El peso del vino argentino

”Si se compara la vitivinicultura con algunos de los sectores más representativos del grupo conformado por las manufacturas de origen agropecuario, la tasa de crecimiento promedio anual de las exportaciones vitivinícolas se encuentra entre las más altas”. Así comienza uno de los capítulos del estudio del impacto del vino sobre la economía argentina llevado a cabo por el Fondo Vitivinícola Mendoza y la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Cuyo. Tal como demuestra el profundo estudio, la vitivinicultura argentina contribuye significativamente a la economía nacional en términos de valor de la producción, valor agregado y empleo. Dicho impacto va más allá de sus efectos directos debido a la fuerte interrelación que tiene con otros sectores productivos y de servicios, como el turismo, las ventas minoristas en bares y en restaurantes, así como con toda la gama de proveedores para los subsectores vitícolas y vinícolas.
La vitivinicultura contribuyó en 2010 con más de seis mil millones de pesos ($6.322.654.070) a la generación de valor agregado de la Argentina, monto que –si se tienen en cuenta los litros de vino y jugo de uva elaborados ese año– hace un monto por unidad de producto de 3,25 pesos. Amén de la demanda de mano de obra e insumos que requirió la producción local de vinos, es importante destacar el aporte del turismo vitivinícola. Este, además de generar beneficios no directamente mesurables, como la contribución a la imagen país o el incremento de ingresos de los servicios relacionados con esta actividad, contribuyó en el año 2010 con 250 millones de pesos ($251.714.063) provenientes de más de un millón (1.091.664) de personas que recorrieron los caminos del vino.
Por otro lado, se pudo dar cuenta de que la vitivinicultura cumple un rol significativo en las economías regionales de Catamarca, La Rioja, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Salta y San Juan, en las que la producción de uva para vino y jugo de uva representó casi 3.700 millones de pesos.

La importancia del plan

La aprobación por ley nacional del Plan Estratégico Argentina Vitivinícola 2020 (PEVI), formulado con una visión ampliamente participativa y en el que intervinieron actores públicos y privados, tuvo como objetivo definir una visión de largo plazo para el sector. Pero, al mismo tiempo, estableció la realización de acciones concretas. Este plan es, sin duda, una experiencia única en la Argentina, y su éxito se basa en el involucramiento real de todos los actores productivos, sociales y políticos de la vitivinicultura nacional. Además, funciona como un marco de referencia para analizar el rumbo de la actividad, fundamental para tomar decisiones.
No obstante, los números absolutos siguen jugando en contra del crecimiento sostenido de la categoría y, por consiguiente, atentan contra el negocio: sólo el 6% del vino embotellado (según datos a 2010) es de más de $21, mientras que en exportación, ese porcentaje rondó el 5%. Por más que ajustemos por inflación, al día de hoy queda en evidencia que todos los esfuerzos de las bodegas por brindar vinos con cada vez mayores ventajas diferenciales siguen siendo disfrutados por pocos.
Aquí sirve el análisis de la copa mitad llena y mitad vacía. La primera visión indicaría que hay mucho para crecer porque no se trata de desprecio, sino de falta de conocimiento por parte del consumidor potencial. Mientras que la segunda sigue alargando las distancias para alcanzar los objetivos fijados. Dicho de otra manera: se puede pensar (no asegurar) que la tendencia del buen vino crecerá porque aún hay muchas personas que no han descubierto todo lo que puede darles una copa de buen vino argentino.
Si bien no están mensurados en el PEVI 2020 (algo casi imposible de estimar), los números en cuanto a hectáreas plantadas, producción de uvas y elaboración de vinos demuestran una madurez y una consistencia difíciles de rebatir. Mientras tanto, el tiempo corre y el propio dinamismo del país hace bailar todas las variables. Pero como ya lo hemos dicho, y los números del informe y del plan lo reflejan, el vino argentino tiene todas las condiciones para enfrentar los desafíos que este 2012 presentará. Por eso, las buenas copas no corren peligro alguno.

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