El inventor del emoji elige su dibujo más preciado

En febrero de 1999, la operadora japonesa NTT DoCoMo inauguró i-mode, su servicio de acceso a Internet móvil. Contaba con una aplicación de correo electrónico que permitía enviar mensajes de hasta 250 caracteres, y se le ocurrió a Shigetaka Kurita que usar un dibujo como alternativa de una palabra o una frase podía ser una manera de incluir más información en un texto tan corto.
Además, a fines del siglo pasado, le explicó Kurita a The Guardian , en Japón eran muy populares los pagers (un sistema para recibir mensajes en un pequeño dispositivo de bolsillo, con una pantalla muy simple), sobre todo entre los jóvenes, porque incluían un símbolo especial: un corazón.
Con esas dos ideas en mente, Kurita comenzó a desarrollar, a partir de 1997, los primeros 200 emoji de la historia. Los dibujos no tenían, ni por asomo, la complejidad de los actuales: cada emoji era un símbolo de 12 pixeles de lado, y en blanco y negro. El primero en color llegó más tarde ese año. Su inspiración: las señales de tránsito, los cómics, los caracteres chinos y los símbolos usados para los reportes meteorológicos.
Kurita dice que nunca pensó que los emoji se transformarían en un fenómeno universal (recién once años después serían adoptados por el consorcio Unicode, que hoy reconoce 1800 símbolos). A la vez, cree que a futuro serán cada vez más específicos a las diferentes culturas, que pueden aprovechar un símbolo específico, con un sentido particular para ese país o región.
El emoji favorito de Kurita es el corazón; junto con otros 175 emoji que él diseñó, forman parte del acervo artístico del Museo de Arte Moderno de Nueva York, que el miércoles los recibió como una donación de NTT DoCoMo.
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