La primera ataca la patología mediante un nuevo fármaco que aprovecha una debilidad del sistema de reparación celular y la segunda trata de una nueva técnica de inoculación que comparte la filosofía del “Caballo de Troya”.

En la primera vía aparece un nuevo fármaco llamado olaparib que ha sido empleado en una investigación llevaba a cabo por el Instituto de Investigación de Cáncer y el Hospital Royal Marsden de Gran Bretaña. Los resultados han sido publicados en New England Journal of Medicine y muestra el primer éxito de lo que llaman ”letalidad sintética”, una forma sutil de explotar las debilidades moleculares del propio organismo para efectos positivos. En este caso, se trata de cáncer avanzado de ovario, próstata y mama, con mutaciones del gen BRCA1 y BRCA2.

Las células poseen capacidad para reparar daños en su ADN y una de estas formas queda discapacitada por las mutaciones BRCA en las células tumorales. El olaparib bloquea una de las formas de reparación al ”apagar” una enzima clave llamada PARP (polimerasa poli ADP-ribosa). Esto no afecta a las células sanas porque éstas pueden contar con un sistema alternativo de reparación controlado por sus genes BRCA sanos. Como en las células tumorales el mecanismo ha quedado desactivado por la mutación genética, no queda alternativa de reparación y las células mueren. Las células cancerosas con las mutaciones BRCA1 o BRCA2 son las primeras que demuestran ser susceptibles a los inhibidores PARP. Pero los científicos afirman que hay evidencia de que el olaparib también podría ser efectivo en otros tipos de cáncer con diferentes defectos en sus mecanismos de reparación del ADN.

El experimento se realizó con 19 pacientes tratados con el nuevo fármaco. De ellos, 12 enfermos que no habían logrado responder a otros tipos de terapias pero se logró que los tumores se redujeran o estabilizaran hasta niveles espectaculares. Johann de Bono, que participó en la investigación, dice que el fármaco será ahora probado en ensayos más amplios.”El medicamento mostró resultados muy impactantes al reducir los tumores de los pacientes”, afirma el científico. “Ha logrado que pacientes que ya habían probado varios tratamientos convencionales tengan períodos largos de remisión, y no muestren síntomas de cáncer o de efectos secundarios importantes”. Astrazeneca, la empresa farmacéutica donde se realizan estas investigaciones, declara que el medicamento pronto estará disponible en el circuito comercial.

En la segunda vía aparece una técnica de los investigadores de la empresa EnGeneIC en Sidney (Australia) que han desarrollado un nuevo sistema artificial de administración de fármacos que bloquea la capacidad de las células cancerígenas de rechazar la quimioterapia. Los resultados muestran que el nuevo método inhibió con éxito en ratones el crecimiento de tumores de colon, mama y útero resistentes a los fármacos y amplió de forma sustancial la esperanza de vida. La técnica desarrollada por los científicos, dirigidos por Himanshu Brahmbhatt, ha sido publicada en la revista Nature Biotechnology.

La técnica consiste en utilizar bacterias vacías, modificadas genéticamente para transportar en su interior las sustancias que los médicos consideran vitales para masacrar a las células cancerígenas. Actúan como minúsculos caballos de Troya, que los científicos inyectan en los enfermos en dos fases. En la fase uno, agregan una primera oleada de bacterias cargadas con ARN cuya misión es penetrar en la célula maligna y bloquear los genes que producen las proteínas que confieren la capacidad de ofrecer resistencia a los fármacos antitumorales. Una vez desactivadas las defensas, envían una segunda andanada de minicélulas, cargadas con millones de moléculas de toxinas para acabar definitivamente con las células cancerosas. Con este método evitan machacar a las células sanas, cosa habitual en la quimioterapia.

Aún falta probarlo en humanos, pero en ratas ha funcionado de maravilla. Incluso en animales más parecidos al hombre, donde se ha mostrado muy eficaz. “Hemos tratado más de 20 perros con un avanzado cáncer de cerebro en los que hemos obtenido un resultado espectacular”, detalla Brahmbhatt. Se necesitan algunos años más para certificar la seguridad de la nueva técnica, pero sus inventores declaran que podría utilizarse teóricamente para tratar todo tipo de tumores y con unos resultados de curación nunca vistos hasta la fecha. Y además, con efectos secundarios mucho más reducidos, pues las toxinas no se vierten al torrente sanguíneo general sino que van dirigidas específicamente a las células dañinas.

El cáncer, quizá la más temida de todas las enfermedades, se encuentra cada vez más acorralada. La tecnología y la genética avanzan a un ritmo frenético y asedian a las casi inmortales células tumorales, que a pesar de todo, aún nos ganan la partida, pero que tienen los días contados frente a la inagotable capacidad científica del hombre. Dicen que la ciencia no es el camino hacia la felicidad, sin embargo, eso habría que preguntárselo a un enfermo de cáncer terminal dentro de pocos años.

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