La añada que actualmente está en el mercado es la 2014 y está conformada por un 54% de Malbec y el resto está repartido en orden decreciente por Merlot, Cabernet Sauvignon, Syrah, Cabernet Franc y Petit Verdot.

El enólogo Michel Rolland acaba de producir por primera vez un millón de botellas de Clos de los Siete, el vino que comenzó a elaborar hace 15 años en Vista Flores, Tunuyán.

En el año 2002 tuvo lugar la primera añada, fruto de la colaboración de cuatro de las bodegas que están emplazadas dentro del emprendimiento: Rolland Wines, Monteviejo, DiamAndes y Cuvelier los Andes.

“Es un vino que tiene mucha reputación, que se vende tanto en la Argentina como en el mundo. Realmente es un proyecto fuerte, porque la marca es fuerte. Con honestidad, en el pasado pocos creían que íbamos a llegar a lo que es hoy”, apuntó Rolland.

“Podría haber optado por armar el proyecto solo. Pero no sería lo que es hoy. Lo bueno de haber invitado a otros bodegueros a sumarse es que cada uno tiene su estilo propio y esto se plasma en el blend final”, explicó el winemaker.

“Las bodegas están muy cerca unas de otras, pero en apenas unos metros de superficie, el suelo cambia y entonces cambian los vinos. También, cada bodega tiene su equipo de enología, que ofrece su propia interpretación del terruño. Esto es lo bueno de Clos de Los Siete. Estoy seguro de que no hay un proyecto así en el mundo”, agregó.

Cabe destacar que las cuatro bodegas aportan cerca del 50% de su producción para elaborar esta etiqueta, pero es el propio Rolland el que se encarga de realizar el blend final.

Con respecto a la logística implementada para poder producir Clos de los Siete, el predio no cuenta con una bodega independiente para ofrecer capacidad a esa cantidad de litros. Por eso, cada una de las cuatro bodegas realiza un “pre blend” y luego entrega una parte a los demás establecimientos que, a su vez, también hacen lo mismo. Así es como en cada planta se termina realizando el mismo corte final, supervisado por Rolland.

En cuanto al vino, el enólogo destacó que la premisa siempre fue mantener un “corazón” de Malbec, que puede variar entre un 50% y un 60%.

La añada que actualmente está en el mercado es la 2014 y está conformada por un 54% de Malbec y el resto está repartido en orden decreciente por Merlot, Cabernet Sauvignon, Syrah, Cabernet Franc y Petit Verdot.

“Siempre el objetivo fue tratar de hacer un vino agradable, un vino para tomar, que ofrezca placer rápidamente, que tenga fruta y tenga su frescura”, sostuvo, dejando en claro el desafío que significó haber logrado un estilo y una consistencia a lo largo de las diferentes vendimias cuando se habla de una producción de 1 millón de botellas.

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