El padre del rock nacional

La Pesada del Rock and Roll es un invento mío. Yo quería que lo acompañen a Billy Bond y armé la selección: Javier Martínez, Claudio Gabis, Spinetta, Lebón, Alejandro Medina, Pappo… Siempre quise hacer la guerrilla del rock», dice Jorge Álvarez, el fundador de Mandioca, el primer sello discográfico del rock argentino.

Corría 1968, tiempos de Onganía, cuando el rock nacional era patrimonio de unos poquísimos. »Manal no existía, Vox Dei no existía, Moris no existía. Yo era como una brisa para que esas canciones pudieran llegar a más gente. Cuando escuché ‘Avellaneda blues’, por ejemplo… ¡éso era Discépolo en blues! ¡Todos tenían que notarlo!», cuenta Álvarez apasionado.

Los por entonces chicos no tenían dónde tocar ni con quién grabar, y él notó la urgencia. »Conseguí una reunión con el mandamás de una multinacional importante. Yo ya había grabado los dos primeros temas de Manal y los quería salir a mostrar. El empresario escuchó ‘Qué pena me das’ y ‘Para ser un hombre más’, ¿y puedes creer qué me dijo? ‘Jorge, sigue haciendo libros, el blues se canta en inglés, no quieras hacer cosas raras’. Yo me reí… ¡y tuve que crear Mandioca! En mi vida grabé un solo tema cantado en inglés», afirma Álvarez con tonada española. Y es que volvió al país a fines del año pasado. Se había tenido que ir en el 77 después de una fiesta organizada por el cineasta Torre Nilsson. Había recibido una advertencia: »Estás creando una juventud contestataria».

Recientemente se presentó la serie de ocho capítulos dirigida por el documentalista Aníbal Esmoris que registra la historia del sello creado por Álvarez, pero también la historia del país. »Esmoris me dio una satisfacción plena, hizo un documental desde la verdad y eso no es poca cosa en estos días», dice Álvarez manifestando aprecio y admiración por el documentalista de rock que le brinda homenaje (ver Abajo, Mandioca, la madre…). Te leo al revés. Álvarez venía del mundillo de la literatura. Sus asesores eran Rodolfo Walsh y Ricardo Piglia.

Desde Jorge Álvarez editor publicó los primeros libros de David Viñas y Manuel Puig, entre otros. »La gente venía y preguntaba cuál era el nuevo libro que habíamos sacado. Había mucho para hacer y no pasaba nada, entonces creé mi propia competencia, De la Flor y Tiempo Contemporáneo», dice victorioso. Su librería de la calle Talcahuano 485 fue el salón literario de los años ’60, el punto de encuentro de todos los artistas e intelectuales que paraban en Buenos Aires.

–¿Con Mandioca quiso unir el mundo de los músicos con el de los escritores?

–Nunca fui un alquimista y los mundos no se unen. Que cada uno se quede en su mundo, a mí qué me importa.

–¿Y qué dijeron los escritores cuando empezó a trabajar con músicos?

–(Se ríe) No gustó. Los escritores sólo respetaban a Spinetta porque no les quedaba otra. Spinetta era un pedazo de escritor. Con el primer disco de Almendra había volteado a todo el mundo, todas las canciones del álbum eran un escándalo. Y, por otro lado, los músicos no querían mezclarse mucho con los intelectuales… no vaya a ser que fueran convencidos de alguna cosa. Ellos querían tener la rebeldía en estado de pureza. »La mano viene Manal», contestaba Javier Martínez cada vez que alguien preguntaba cómo venía la mano.

En su momento la banda se llamaba Manales hasta que conocieron a Jorge Álvarez en una fiesta organizada por la legendaria Pirí Lugones. Álvarez los escuchó zapar y les ofreció grabar y hacer recitales en teatros. »Estamos hablando de tiempos en donde los músicos sólo tocaban en clubes de barrio para animar las fiestas a lo Club del Clan», apunta Aníbal Esmoris, el director del documental. Y agrega: »Álvarez tiene la increíble capacidad de descubrir la maravilla, ve el talento y lo acompaña. Y eso hizo con Mandioca. Trabajó con el talento de los demás y lo fortaleció».

El sello Mandioca fue presentado en vivo un 12 de noviembre de 1968 sobre la calle Corrientes en el Teatro Apolo. La grilla del recital estaba conformada por Manal, Cristina Plate y Miguel Abuelo. La noticia causó revuelo en los sectores reaccionarios de la sociedad. Los medios comunicaron la noticia y la mayoría de ellos dejó en claro su descontento. Fue el caso de la revista Panorama que publicó una crónica del recital: »Sobrevivientes de la tribu seudo-hippie de Plaza Francia, diezmada en parte hace un año por la tijera policial, numerosos jóvenes de sexos indefinidos con disfraz bohemio y algunos ‘notables’ invitados especialmente, atestaron la sala Apolo durante la sesión inaugural de un ciclo auspiciado por Mandioca, nuevo sello grabador capitaneado por el ahora barbado editor Jorge Álvarez y tres adolescentes de espíritu aventurero… Una lánguida partidaria de este tipo de eventos explicó: ‘Nunca haremos nada importante. Sólo nos resta destacar nuestra insignificancia’. Lo hacen tan bien, que el ‘arte’ de aburrir tiene en ellos a sus estrellas máximas».

Cuenta Jorge Álvarez que cuando terminó el recital se le acercó un flaco desgarbado: »’¿Vos sos Jorge Álvarez? Gracias a vos se terminó la música de mierda que escuchaban los argentinos’, me dijo. Esa fue una de las pocas charlas que tuve con Spinetta». Las discográficas. Cuando describe su trabajo como productor, Jorge Álvarez prefiere retratarse como »una brisa» que hace que las canciones y las palabras se dispersen en el viento.

–¿Qué transformaciones sufrió la industria de la música?

–Antes, una banda vivía de lo que hacía y hoy todo se consigue en internet. Yo mismo busco cosas en internet. Y después, hablando de las discográficas… todo lo que hacen es desastroso. Prendés la radio y te das cuenta de todo. La forma en la que se difunde, la producción, el contenido, todo está mal, todo es de cotillón. Da la sensación de que nada de lo que ofrecen tiene profundidad, ¿verdad?

–¿Qué distingue al buen productor?

–Tiene que tener cabeza. Los intermediarios de hoy se quieren quedar con todo. Son maliciosos y minan el gusto de la gente. Tienes el ejemplo de Pop Art, ese señor Roberto Costa, debería orientar a los músicos en vez de tenerlos a todos sueltos sin sentido. ¡Nunca leyeron un libro! ¿Quién puede crear algo digno sin entender nada de lo que pasa alrededor?

–¿Sigue buscando talentos?

–Tienes que estar las 24 horas conmigo para darte cuenta lo que es mi vida. La creatividad es una capacidad que no se acaba nunca. Yo escucho muchas cosas. Hay unos chicos que se llaman Iwanido que tienen esa actitud particular. A mí me interesan los que se distinguen. Hay mucha gente que es igual a mucha gente, parecen un calco. A mí me gustan los que son diferentes.Mandioca, la madre de los chicos»Nosotros vivimos en un país muy especial, para bien y para mal. Aquí todo se entremezcla, no se pueden hacer cosas aisladas, nunca se pudo. La emoción, la sensibilidad, la política, el compromiso, todo va de la mano si no eres un mediocre», asegura Jorge Álvarez. Siguiendo esta línea de pensamiento, Aníbal Esmoris lo contactó para registrar la historia de Mandioca. Esmoris le dijo que quería contar la historia del rock nacional para contar la historia del país. Y también, por qué no, quería homenajearlo. »Para mí lo más conmovedor fue entender que esa gran fábrica de novedades que fue el sello creado por Álvarez era una usina creativa en donde el motor era la libertad», dice Esmoris, quien no deja de señalar que en los ’60 »había que tener cojones para hacer rock».

–¿Qué lecturas busca resignificar con este documental?

–El rock puso su vida para poder cambiar la estructura de pensamiento de este país. Nuestros primeros rockeros fueron un importante frente de resistencia. Ellos resistieron con la palabra sabiendo que eran carne de cañón de la policía.

–¿Y después?

–Con el tiempo, el rock fue tomado por los grandes negocios y ahí fue cuando perdió el espíritu contracultural que tenía. Estamos alejados de los tiempos de Mandioca. Antes el rock era la cultura, hoy el rock es entretenimiento como lo era en la época del Club del Clan.

La serie compuesta por ocho capítulos de media hora fue la ganadora del concurso »Series de documental para productoras con antecedentes» del Plan Operativo de Promoción y Fomento de Contenidos Audiovisuales (Popfcad) impulsado por el Consejo Asesor del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre (Satd-t) y el Incaa.

Los domingos 30 de septiembre y 7 de octubre se proyecta en la Casa del Bicentenario.

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