El éxito de Pixar en el Hollywood moderno

 

* La empresa de Steve Jobs y Disney logra combinar negocio y arte

* Los analistas encorbatados de Nueva York fallaron en sus previsiones sobre ‘Up’

 

Hollywood es conocido por ser la fábrica de los sueños, pero también, por ser una máquina del dinero. En los últimos años, es más célebre incluso por lo segundo que por lo primero. Sin embargo, dentro de este universo de cifras que es la meca del entretenimiento, una compañía ha logrado devolver el brillo de los sueños a la industria: Pixar. La empresa, propiedad de Steve Jobs y Disney, es uno de los pocos lugares en el mundo del cine donde el negocio y el arte conviven en una armonía envidiable que les ha permitido quince años de grandes éxitos ininterrumpidos. El estreno de ‘Up’ ha confirmado este estatus y lo mejora otorgándoles su segundo mayor éxito.

‘Up’ o el riesgo de una empresa colgada de un montón de globos

 

Cuando hace un par de años ‘Up’ empezaba a tomar forma, nadie entendía qué iba a contar la película ni qué línea iba a tener ya que su plot era ”un anciano llena su casa de globos y se va volando”. Poco más se conocía y no sería raro que ni siquiera muchos de Pixar supieran por dónde iban los tiros. A medida que se iban desvelando detalles fue cuando algunos empezaron a fruncir el ceño, especialmente los financieros de Nueva York. La historia de un anciano dando vueltas en su casa, acompañado por un niño —con problemas de sobrepeso— no parecía muy comercial de cara al público habitual de ‘Shrek’ o ‘Ice Age’. Los constantes descensos de recaudación de las últimas películas de Disney —’Descubriendo a los Robinsons’ y ‘Bolt’— y de Pixar —’Ratatouille’ y ‘WALL•E’— hacían temer lo peor.

 

 

A mediados de 2008 varios analistas financieros especializados en cine indicaban que ‘Up’ iba a ser la película más arriesgada de Disney y Pixar, y la menos taquillera de los últimos años. Este mal augurio provocó que Disney no pudiera cerrar ni la mitad de los contratos habituales para hacer muñecos y otros complementos. Ninguna compañía quería estuches, gomas, carpetas, muñecos y otros utensilios con la cara de un viejo o de un niño gordo. Ante toda esta presión económica, John Lasseter, responsable de la producción animada de Disney y Pixar —y una de las cabezas pensantes de la compañía— no cedió. Así, ‘Up’ ha llegado a las pantallas tal y como se había concebido y el resultado ha sido inmejorable, tanto en cine como en negocio. La película ha terminado siendo el segundo éxito más importante de la compañía y un rotundo éxito en todos los países donde se está estrenando, enamorando a todo aquel que se acerca a verla. Entonces, ¿qué no vieron los analistas de cine de Nueva York?

El olor del dinero y el color del éxito

Desde hace años Hollywood —y casi toda la industria del ocio americano— ha adoptado la figura del analista de desarrollo o de mercado, nombres tiene mil, para una función muy clara: encontrar el éxito. Lo que hacen estos personajes es estudiar el proyecto que se va a realizar y encontrar las claves que debería atesorar para que éste funcione. Dicen si el público quiere ver una película de risa o una dramática, si ésta tiene que tener violencia o sangre, aventura o fantasía; o si, sencillamente, no le va a interesar a nadie. Los analistas conocen el mercado al dedillo, saben qué quiere el público e intentan colocar todas estas piezas para que encajen dentro de la rueda del boxoffice.

 

La función de analista se ha revelado importantísima en los últimos 20 años, porque si uno se acerca al mundo de las grandes productoras y distribuidoras le dará la sensación de estar en la Tierra de Mordor, habitada por ejecutivos vestidos de negro, con titulaciones en empresariales, marketing o económicas y un sello común: el MBA (Master Business Administration). Da miedo, sobre todo porque casi ninguno de ellos sabe nada de cine y eso es lo que pone en peligro la verdadera naturaleza de los análisis.

 

Las películas, más allá de su arte propio, tienen que salir a la palestra de la cartelera y, como todo buen deportista, tienen que estar preparadas para todo. El analista no tiene que ser un habitante de Mordor, sino que debería ser una figura que ayudara a la cinta a encontrar su camino, sea en pocas salas y de forma limitada, sea a lo grande con potentes campañas de marketing. El analista es una especie de comadrona del cine y sabe qué sentirá y pensará el público ante la película que va a ver. Todo esto debe combinarse con las ideas del productor y del director. Esta sería la imagen más idílica de todo este trabajo.

 

En España poco a poco van apareciendo algunos analistas dedicados a entender los proyectos de las productoras que intentan que el embarazo vaya bien durante todas sus fases hasta la final: el estreno. Hasta ahora el lanzamiento de las películas era una asignatura pendiente en nuestro país. Pero este año podría ser el principio del cambio.

 

El cine es uno de los negocios más cambiantes, dinámicos y variados que hay, muy influenciado por las ayudas públicas y las televisiones. Los gustos de los espectadores y sus decisiones son complejos y no se parecen en nada a la industria del alimento o la construcción. Si los habitantes de Mordor hubieran terminado influyendo sobre ‘Up’, seguramente Carl tendría 40 años, el chico no hubiera sido gordo, tendríamos una chica guapa, una historia de amor y los animales hablarían diciendo frases tontas. Pero por fortuna, la gente de Pixar no necesita a estos analistas, porque sabe muy bien el camino que tiene que seguir y, aunque no sepa todo lo que va a ser su película, sí sabe qué quiere contar y a quién, y esa es la clave del éxito.

 

Por PAU BRUNET* (SOITU.ES)

 

 

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