Es sabido como la vitivinicultura representa a la actividad económica más importante de nuestra provincia, y de ellos se desprende el número de bodegas distribuidas por todos los departamentos de la provincia (con la notable excepción de Malargüe). Desde pequeños emprendimientos boutique y familiares hasta enormes bodegas pertenecientes a grandes conglomerados multinacionales.

Los departamentos de Maipú, Luján y San Rafael son aquellos en donde esta actividad está más desarrollada, aunque en los últimos años viene dándose un proceso de gran crecimiento de la actividad vitivinícola en el Valle de Uco.

El tema que nos ocupa hoy es el de la vitivinicultura orgánica. Con el surgimiento del organismo ARGENCERT en 1991, en nuestro país nació la posibilidad de que distintos emprendimientos agropecuarios fueran verificados y certificados como orgánicamente responsables posteriormente, en base a estándares internacionales.

Así es como, en nuestro país, la agricultura orgánica goza de muy buena salud en la actualidad. Al ser la Argentina un país con enormes cantidades de terreno cultivado, si bien tiene millones de hectáreas dedicadas a cultivos transgénicos, también es EL SEGUNDO PAÍS del mundo con mayor superficie destinada a cultivos orgánicos (únicamente por detrás de Australia).

A nivel mundial, existe una fuerte tendencia a que las prácticas agrícolas sean cada vez más sustentables y respetuosas con el medio ambiente. Para esto es que la certificación orgánica en estos cultivos se va tornando cada vez más importante: por un lado existe el componente medioambiental (cuidado de los recursos y del planeta), y económico (tendencias crecientes de importación de productos con certificación ecológica).

Dentro de nuestra provincia, estas tendencias impactan evidentemente sobre la industria vitivinícola que, como dijimos, es la más importante de Mendoza. Desde hace algunos años se han ido multiplicando los emprendimientos que producen vinos orgánicos. Algunos ejemplos que podemos nombrar son Domaine Bousquet en Tupungato (uno de los principales exportadores de vino ecológico del país), Vinecol en La Paz, Andalhue, Caligiore y Krontiras en Luján, Alto Salvador en San Martín y Dinamia en San Rafael, aunque existen muchos más.

El creciente número de emprendimientos que se preocupan por prácticas cada vez más respetuosas con el medio ambiente no puede más que ser una excelente noticia, sobre todo en un marco monetarista global en el cual muchas veces se prioriza el aspecto productivo – económico sin considerar las muchas veces desastrosas consecuencias para el entorno.

Pero entonces, ¿qué entendemos por agricultura ecológica? Si bien se hablan mucho del tema, mucha gente lee y escucha habitualmente las palabras “orgánico” o “ecológico” (que en los términos de este estudio son sinónimos) sin saber mucho de qué se trata.

La Ley 25.127, promulgada en septiembre de 1999, establece lo siguiente: “Se entiende por ecológico, biológico u orgánico a todo sistema de producción agropecuario, su correspondiente agroindustria, como así también a los sistemas de recolección, captura y caza, sustentables en el tiempo y que mediante el manejo racional de los recursos naturales y evitando el uso de los productos de síntesis química y otros de efecto tóxico real o potencial para la salud humana, brinde productos sanos, mantenga o incremente la fertilidad de los suelos y la diversidad biológica, conserve los recursos hídricos y presente o intensifique los ciclos biológicos del suelo para suministrar los nutrientes destinados a la vida vegetal y animal, proporcionando a los sistemas naturales, cultivos vegetales y al ganado condiciones tales que les permitan expresar las características básicas de su comportamiento innato, cubriendo las necesidades fisiológicas y ecológicas”.

Es decir, que se trata de las prácticas agropecuarias que se sirven de medios naturales (en contraposición a los químicos o sintéticos) durante todas las etapas del proceso productivo, realzando el aspecto del cuidado de la salud tanto del planeta como de los consumidores de los productos en cuestión.

Desde este espacio celebramos entonces la existencia de un número cada vez mayor de emprendimientos que tomen al respeto del medio ambiente como una verdadera máxima, para cuidar el suelo, sus especies y a sus habitantes, los consumidores últimos de los productos de este suelo.

Fuente: Quique Fontán Balestra para MASSNEGOCIOS

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