Ya hemos hablado varias veces de la posibilidad de hackear un avión. Con la llegada de las redes WiFi a estos vehículos, el debate levantaba el vuelo recientemente, de nuevo. Y ahora, Chris Roberts, una de las figuras principales en la polémica, afirma haber sido capaz de colarse en las redes de varios vuelos, observar los dato e, incluso, ser capaz de controlar algunos de sus parámetros. El investigador en seguridad ha sido ya detenido e interrogado, donde no ha dudado en declarar que pudo acceder al sistema sin problemas. Además, si os acordáis, Roberts tiene prohibido viajar en varias aerolíneas debido a sus constantes declaraciones de intención públicas. ¿De verdad ha llegado tan lejos este experto en seguridad?
Cómo hackear un avión

No lo podemos saber con seguridad, aunque así lo ha declarado ante la ley. Según su versión, pudo acceder al sistema a través del SEB, un sistema de acceso para los pasajeros destinado al entretenimiento. De esta manera, según su declaración, fue capaz de introducirse en el sistema y monitorizarlo en tiempo real. Pero no se quedó ahí la cosa. Según el informe, Roberts podría haber sido capaz de reescribir parte del código e introducir algunos cambios en el control que habrían modificado, ligeramente, la trayectoria del avión. Es más, el investigador afirma ser capaz de interactuar con el EICAS, el sistema de aviso que indica si hay algún fallo. La situación fue puesta al descubierto ante los mensajes dispuestos en las redes sociales del propio Roberts, quién no dudó en decir por Twitter que tenía parte del ”Según Roberts, habría sido capaz de reescribir partes del código y controlar componentes del avión”sistema bajo control además de un par de comentarios jocosos al respecto.

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Un aspecto muy interesante es que Roberts afirma que la declaración expuesta, obtenida tras 4 horas de interrogatorio por parte de los federales, parece sacada de contexto. Aunque no ha querido aclarar más, este comentario deja volar mucho a la imaginación. ¿Hasta que punto ha conseguido acceder Roberts al sistema? Es difícil saber si el experto en seguridad realmente ha sido capaz de tener el control del avión, tal y como afirma; pero en ese caso, se pone de manifiesto un problema gravísimo de seguridad. Independientemente de lo criticable de su actuación, o incluso de si es completamente cierto o no, solo la posibilidad de acceder al sistema es un punto negro a revisar en los vuelos. ¿Deberíamos estar preocupados? Lo cierto es que no lo sabemos. Ahora mismo es muy difícil decir si hay verdaderas razones para preocuparnos, o no.

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El debate de Chris Roberts

Ante la noticia numerosos expertos de seguridad y parte de la comunidad ha puesto de manifiesto su repulsa. ”Tanto si ha manipulado el avión como si solo pretendía asustar, es un comportamiento intolerable”, explican. Pero Roberts no opina lo mismo. El investigador no duda en pavonearse y hacer las cosas llamando la atención con la única intención de que le hagan caso en una de sus afirmaciones: hay que reforzar la seguridad en los aviones. Según él, que ha sido consultor para la Agencia del FBI, está harto de advertir a las compañías que sus vuelos son vulnerables. Pero, dice, las aerolíneas no hacen nada al respecto. Así que parece ir, poco a poco, aumentando los niveles de excentricismo con la intención de poner las cartas sobre la mesa ante la opinión pública. Sin embargo, hay quien opina que es solo una manera de llamar la atención y que no es capaz de alcanzar los resultados que afirma conseguir. En cualquier caso, el ”La supuesta intención de este tipo de acciones es concienciar a las aerolíneas”FBI ya le ha prohibido volar en alguna ocasión, además de vigilar sus movimientos muy de cerca.

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La cuestión de si hackear un avión es seguro o no está más allá del cuestionamiento. Es peligroso sin lugar a dudas. Por tanto, parece que el revuelo causado por Roberts es más que justificado. Pero ¿habrá conseguido demostrar algo con su actuación? Otro punto a resaltar es el cómo. No hace falta tener WiFi en un avión para poder hackearlo, suponiendo que Roberts dice la verdad. En ese caso, solo hace falta tener acceso a alguno de los sistemas de entretenimiento del vehículo. Esto no suena nada descabellado, pero sí terriblemente amenazador. Pero el papel de Roberts, así como el de otros investigadores no es el de suponer un peligro, sino todo lo contrario. Gente como él trata de poner de manifiesto una serie de problemas que conciernen a la seguridad civil. Tal vez no sea el método más adecuado de realizarlo pero, y que no sirva de excusa, al menos tratan de hacerlo por el bien común.

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