Hace poco más de una década, los hermanos compraron una finca, emplazada en una zona clásica y con mucha historia pero que está siendo redescubierta por la industria vitivinícola. Cinco vinos para entender las particularidades de este gran terruño mendocino

En momentos en que la vitivinicultura viene expandiendo fronteras y buscando nuevos terroirs, enólogos curiosos también están poniéndole cada vez más foco a una zona histórica de Mendoza pero que está en una suerte de proceso de redescubrimiento.

Se trata de Las Compuertas, un área que está al oeste de Luján de Cuyo, limitando con Vistalba y Perdriel y que ofrece una de las mejores vistas a la montaña cerca de la ciudad.

 Y, lo más importante, es una zona que desde hace rato viene alumbrando vinos elegantes, de excelente complejidad suave madurez.

Es una zona que, en su momento, captó la atención de Pierre Lurton cuando decidió darle vida al proyecto Cheval des Andes. Y que, más cerca en el tiempo, atrajo a enólogos talentosos, como Alejandro Sejanovich o Matías Ricittelli.

Y también, es el hogar de una de las grandes apuestas de los hermanos Héctor y Pablo Durigutti, quienes en 2005 comenzaron adquiriendo parcelas de una finca hasta totalizar unas 35 hectáreas y que tienen la particularidad de albergar viñedos centenarios, que son verdaderos patrimonios de la industria.

“Es una zona excelente, pero en los últimos años veíamos que los barrios privados avanzaban más y más. Por eso sentíamos que teníamos la obligación de cuidar estos viñedos viejos, para que no pase lo mismo que pasó en Chacras de Coria”, plantea Pablo, en diálogo con Vinos & Bodegas. 

“O comprábamos nosotros o la finca se convertía en un nuevo barrio privado“, agrega.

Esta idea, lejos de quedar en un enunciado, se convirtió en una filosofía de vida para los hermanos: “Teníamos mucho conocimiento de los suelos y las uvas y no queríamos solo producir vinos. También sentíamos que era importante vivir ahí, interpretando la cultura de la gente que trabaja en la zona, para revalorizarla”.

Antes de mostrar los vinos, hablar de precios, de cantidad de botellas y de descriptores, Pablo se toma un largo tiempo para reflexionar sobre lo clave que resulta preservar un terroir del avance de las topadoras y el peso del cemento.

“Estamos buscando otra cosa más que un simple negocio. Considero que estamos haciendo un trabajo social para revalorizar la zona y también a los productores que tienen fincas allí, para que no terminen vendiendo sus fincas porque no les es rentable”, agrega.

El viñedo que poseen en Las Compuertas tiene un Malbec que data de 1914. Además, cuentan con cuarteles de Cabernet Franc, Petit Verdot y dos rarezas para esta zona del mundo: Cordisco Nero D’Avola. 

Todas estas variedades están plantadas bajo un sistema de alta densidad de hasta 9.200 plantas por hectárea. Además, el método de riego es el tradicional, por inundación. De hecho, el nombre de la zona obedece a que justo allí se encontraban emplazadas las compuertas desde donde se irrigaba el agua.

A continuación, cinco etiquetas que los Durigutti producen en este terruño y que hay que probar:

Proyecto Las Compuertas Criolla Parral 2017 ($250) 


Es una Criolla chica, de un viejo parral, del cual se producen apenas 2.480 botellas por vendimia, en una proporción de una planta por botella.

“Lo llamamos el vino de pueblo. Cuando compramos la propiedad había quedado una hectárea en pie y que la familia la destinaba a hacer los vinos que ellos mismos tomaban. Lo metían en las piletas de cemento y lo mantenían refrigerado con el canal de agua que baja del cerro y que pasaba justo por ahí”, detalla Pablo.

El enólogo agrega que el actual encargado de la finca nació ahí y que hasta el abuelo había estados en esa finca. Por eso este vino tiene un significado especial para el enólogo. 

“Quisimos tratar de reproducir con mucha fidelidad lo que hacían antes. Por eso elaboramos esta Criolla en huevos de cemento, con maceración carbónica y levaduras autóctonas, buscando mucha fruta y buena acidez“, detalla.

Para que la variedad no transmita amargos, en un punto del proceso se descuba para separar la piel del líquido y se termina de elaborar como blanco.

Este ejemplar se destaca por su fruta roja y potente, bien expresiva. Su aromática es simple, directa y penetrante, con muy buena definición. En boca es un vino que llena el paladar, pero no es un ejemplar cargado y jugoso: tiene un paso algo etéreo que lo vuelve súper fluido. Y, si bien está lejos de ser un vino dulce, la fruta roja termina invadiendo la boca. Sedoso y bebible.

Proyecto Las Compuertas Cordisco 2017 ($370) 


Poseen menos de una hectárea de esta variedad originaria de la zona italiana de Abruzzo y que nació como resultado de un proceso de experimentación. “Conocíamos la cepa de trabajar en otras bodegas y siempre terminaba en algún corte. Es un vino que suele entregar buena acidez y mucha fruta“, explica Pablo.

Antes de plantarlo en la finca, realizaron un estudio de suelos para ver cuál era el mejor perfil. Y eligieron la parte más pedregosa. Allí, trabajaron de forma muy orgánica, sin agregado de nutrientes. El vino se elaboró en concreto, donde permaneció cerca de nueve meses antes de ir a botella.

“Es un vino con su estructura pero que tiene equilibrio, además de una muy buena acidez”, reflexiona el enólogo.

Se trata de un vino con un color atrapante, que tiende al rojo granate brillante. Su paleta es expresiva y elegante. Hay fruta roja delicada y sutil y una pátina que recuerda al orégano o por qué no, al romero fresco. En boca se luce con su rica textura, con taninos suaves pero algo rugosos. Está a años luz de ser un vino concentrado. Tiene cierta ligereza y un andar suelto. Posee bajo alcohol, paso seco y un recuerdo a frutas que permanece durante un largo rato. Un vino ideal para quien busque un ejemplar sutil.

Las Compuertas Malbec 5 Suelos 2016 ($395) 


Las Compuertas es una zona muy rica en cuanto a perfiles de suelos, donde pueden encontrarse suelos más fríos, como la arcilla, hasta los opuestos, como piedra, limo o canto rodado. Y la idea de este vino fue, justamente, ensamblar cada uno de los diferentes componentes.

“El Malbec de Las Compuertas es, por sobre todas las cosas, muy elegante, posiblemente sin mucha concentración de color, pero sí elegante y con gran acidez natural”.

Cada componente se elaboró por separado en huevos de concreto y luego reposó en grandes barricas de tercer y cuarto uso. El resultado es un vino que entrega fruta roja de sana madurez y toques de hierbas, como romero y tomillo. La madera es muy sutil y suma algún dejo lejano a cacao. En boca avanza por el centro del paladar, con taninos apenas rugosos que dejan una agradable textura y, sobre todo, un pulso de equilibrada frescura. Vino que muestra el costado más fresco de Luján de Cuyo.

En paralelo, y también a partir del viñedo de Las Compuertas, Pablo elabora una línea de vinos mucho más personal: Carmela, que se ubican en un segmento de precios más elevado.

Carmela Gran Reserva Malbec 2013 ($1.030) 


Según detalla Pablo, “la arcilla es el suelo al que los enólogos le suelen escapar”. En parte porque son más fríos, no tienen buena carga de nutrientes, son bien compactos y requieren de un ciclo de maduración más largo.

Por eso implicó un desafío. Sin embargo, “cuando lo elaboramos, vimos que era uno de los vinos con más potencial“, asegura.

A partir de viñedos de 1942 y de una selección minuciosa de hileras, en función del suelo, Durigutti elabora este vino que une dos conceptos que pueden llevarse muy bien entre sí: elegancia y frescura. Ofrece una rica fruta roja, con un dejo a especias sutiles. Pablo habla de la presencia de grafito en nariz. Posiblemente eso explique sus capas de aromas y su profundidad. En boca es un vino con paso amplio y recorrido largo, con taninos que son 100% amables, aunque tiene mucha personalidad y una acidez constante, la cual no se despega ni se vuelve estridente pero con el potencial suficiente como para refrescar de punta a punta el paladar.

Carmela Guarda Malbec 2012 ($1.584) 


Proveniente de la parte más pedregosa de la finca, este vino -que registra paso por cemento y fudres de primer uso- también apunta a la elegancia y no a la sobreconcentración, pese a que, según detalla Pablo, la relación en esta etiqueta es de tres plantas por botella, a partir de viñedos de más de 100 años.

Lo interesante es que no cae en las obviedades en las que suelen entrar algunos ejemplares tope de gama. Hay fruta roja pero sutil, complementada por un trazo herbal sugerente, posiblemente por el trabajo con raspón que se hace durante la elaboración. Complementa un toque de especias y cierra con un dejo a cacao. Al paladar se presenta bien amplio, de paladar pleno, con una acidez natural que lo atraviesa. La madera siempre está integrada y nunca tapa la materia prima, que muestra su justa madurez.

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