Las empresas del sector se van despidiendo de tapones con derivados fósiles y apuntan a materias primas de origen vegetal y reciclables

Por costos y consistencia en el manejo del oxígeno –el gran enemigo de los vinos cuando está mal dosificado- la industria vitivinícola fue migrando hacia los tapones sintéticos, especialmente en las categorías de precios bajos y medios.

Sin embargo, en los últimos años, el sector se embarcó en un nuevo cambio: ahora, lo que prima es la búsqueda de productos más amigables con el medioambiente pero que sigan garantizando eficiencia a la hora de tapar una botella.

El año pasado, de hecho, bodegas de Argentina utilizaron cerca de 130 millones de tapones ecológicos, derivados de la caña de azúcar, para embotellar sus vinos.

Andrés Belinsky, CEO de Vinventions Sudamérica explicó que Nomacorc, una de las empresas que conforman el grupo “era líder en tapones sintéticos de origen fósil. Pero ahora estamos finalizando un proceso de conversión integral a materia prima de origen vegetal“.

En paralelo, vienen de presentar en el mercado su línea SÜBR, que está dentro del porftolio de Ohlinger, otra de las marcas de la compañía.

Según el directivo, este tapón microaglomerado contiene partículas de corcho natural pero con un aglomerante que no es un pegamento de poliuretano, como los que el resto de la industria utiliza en la actualidad.

“Los pegamentos tradicionales son de origen fósil y contiene compuestos potencialmente tóxicos, como el tolueno. En cambio, este tapón que desarrollamos utiliza un polímero derivado del azúcar de la remolacha“, apuntó.

Entre las ventajas, Belinsky mencionó que es fácilmente reciclablebiodegradable y garantiza un nivel de TCA “no detectable”. Este es un aspecto importante, porque el TCA (que le confiere al vino un olor desagradable semejante a un trapo húmedo) es uno de los defectos más comunes de la industria.

Según el experto, la innovación de este tipo de tapones está en su aglutinante, que es derivado de la remolacha. 

“Este mismo producto se usa en otros packagings de alimentos y cumple con todas las normas exigidas para productos que estén en contacto con  alimentos y bebidas. El desafío radicó en poder usar esta materia prima como aglomerante de los gránulos de corcho y procesarlos con el método de extrusión”, detalló.

En cuanto a su potencial en la industria vitivinícola nacional, Belinsky afirmó que “en un plan a cinco años estamos apuntando a un 5% de un volumen que estimamos en la Argentina de 1.000 millones de botellas tapadas“.

En este sentido, afirmó que es un tapón que tendrá, especialmente, buena demanda para vinos argentinos que se exporten a mercados donde buscan productos cada vez más sustentables.

“En naciones con mayor desarrollo y preocupación por el impacto medio ambiental, como los países nórdicos, estos cierres resultan de gran interés y son muy valorados“, sostuvo.

“Además, en EuropaEstados Unidos Canadá, el consumidor millennial, ante dos opciones de productos que encuentra en la góndola y al mismo precio, prefiere el que tenga características sustentables“, concluyó.

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