Enrique IV (Parte 2), por William Shakespeare

Falstaff es el ejemplo de bebedor feliz de la vida. Aquí, rinde homenaje al ”saco”, un vino blanco fuerte, importado de España y el antepasado del siglo 16 del Jerez.

”Un buen jerez produce un doble efecto: se te sube a la cabeza y te seca todos los humores estúpidos, torpes y espesos que la ocupan, volviéndola aguda, despierta, inventiva, y llenándola de imágenes vivas, ardientes, deleitosas, que, llevadas a la voz, a la lengua (que les da vida), se vuelven felices ocurrencias.”

La rebelión de Atlas, por Ayn Rand

En su lucha por preservar los logros individuales y la libertad, Dagny Taggart (vicepresidente del ferrocarril) y Hank Reardon (un magnate del acero) se convierten en amantes. Para Reardon, artífice de su propio destino, el vino caro significa su propio éxito.

”[Reardon] contempló la dulce penumbra que los envolvía y el brillo de las dos copas de vino colocadas en la mesa.

—Dagny, en mi juventud, cuando trabajaba en las minas de Minnesota, siempre pensé en una noche como ésta. No es que estuviera trabajando precisamente para ello o que lo deseara con frecuencia, pero de vez en cuando, en una noche de invierno, cuando las estrellas se apagaban y el frío era intenso, cuando me sentía cansado por haber trabajado durante dos turnos y no deseaba nada, excepto tenderme y dormirme allí mismo, en el borde de la mina, pensaba que algún día podría sentarme en un lugar como éste, donde un vaso de vino costaría más que un jornal de trabajo. Pero yo habría ganado ya el precio de cada minuto del mismo y de cada gota de licor y de cada flor colocada en la mesa, y podría sentarme aquí sin más propósito que mi diversión.”

Anna Karenina, por León Tolstoi

En la literatura, a menudo la intoxicación sirve como metáfora de enamoramiento. En este pasaje, Kitty (Ekaterina) -una princesa rusa-, es testigo del primer encuentro de Anna Karenina, una mujer casada, con el conde Vronsky, quien se convierte en su amante.

”Ana estaba embriagada del vino del entusiasmo; Kitty lo veía en el fuego que, al bailar, se encendía en sus ojos, en su sonrisa feliz y alegre, que rasgaba ligeramente su boca, en la gracia, la seguridad y la ligereza de sus movimientos.

–«¿Por qué estará así?», se preguntaba Kitty. «¿Por la admiración general que despierta o por la de uno sólo?» (…) «No; Ana no está embriagada por la admiración general, sino por la de un hombre.”

París era una fiesta, por Ernest Hemingway

La ”generación perdida” de los expatriados americanos en París filosofaban con frecuencia sobre el vino en cafés y salones. En esta memoria, Hemingway relata sus experiencias y encuentros con F. Scott Fitzgerald, Gertrude Stein y otros.

”En Europa tomábamos el vino como cosa tan sana y normal como la comida, y además como un gran dispensador de alegría y bienestar y felicidad. Beber vino no era un esnobismo ni signo de distinción ni un culto; era tan natural como comer, e igualmente necesario para mí, y nunca se me hubiera ocurrido pasar una comida sin beber vino o sidra o cerveza. Me gustaban todos los vinos salvo los dulces o dulzones y los demasiado pesados.”

Jeeves se hace cargo, por P.G. Wodehouse

En su primer encuentro, Jeeves –el asistente personal- atiende la resaca de su nuevo empleador, Bertie Wooster.

”Si bebe esto, señor” [Jeeves] dijo, como si tratara a un paciente, más parecido al médico real vaciando el tónico en el príncipe enfermo. ”Es una pequeña preparación de mi propia invención. La salsa Worcester le da el color. El huevo crudo aporta nutrientes. El pimiento rojo le da su sabor. Caballeros me han comentado que lo encuentran extremadamente vigorizante después de una noche larga…”. Tragué la poción. Por un momento sentí como si alguien hubiera colocado una bomba dentro mío, bajaba lentamente por mi garganta como una antorcha encendida, y luego, de repente, todo estuvo bien.”

Sabor, por Roald Dahl

Mejor conocido por sus libros infantiles como Charlie y la fábrica de chocolate, Dahl también escribió cuentos perversamente ingeniosos para adultos. ”Sabor” gira en torno a una apuesta entre dos conocedores de vino, que buscan identificar una misteriosa botella de vino –y da un puntazo al esnobismo del vino.

”Richard Pratt era un famoso gourmet…. Él organizaba cenas donde se servían platos suntuosos y vinos exclusivos. Se negaba a fumar por miedo a dañar su paladar, y cuando se discutía sobre un vino, tenía el curioso, más bien gracioso hábito de referirse al vino como si fuera un ser vivo. ”Un vino prudente”, decía, ”algo reticente y evasivo, pero bastante prudente.” O, ”un vino de buen humor, benevolente y alegre- aunque apenas obsceno, quizás, pero sin dejar de tener buen humor.”

Ulises, por James Joyce

En esta novela de James Joyce, decir ”sí” al vino significa decir ”sí” a la vida. Para el protagonista de la obra, Leopold Bloom, el sabor del vino revive la memoria apasionada en uno de los pasajes más eróticamente sugestivos de la literatura (el libro fue prohibido en los EE.UU. entre 1921 y 1933).

”Vino chispeante se rezagaba en el paladar tragado. Estrujando en el trujal las uvas de Borgoña. Es por el calor del sol. Es como si una mano secreta me señalara viejos recuerdos. Sus sentidos recordaron humedecidos. Escondidos bajo helechos silvestres en Howth, allá abajo la bahía adormecida: cielo. Ni un ruido. El cielo. (…) ¡Oh maravilla! Fresc,a suave de ungüentos, su mano me tocó, acarició: sus ojos fijos en mí no se desviaron. Embelesado sobre ella yací, labios carnosos bien abiertos, besé su boca. Mmn. (…) Ella me besó. Fui besado. Cediendo toda me encrespó el cabello. Besada, me besó.”

Muchos escritores latinoamericanos también han dedicado sus letras vino, como Jorge Luis Borges con su ”Soneto del vino” y Pablo Neruda y la grandiosa ”Oda al vino”.

Fuente: The Wine Enthusiast

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