Los uruguayos ya consumen casi 40% más de vino en promedio que los argentinos

Mientras que en el país vecino el consumo per cápita se acerca a los 28 litros, en la Argentina descendió hasta los 20,3 litros, su mínimo histórico

La Argentina es un país conocido internacionalmente por el fútbol, el tango, la carne y el vino.

Y si bien la Argentina está dentro del top 10 entre los máximos productores a nivel mundia, la realidad es que la bebida nacional no ha parado de perder terreno en la mesa de cada día.

Un informe de la División Vinos del Banco Supervielle, en base a datos anualizados hasta el mes de mayo, detalla que mientras que hace una década en el país se bebían más de 28 litros per cápita, en la actualidad este nivel se desplomó hasta los 20,3 litros.

“Entre 2006 y 2009 nuestro consumo era parecido al que hoy tienen algunos países europeos de estándares relativamente elevados, pero luego pasamos a promedios que son propios de países nuevos, que están aún en etapa de expansión”, indica el asesor Javier Merino.

Así, mientras que en la Argentina este indicador se contrajo un 27% en poco más de una década, otros mercados que también producen pero no están tan fuertemente identificados con la industria vitinícola, como es el caso de Uruguay, experimentaron un movimiento en sentido contrario, a punto tal que el consumo per cápita en el país vecino ya se acerca a los 28 litros en promedio, es decir, un 37% más que en el mercado doméstico.

Se vende menos

Esto, lógicamente, se tradujo en un menor nivel de ventas en el mercado doméstico: en 2007, por ejemplo, las bodegas habían despachado al mercado local un total de 124,3 millones de cajas de 12 botellas cada una, lo que arrojó un total de 1.491 millones de botellas comercializadas.

Tomando los datos anualizados hasta el mes de mayo, según consigna el informe del Banco Supervielle, se comercializaron apenas 97,9 millones de cajas, es decir, unas 1.174 millones de botellas.

¿Qué implicó esto?

Que en poco más de diez años se “evaporaron” unas 317 millones de botellas.

Merino detalló que en 2007, “la economía argentina todavía crecía y se había estabilizado la caída estructural del consumo. Pero luego llegó el efecto de la crisis internacional, cayó el PBI argentino e impactó sobre los ingresos de los consumidores”, provocando una paulatina y continua caída de la demanda doméstica de vinos, con el agravante –alertó el experto- de que “es poco probable que se retorne a los volúmenes que se consumían en la última década”.

Esto, a su vez, está teniendo impacto en el primer eslabón de la cadena: según el informe de la entidad, una hectárea de viñedos permite elaborar unas 800 cajas de vino.

Esto significa que, en los últimos años, como consecuencia del menor consumo, el mercado interno dejó de demandar la producción que generan unas 20.000 hectáreas.

Punto a favor: no es el mismo vino

Desde el Banco Supervielle destacaron que, si bien hubo una fuerte caída en los volúmenes, mejoró sustancialmente la calidad.

“Detrás de esos 20 litros que hoy se consumen por año han habido cambios notables”, explicaron.

Y uno de los más notorios fue el de la premiumización: en 2003, cuando el consumo per cápita en Argentina superaba los 30 litros anuales, se demandaban mayoritariamente vinos básicos.

En efecto: cada 0,44 litros que las bodegas despachaban en botella, 1 litro llegaba en envases tetrabrik o damajuanas.

Luego de una década, hacia el 2014, esa relación se invirtió, en línea con un fenómeno que también se observó alrededor del mundo.

El problema es que, a partir de ese año, ambas categorías comenzaron a caer.

El informe de la entidad indagó acerca de por qué bajó tanto el consumo de vinos en general. Y, más allá de la clásica rivalidad con la cerveza, Merino fue más allá y relacionó la baja de la demanda con las sucesivas crisis económicas.

“Existe una estrecha relación entre la generación de riqueza del país y el consumo de bebidas: ambas evolucionan en forma similar”, señaló.

El experto afirmó que es notable que en las dos grandes crisis de los últimos 20 años, la caída del PBI per cápita provocó una caída del consumo”.

“La evidencia indica que tres cuartas partes de la evolución del consumo está explicada por la evolución del producto bruto. El resto parece estar relacionado a nuevos hábitos de consumo y variaciones de precios”, concluyó.

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