“Oir”: el juego argentino para aprender música

Único en el mundo en su género. Representará al país en la Competición Internacional de Juegos Educativos.

“De chico yo era tremendamente desafinado. Tanto que a los 11 años me echaron del mediocre coro de la primaria (por desafinado, no por molesto). Al año siguiente, mi tía favorita me llevó a tomar clases de piano. Un mundo se abrió: improvisación, composición, banditas de rock, sintetizadores. La música me dio algo que nunca había tenido, una forma de expresar lo que sentía”, arranca contando Antonio Zimmerman, creador de Oir, el primer videojuego del mundo hecho con el fin de enseñar música.

Permite “imitar melodías con acompañamiento y precisión rítmica. Tiene tres vidas, ayudas visuales, animaciones, cuenta regresiva y power up (potenciadores o poderes especiales)”, explica, quien cuenta cómo aquel episodio que le ocurrió en la primaria le cambió la vida. “Al terminar el secundario me preparé para ingresar en la Facultad de Música. Todavía desafinaba pero ya había adquirido varias herramientas. Con ayuda aprendí a afinar. Nunca fui cantante, pero afino lo suficiente como para haber cantado en el coro del Requiem de Brahms en el Colón hace un par de años”, sigue contando.

“En algún momento me cayó la ficha: quienes me echaron del coro en la primaria no lo hicieron de malvados. Lo hicieron porque no tenían herramientas didácticas”, asegura y ese momento fue el que llevó su rumbo para una industria que le era ajena hasta allí.

“Pasaron dos décadas. Diploma de honor, becas, premios, viajes, estrenos (por ejemplo: una ópera en el Colón). En 2013 la misma tía que me había llevado a clases de piano me regala un iPhone. No quise ser un “mero usuario”. Aprendí a hacer sencillas Apps de música. Una de las primeras cosas que hice: un Simon. La siguiente: una app que genera música pop con distintas estructuras. No tardé en comprender que debía combinar ambas”, relata para interiorizarnos del nacimiento del videojuego.

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Oir está basado en el viejo Simon. En ese juego, el jugador debe repetir una melodía que se va enunciando nota a nota.Introduce varios elementos musicales: detección rítmica, ritmos en distintos compases, acompañamiento, niveles que van subiendo la dificultad progresivamente.

“La música actúa sobre el cerebro como una especie de “megagimnasio, estimulando la parte motora, del lenguaje y de la memoria a largo y corto plazo”. Uno de los primeros reviews que hicieron en el AppStore resumía el juego como “Simon on steroids”. “Todas las melodías se generan en el momento, mientras el jugador juega. O sea que si jugás un nivel con varias teclas, cada vez que jugás te toca una melodía distinta. Eso favorece el aprendizaje ya que el jugador tiene que repetir la melodía y el ritmo que oye, el entrenamiento auditivo se ve favorecido al no poder aprenderte de memoria cada desafío. Para eso incluye sintetizadores que diseñamos especialmente”, cuenta.

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Oír se plantea como una herramienta que hace accesible el aprendizaje musical a un grupo numeroso.“El juego es un lugar para equivocarse tranquilos, hay muchos chicos que tienen vergüenza de tocar en público”.

-¿Ya sabés de gente que lo use para enseñar?

-Tengo algunos conocidos que lo están usando en escuelas y colegios. Uno pidió permiso a los directores y quedó enredado en trámites burocráticos. El otro se mandó “de zurda”. Un problema para usarlo en entornos educativos es que todavía no tenemos lista la versión de Android (saldrá en unos meses) que es lo que la mayoría tiene. Probé Oir con alumnos de primaria y con alumnos universitarios, se engancharon muchísimo.

Oir recibió el Primer Premio en el concurso Untref Emprende y fue seleccionado para participar de la IEGC (Competición Internacional de Juegos Educativos) que se hace en un mes en Francia. Participan juegos educativos de todo el mundo, algunos hechos por equipos de trabajo importantes, con grandes presupuestos financiados por universidades e instituciones por el estilo.

-¿Lo desarrollaste solo?

-Empecé sólo. Luego armé un par de equipos que se disolvieron. Ahora, como fijo, está Marcos Torres que es el programador y como freelancer están Luis Roach (diseño gráfico).

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