La Gi Bike es de aluminio y viene en dos versiones: una eléctrica y otra standard, de 17 y 12 kilos cada una. Ambas se pliegan en tres segundos y en un solo movimiento. Además, cuentan con un sistema anti robo que bloquea a la bicicleta cuando su conductor se aleja más de tres metros.

En su neumático frontal tiene luces LED que se encienden de noche. Otra de sus funciones que promete un viaje sin sobresaltos es su aplicación inteligente, que permite, gracias a su integración con plataformas de mapas y redes sociales, chequear imprevistos como cortes de tránsito, tráfico pesado o baches. La app, que estará disponible para Android e iOS, forma parte de la integración de la bicicleta con smartphones.

El aparato cuenta con una batería de litio que permite andar por más de 60 kilómetros sin ser recargada. Además, gracias a su puerto USB, también puede ser utilizada para recargar el teléfono del usuario mientras está pedaleando. Su correa de transmisión de carbono hace que no requiera mantenimiento.

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“Descubrimos que la bicicleta era la forma más eficiente para moverse, pero que del 1800 hasta hoy, solo se había innovado en sus materiales”, cuenta Toledo en diálogo con Infotechnology.com. Antes de comenzar a trabajar en la Gi Bike, el emprendedor había participado en varios proyectos. El único relacionado a la tecnología había sido Potencia Pyme, una base de datos con el 90 por ciento de la oferta crediticia del país. Sin embargo, su fracaso le enseñó la importancia de validar una idea antes de lanzarla.

El camino para llegar al modelo final de la Gi Bike no fue fácil. El equipo aplicó a una beca del Fondo Tecnológico Argentino (FONTAR) por $150.000, pero recibieron el dinero dos años después. El proceso para conseguir los fondos necesarios para fabricar los prototipos fue “todo a pulmón”. La primera versión que hicieron fue de madera; después, compraron una impresora 3D casera para hacer otra de plástico. “Tuvimos varias complicaciones: hasta se nos prendió fuego la mitad de la habitación por una falla en la impresora”, recuerda Toledo.

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Durante el desarrollo del proyecto, el emprendedor se aseguró de analizar todos los problemas que podía presentar este tipo de medio de transporte. “Lo único que no pudimos resolver fue el problema climático que hace que cuando llueva, te mojes”, asegura Toledo. Bignay Inc., la compañía de Toledo, Augustinoy y Sevillia, tiene su base en Delaware y una sede en Nueva York, pero todo el equipo creativo y técnico está en la Argentina. Después de aparecer en sitios como CNN Money, TechCrunch y Fast Company, más de 100 distribuidores y 5000 personas se contactaron con el equipo para adquirir una o varias bicicletas. Sin embargo, por el momento el vehículo no esta a la venta ni tiene un precio estipulado.

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El 29 de septiembre, Bignay Inc. lanzará un nuevo proyecto en Kickstarter para recaudar fondos para comenzar con la producción del producto. Con un proceso de fabricación descentralizado en distintas partes del mundo, los emprendedores argentinos planean enfocarse en Europa y los Estados Unidos como potencial mercado para la Gi Bike. Además, la compañía está negociando con fabricantes y distribuidores chinos para ampliar la llegada de la bicicleta a todo el continente asiático. Sobre la posibilidad de conseguirla en el país, Toledo afirma que su invención “es un producto caro para América latina”. Sin embargo, promete que “como lo más caro es el chasis, que es de aluminio, estamos por desarrollar un modelo que tenga las mismas características pero en otro material”.

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