte, acá, la genia de Gaby lo tiró una tarde y ahí todos dijimos: es ese. Refleja muy bien lo que vivimos, además de que el estudio donde lo grabamos, en Nono, Córdoba, queda muy cerca de las nubes y realmente nos sentimos así.

–Ya tienen toda una carrera hecha grabando en ese estudio.

GM: –Sí. Pero fueron momentos muy diferentes. Ahora estamos todos con hijos más grandes y entonces podemos ir y quedarnos diez días o más. Eso nos permitió estar muy relajados. Grabábamos durante 13 o 14 horas, y cuando terminábamos seguíamos tocando la guitarra en la galería.

GD: –Cada disco es una etapa distinta en la vida de uno. La situación física, material, estructural… para qué grabamos ese disco, con un estudio recién armado. Uno va aprendiendo también todo lo que tiene que ver a nivel mecánica de grabación, conocimiento de nosotros mismos trabajando en grupo. Creo que en este disco se nota mucho lo que evolucionamos en ese sentido.

–En »Eso que pasó» cantás: »Uno no es el centro». ¿El ego es una de las grandes trampas del rock?

GD: –Es una de las grandes trampas de la vida. O, si no, mirala a Moria Casán, que tiene un ego más grande que el Estrecho de Magallanes. O nuestros políticos. Pero volviendo a la música: el rock es el más criticado de los estilos. Sufre una crítica despiada muchas veces. Los especialistas más cultos que tienen millones de discos, te buscan con lupa hasta el último defecto.

–Aparte, el rock siempre prometió mucho y después hay que estar a la altura de esas promesas.

GD: –Muchas veces no es tanto el ego de la música sino el ego de la vida. Eso de sentirse el centro de la existencia. Pero mirá lo que son las cosas, que esa frase »Uno no es el centro», la había descartado y justo entró Tomás Sussmann y dice: »¡Qué bueno!, ‘Uno no es el centro»’. Y quedó.

GM: –En este disco también nos dimos una libertad creativa muy sanadora. Y parte de eso fue poder compartir las incertidumbres, las dudas. Una búsqueda que tiene que ver con una necesidad. Y que nos dejó muy embalados. Cuando terminamos nos daban ganas de grabar otro disco.

–Cuesta arrancar. Pero una vez que arrancan, quieren seguir eternamente.

GD: –Sí, porque arrrancar trae la duda: »¿Traeré una medalla olímpica? ¿Un diploma? Porque, si no traigo nada, nadie nos va a creer que estuvimos en las Olimpíadas…» (risas). Es un poco la crisis de la hoja en blanco: qué queremos decir, a dónde vamos, qué van a decir los críticos. El artista en el sur es complejo. El rock por suerte no es demasiado popular, salvo esos programas de música con jueces divinos y todo eso…

–Desde que arrancaron, tuvieron que sobrellevar todo tipo de contratiempos: desde las comparaciones con Divididos, que llegaron antes a la masividad, hasta la reformulación de la banda tras la partida de Sokol, justo cuando lanzaban el sucesor de Esperando el milagro, su disco más vendido. ¿Les pasó de pensar: cuándo llegará el momento en que podamos dejar de pelearla tanto?

GM: –Sí. Pero esas peleas nos unieron mucho también. Tuvieron su costado positivo.
GD: –Cuando empezó la comparación con Divididos fue un perno. Además, cuando aparecieron con Natalia Oreiro ya ni podíamos competir. Un productor de esa época se preguntaba: ¿Divididos con Natalia o Las Pelotas sin Natalia? ¡Dividos con Natalia, obvio! ¡Yo hubiera hecho lo mismo! Un gran saludo a Ricardo (risas). Pero es así. El que piense que la vida no es pelear o no es enfrentar lo que viene, va en mal camino. En el último tema del disco justamente decimos: »Que venga lo que quiera.» Y es así. Nunca fuimos sexies ni somos una moda. Pero eso hace que hoy haya abuelos con sus nietos viéndonos.

GM: –En el último tiempo nos pasó que tocábamos un tema viejo y por ahí pasaba inadvertido.

–Hay recambio.

GD: –Y es lógico. Otra cosa sería pretender que Riquelme se quedara toda la vida en Boca.
GM: –Si algo buscamos toda nuestra vida fue tener una marca. Y creo que Las Pelotas tiene su propio estilo, su propio espíritu. Lo nuestro es la búsqueda. «

la situación del país

–Siempre fueron de hacer giras. Pero en este último tiempo, entre Despierta y Cerca de las nubes, recorrieron mucho el país. ¿Cómo lo notaron respecto a años anteriores?

GD: –Lo que más me gustó fue la pista de transbordadores en Anillaco. Y me encantaron los hospitales, la cantidad de escuelas.
GM: –Lo que vemos es muy triste. Interesante y triste a la vez.
GD: –Lo que pasa es que en el rock se canaliza la frustración de los pibes, las pseudo revoluciones. Y cuando vas a veces sos un gringo invasor. Una vez fuimos a tocar al Chaco y había camiones llevándose el público nuestro. ¡En serio!
GM: –Esa vez, muchos pibes me decían: »¿Viste, Gaby? Si escucháramos cumbia no nos llevaban.»
GD: –Es bastante vergonzoso el manejo de la gente, la informacion de las masas. Y más con nosotros. No creo que a grupos como La Mosca les pase lo mismo.
GM: –Hay provincias que son particulamente fachas, feudales.
GD: –Pero por suerte el público pelotero siempre gana, resiste todo.

temas tranquis

Según Germán, »lo habitual es poner los mejores cuatro temas al principio y el resto de relleno. Pero nosotros nos negamos totalmente a eso. Para nosotros el disco está todo bueno. Y lo que queríamos era que fuera un disco que vuele. Un disco muy escuchable. Estuvimos mucho tiempo decidiendo la lista. Íbamos a la casa de ella y nos quedábamos horas…»

dos pérdidas:
sokol y kupinski

–Sufrieron las pérdidas de Alejandro Sokol y de Tavo Kupinski, que fallecieron en los últimos años. ¿Cómo es lo cotidiano sin ellos?
GD: –En mi caso personal, lo vivido es siempre lo que viviste. Los recuerdos están dentro del corazón, está todo en paz. Si uno vive llorando el pasado todo el tiempo, cagaste. Si estamos todo el día »¡Sin Luca! ¿Te acordás cuando estabamos con Luca?», no sirve. Ya sé lo que fue Sumo, lo que fue Luca. Y acá pasa lo mismo. Hay una cosa medio épica en el rock, somos todos como guerreros del arco iris y siempre hay bajas, loco. Y si estás en medio de una batalla y cae tu mejor amigo, tenés que seguir porque, si no, a vos también te van a matar.
GM: –Yo de Tavo agradezco haberlo conocido, porque hasta ese momento que vino a vernos para tocar con nosotros no lo tenía tan presente.
GD: –Siempre nos decía: »Che, ¿no me dejan tocar en el show que viene?». Y sí, claro. Vení.

el reggae perdido

El reggae de estirpe rockera que trajo Sumo y luego continuó Las Pelotas era una de las marcas de la banda. Hasta que en un momento, desde Todo x un polvo (1999), su presencia fue mermando en los discos hasta desaparecer completamente. Algunos fans protestaron cuando salió Basta, de 2007. Pero ya con el flamante Cerca de las nubes, nadie levantó la voz por la ausencia del ritmo jamaiquino. ¿Ya no habrá más reggae en Las Pelotas? »Lo que pasa es que nunca fuimos una banda ‘reggae»’, sostiene Gabriela. »Creo que en Las Pelotas el reggae es bastante reconocible, cosa que es complicado en otras bandas que sí se dedican al género. Pero ya no lo hacemos a propósito. Ya hay millones hechos y queremos ir por otro lado.»

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