Berrout es enólogo de Petrus, la marca de uno de los vinos franceses más famosos y caros del mundo, y que desde hace dos años es el asesor externo de una bodega argentina en Mendoza.

”Para mí el vino argentino, la originalidad que tiene es la capacidad de ser un mensajero, de un suelo, de un clima, de una cultura. Y entonces es importante que pueda narrar su historia, y al mismo tiempo poder expresar una impronta cultural”, dijo el especiliata en diálogo con Télam.

El gran posicionamiento del vino argentino en los principales mercados internacionales con el Malbec a la cabeza como un varietal distintivo de nuestro país, contó con el aval de los grandes `gurúes` internacionales del vino.

En ese sentido, los `winemakers` más famosos del mundo como el francés Michel Rolland a la cabeza, el italiano Alberto Antonini, o el norteamericano Paul Hobbs, vinieron a tierras mendocinas a producir sus propios vinos, o a asesorar a otros, y en ese contexto la llegada de Berrouet es importante porque demuestra que el reconocimiento hacia la vitivinicultura argentina no es una cuestión de moda.

Berrouet, luego de 44 vendimias, dejó en manos de su hijo Olivier el trabajo del día a día en las viñas y bodega de Pomerol, para pasar a desempeñarse como consultor del afamado vino, y así también poder asesorar a otras bodegas en distintos `terroirs` de Francia, en California, en Israel, en China, y en Argentina.

Berrout es enólogo de Petrus, la marca de uno de los vinos franceses más famosos y caros del mundo Para dimensionar lo que significa Petrus, en la firna londinense Antique Wine Company, dedicada a comercializar en remates vinos de colección, un millonario chino pagó 69.880 dólares por una caja de Château Petrus cosecha 1982.

Sobre su experiencia en nuestro país, Berrouet dijo que el actual ”es el segundo año que estamos con este proyecto en la Argentina, con la Bodega Tapiz. En la vida hay que ser curioso y hay que enriquecerse interiormente. Tengo la impresión de satisfacer mi curiosidad viajando, adquirir otro desafío técnico, y para mi eso es enriquecedor”.

”Yo aporto mi experiencia, y si este conocimiento se adapta con el trabajo que hice para Petrus y poder ensablarlo en este trabajo que estoy haciendo para Tapiz, ese es el desafío”, expresó.

”Argentina, en materia de vinos, tiene una diversidad tan grande y diferente en todos los lugares a donde voy. No voy a decir que hay vinos buenos y otros malos, sino que hay algunos que me gustan más y otros que me gustan menos. Los vinos que a mí me gustan son los que los tomo fácilmente. Esos son los que me aportan placer”, explicó.

Berrouet en nuestro país trabaja sobre siete fincas con viñedos ubicados a diferentes altitudes, que van desde los 920 hasta los 1.400 metros sobre el nivel del mar, en lugares muy diferentes y variados como Maipú, Luján de Cuyo (Agrelo y Alto Agrelo); en Valle de Uco, en San Pablo y La Arboleda; en Vista Flores (Tunuyán), todas en Mendoza; y una en Yacochuya, en Cafayat, Salta.

”Para hacer un buen vino no se lo hace con una varita mágica. No soy yo solo el que hago el vino, sino que tenemos en Argentina un muy buen equipo técnico local, donde requerimos una mirada exterior crítica, una línea de conducta y una filosofía”, describió su tarea.

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