Juan Gelman, un gotán en cada herida, por Emilio Vera Da Souza

JUAN GELMAN un gotán en cada herida por Emilio Vera Da Souza

Desde el comienzo, sus poemas se destacaron por sus subversiones estilísticas y sus planteos atrevidos, en sintonía con una irreverencia vital que le valió la cárcel en por lo menos dos ocasiones y luego el exilio.

La última vez que lo vi, -y no fueron tantas- nos cruzamos por casualidad en el ascensor del edificio de Página/12. El caminaba parsimonioso como siempre, con un pucho apagado en la boca, hacía bastante frío y mientras esperaba el ascensor, acompañado de su mujer, intentaba sacarse el sobretodo. Yo me arrimé desde el costado para ayudarle y allí nos cruzamos las miradas. Lo saludé. Me dijo que se acordaba de mi, pero me asociaba más con los vinos y la mendocinidad que con el diario y el periodismo.


Por esos días ya sabía de su nieta a quien tanto había buscado. También había recibido el premio Cervantes por ser el poeta más destacado de su tiempo.

Yo admiraba su pluma y su historia, su valentía y su coherencia. Nos presentó unos años antes otro colega admirado, amigo de él, desde la juventud y las andanzas en las primeras redacciones de los mejores diarios que dio este país.


Juan Gelman, tenía la voz ronca de tanto pucho, pensaba yo, y hablaba lento y con un ritmo único, acompasado. Parecía un hombre triste. Y tenía motivos. A su hijo Marcelo lo secuestraron en Buenos Aires junto a María Claudia García Iruretagoyena, su joven esposa de 19 años embarazada de siete meses. Los comandos del terror los llevaron a un lugar de detención clandestino conocido como “Automotores Orletti”. Un lugar donde reunían detenidos ilegalmente a los extranjeros que el régimen retenía e intercambiaba por otros presos políticos de países vecinos. El Plan Cóndor, se llamaba ese diseño del terror internacional. No se supo más de ellos. Entonces Juan comenzó una búsqueda implacable, día por día, semana tras semana, mes a mes, año y año y año tras año.

Primero dio con los restos del que fuera en vida su hijo. Luego de la certera identificación por parte de los antropólogos forenses en 1989, encontró datos y testimonios de la nuera y con una gran presencia de ánimo, una valentía a toda prueba, llegó hasta las máximas autoridades de Uruguay a donde fue llevada luego del secuestro. Allí, gracias a la presión internacional y a su infatigable designio, supo que María Claudia fue trasladada por oficiales de la Fuerza Aérea Uruguaya al Servicio de Información de Defensa.

María Claudia y Macarena estuvieron juntas hasta diciembre de 1976 en la sede de la SID de Montevideo. Los captores dejaron el 14 de enero de 1977 a la beba en una cesta en la puerta de la casa de la familia del expolicía Angel Tauriño.

Gelman encontró a ese bebé ya crecido en el año 2000. Supo que era una nieta, y entonces la vida tuvo otro sentido. La poesía se hizo menos tanguera, las risas se escuchaban de lejos y el dolor era menos doliente.


Dijo el poeta: “Mi hijo no fue “inocente”, sí víctima. Marcelo Ariel Gelman tenía 20 años cuando fue secuestrado en su casa por un comando militar. Cuando lo secuestraron no tenía militancia partidaria, pero sí la suficiente historia militante como para que la dictadura militar lo considerara un enemigo. Encontraron su dirección en la libreta de anotaciones de una muchacha. Estoy orgulloso de la militancia de mi hijo. A veces pienso que algo tuve que ver yo con ella y eso redobla mi orgullo y mi dolor. Mi hijo no era un “inocente”. Le dolían la pobreza, la ignorancia, el sufrimiento ajeno, la estupidez, la explotación de los poderosos, la sumisión de los débiles. Nunca se sintió portador de una misión, pero quiso cambiar el país para que hubiera más justicia. Hizo lo que pudo, callada, humildemente. De todo eso fue “culpable”. ¿Y no fue por eso víctima de la dictadura militar? Repito la pregunta: ¿Hubo que ser “inocente” para tener acceso a categoría de “víctima de la dictadura militar”? Es verdad que hubo muchas víctimas inocentes de la dictadura militar. Por ejemplo, niños con vida y niños no nacidos todavía. Hombres y mujeres sin militancia alguna que sólo pertenecían a esa secreta intimidad llamada pueblo y que fueron también asesinados. La dictadura militar consideró “culpables” a decenas de periodistas que no pensaban como ella. A centenares de intelectuales que no pensaban como ella. A sacerdotes, abogados y a miles de obreros y estudiantes que no pensaban como ella. A los familiares de personas que no pensaban como ella. Y también a muchos que deseaban cambiar la vida, como pidió Rimbaud, y lo intentaban por distintos caminos.”

Fundador del grupo de poetas «El pan duro» cuando joven. Secretario de redacción de la revista Crisis, director del suplemento cultural del diario La Opinión y jefe de redacción del diario Noticias.

Su poesía está en los libros: Violín y otras cuestiones, El juego en que andamos, Velorio del solo, Gotán, Sefiní o Cólera Buey, Hechos y relaciones o Si tan dulcemente, entre otros. Escribió “Exilio” en colaboración con su amigo Osvaldo Bayer. Citas y comentarios, Hacia el sur, Composiciones, Carta a mi madre y País que fue será y Prosa de Prensa, son los destacados.

Dijo Gelman al recibir el premio Cervantes como uno de los más grandes de habla castellana: “A mí me pasa como a Marina Tsvetaeva, la gran poeta rusa aniquilada por el estalinismo. Ella recordó alguna vez que el poeta no vive para escribir. Escribe para vivir.”

La Argentina y el mundo, lo despidieron como un cálido hombre de palabras.
Fue un empedernido buscador de la vida en forma real, metafórica y concreta.
Juan Gelman se fue.
Pero acaso, solamente para escribir un tango.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here