¿Un vino ícono a $220?: una bodega realizó un ”blend de enólogos” y lo hizo

”De la sobreextracción, la sobremaduración y la sobremaderización, pasamos a dar un giro de 180 grados. Ahora se busca todo lo contrario: uvas cosechadas verdes, nada de madera… Este vino que estamos presentando está justamente en el medio de esas ideas. Es un vino con paso por roble, pero la madera no tapa la fruta”.

Con esta precisión, el reconocido enólogo Ángel Mendoza resumió el espíritu de Los Helechos, el nuevo vino de alta gama de Estancia Mendoza y que llega para cubrir un lugar que, hasta el momento, estaba vacante: el ”trono” del ícono.

De este modo, con un precio sugerido de $220, la bodega -que forma parte del grupo FeCoViTa- está avanzando en la premiumización de su portfolio, dado que hasta el momento su tope de gama era la línea Roble, que tiene un valor de mercado de $80.

Con esta propuesta de edición limitada -apenas se elaboraron 35.000 botellas-, la bodega está lanzándose a un interesante desafío: sin dudas, no le está hablando directamente a su consumidor tradicional, el que sostiene el proyecto, que está motorizado por la línea de bivarietales, que se comercializan en los súper a $35 y le permiten vender unas 2 millones de botellas mensuales.

Con Los Helechos, Estancia Mendoza se abre a otro mundo de consumidores, enfrentando también a otros competidores, por cierto, avezados y con mucha chapa a la hora de generar demanda en la alta gama.

Pero, como explicó el jefe de enólogos del proyecto, Juan Arizu, una de las fortalezas de la bodega es que, en cada segmento y en cada línea, siempre busca ofrecer un plus. Y Los Helechos, cumple con esa premisa.

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En momentos en el que muchas bodegas se han subido a una carrera por lanzar vinos cada vez más costosos -rememorando un poco el pequeño boom de íconos que tuviera lugar luego de la crisis de 2001, que posibilitó que nuevos productores salieran al mercado y hasta a competir por un lugar en las góndolas internacionales- se observa cierto acto de nobleza por parte de Estancia Mendoza en el hecho de alumbrar un ejemplar de altísima calidad, con un buen trabajo y una buena historia por detrás, y a un precio razonablemente competitivo.

Tres enólogos, tres terroirs
Lo interesante, como lo definió el propio Ángel Mendoza, es que este vino es el resultado de un ”blend de enólogos”. Bajo este precepto, Arizu, Mendoza y Mariano Cignoli, junto a un equipo de ingenieros agrónomos, detectaron y seleccionaron buenos viñedos de tres terruños específicos del Valle de Uco: El Peral, Gualtallary y La Consulta.

Cada uno de ellos lo elaboró por separado, pero siguiendo un protocolo: maceración prefermentativa y fermentación tradicional, para luego realizar el assamblage definitivo, que permaneció unos 14 meses en barricas de roble francés.

”No creemos en los enólogos estrella. Detrás de este vino hay todo un equipo de trabajadores”, lanzó Arizu, durante la presentación ante la prensa especializada.

En tanto, Ángel Mendoza hizo referencia al interesante trabajo de intentar ”blendear” las ideas de tres enólogos en una botella: ”En el mundo del vino, uno más uno no da dos. Con suerte da cinco o diez. La tarea del assamblage no es para contadores”.

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¿El resultado? Los Helechos, en su primer cosecha que es la 2012, ofrece una nariz perfumada, equilibrada y de manual a la hora de definir lo que es un Malbec de Uco: hay fruta roja y negra bien maduras, toques especiados, un sutil mentolado y aromas propios de su crianza, que va de la vainilla a la nuez moscada. En boca ataca dulzón, con taninos prolijos y pulidos, pero con buen cuerpo y músculo y esa sucrosidad tan típicia de la variedad. El final es bien delicado, con sutiles recuerdos de la barrica y de esa fruta tan saludable.

En definitiva, es un vino que no decepcionará a los puristas y que gustará también a los paladares recién iniciados. Su equilibrio, su amabilidad en el paladar y su levísimo y apenas perceptible dulzor, lo vuelve un vino que se amoldará sin dificultades a los distintos paladares.

A la hora de explicar por qué este ejemplar fue bautizado con el nombre Los Helechos, Ángel Mendoza -que siempre tiene una historia a mano para compartir-, detalló que en tiempos en que dominaban esas tierras, los Huarpes solían colgarse helechos como una manera de atraer a la buena fortuna.

”Por eso -prosiguió el enólogo-, esta etiqueta en la que la hoja de helecho parece colgar como si fuera un diamante”.

Sin pretender revolucionar el mercado, ni torcer el rumbo de la historia vitivinícola, la bodega presentó un producto noble, de buena relación calidad-precio y, aunque a Ángel Mendoza no le guste mezclar las ciencias exactas con el mundo del vino, es en definitiva un ejemplar matemática y emocionalmente lógico.

Fuente: IProfesional

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