Pero ¿Qué hacen aquellos que están en
lugares remotos donde no existe la posibilidad de conectarse a ninguna
red? Aunque parezca difícil, hay opciones.
En
2014 un equipo de periodistas de la BBC viajó a Marruecos, donde se
encontraron con el desafío de llevar Internet a lugares extremadamente
alejados de cualquier tipo de antena celular o torre de transmisión de
radio.
¿Cómo conectarse?
Muy “simple”. Una de las opciones utilizadas es la antena parabólica
iSavi, un dispositivo pequeño de unos 18 centímetros de alto que debe
posicionarse de forma fija (es decir, tiene un determinado grado donde
establece la comunicación, y no puede moverse sin causar que el equipo
se desconecte). Mediante la red satelital Inmarsat el aparato permite
establecer comunicaciones celulares para enviar mensajes de texto
tradicionales o hacer llamadas telefónicas desde cualquier smartphone
utilizando una app dedicada.
Este pequeño
receptor también permite navegar en Internet. Entre sus capacidades el
iSavi posee un enrutador wireless que armará una red WiFi para que nos
conectemos con cualquier computadora o dispositivo compatible. Claro que
el acceso a Internet que obtendremos será algo acotado: unos 300 kbps
de transferencia, lo suficiente para iniciar sesión en un chat, abrir
algunas páginas web, pero no así la transmisión de video o contenido que
requiera un ancho de banda constante.
¿Cuánto cuesta acceder a esto?
El aparato cotiza unos u$s 1000, y las llamadas alrededor de 1 dólar
por minuto. Internet sin embargo es más caro: u$s 5 por megabyte
transferido.
Otra de las opciones para
conectarnos desde cualquier punto del planeta es una “funda” para el
celular conocida como SATcase. Esta carcasa podría no ser catalogada
como el accesorio más bonito de todos, pero tiene una importante
funcionalidad: convierte cualquier smartphone regular en un teléfono
satelital.
Acceder a un equipamiento como este
nos permite ahorrarnos la necesidad de llevar un equipo telefónico
especial que pueda conectarse a los satélites que proveen el servicio de
acceso.
Su costo ronda también los u$s 1000, y
las llamadas pueden realizarse mediante un contrato anual que debemos
pactar con el fabricante o vía tarjetas prepagas, que nos permitirán
utilizar la comunicación por satélite hasta que se agote el crédito
disponible.
¿Qué significan estas opciones en el mercado?

Sí,
muchos de ustedes se estarán preguntando quien comprará algo tan
costoso solo para poder establecer una llamada, pero la realidad es que
los valores de esta clase de equipamientos (y sus servicios de
comunicación) están bajando considerablemente desde hace un par de años.
Esto
es muy importante porque significa que en el futuro cualquier persona
podrá comprar servicios dedicados para comunicarse de forma directa con
un satélite y así obtener acceso a Internet o a una red de telefonía. El
modelo actual bajo el que funcionan los productos de telecomunicaciones
implican que varios intermediarios pasan entre el emisor de la señal y
el cliente que finalmente la recibe.
Los usos
de enlaces satelitales han estado relegados hasta ahora únicamente para
establecimientos gubernamentales, empresas y organizaciones que atienden
desastres naturales, donde las comunicaciones son difíciles de lograr
debido a la falta de infraestructura. Estas limitaciones han tenido que
ver con el costoso acceso al equipamiento de este tipo, pero lentamente
las conexiones por satélite están alcanzando al rango de acceso de los
consumidores finales.

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