En el último año, se ha duplicado el porcentaje de jóvenes que utiliza la computadora y se conecta a internet a diario. Las nuevas tecnologías, que en la mayoría de los hogares se conciben a priori como una herramienta de ayuda al estudio y de comunicación, se perfilan en la realidad como un peligro para muchos menores que desconocen el riesgo de la Red.

Según el estudio «Jóvenes españoles 2010» de la Fundación SM, se ha extendido de forma espectacular la proporción de jóvenes que participa en comunidades virtuales: el 70% entre los menores de veinte años. «Como sociólogo, me cuesta aceptar el término “redes sociales” —explica José Antonio López Ruiz, Director de la Unidad de Investigación y Estudios Sociales de la Universidad de Comillas y coautor del informe— pues éstas son algo mucho más amplio, mientras que los sitios del tipo MySpace, Facebook y Tuenti se parecen mucho más a meros clubs de amigos y en ocasiones tablones de anuncios».

Esta especie de «adicción» que sufren nuestros menores por este tipo de comunidades digitales no les convierte, según los expertos, en personas más sociables o integradas. «Se trata de un tipo de participación a distancia, con vínculos que tan fácilmente se crean como se destruyen. No necesariamente implica un compromiso. Tampoco les vuelve más receptivos con el exterior puesto que solo es un canal más de comunicación con su red primaria lo que las convierte en una vía de aislamiento», explica López Ruiz.

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Para algunos sociólogos como Gilles Lipovetsky y Zygmunt Bauman, el auge de las redes sociales confirman la teoría según la cual el estilo de vida y la mentalidad actual son más afines a los vínculos débiles, tan fáciles de establecer como de romper o interrumpir en el momento que se desee, que implican poca responsabilidad y compromiso a los sujetos, pues no necesitan apenas reglas ni procedimientos regulatorios de la actividad. «Las redes sociales generan problemas que colisionan directamente con la ley de Protección de Datos y la privacidad de los usuarios, algo que se agudiza en el caso de los menores», advierte Artemi Rallo, director de la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD).

Según las encuestas, más del 50% de los menores españoles cuelga datos sensibles en la Red, datos que en ocasiones tienen consecuencias. Solo en el año pasado, la brigada de delitos tecnológicos detuvo a 800 personas por delitos.

Según el informe de la Fundación SM, la práctica totalidad de los jóvenes hasta 24 años que utilizan internet ha introducido su perfil en comunidades virtuales (91,7%). Sin que se observen diferencias de género en este sentido, sí que las hay de edad, pues son más los menores de 18 años que lo hicieron (96%) que los mayores de veinte años (88%). «Además —añade López Ruiz—el 18% de los chicos y el 16% de las chicas tienen una página web personal».
Mientras que la Comisión Europea ha pedido a estas redes que incrementen sus esfuerzos para proteger los datos personales de los menores y que actúen con celeridad a la hora de cortar los abusos denunciados, desde la AEPD se insta, además, a los poderes públicos y a los padres a redoblar sus esfuerzos ante estos peligros.

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«En España hemos conseguido que por ley se suba a catorce años la edad mínima para participar en una red social, mientras que en Estados Unidos (el país de origen de Facebook) es menor. Pero el problema, al margen de la consideración sociológica es si un niño de esa edad es consciente del riesgo de colgar datos personales en la Red, está en que no siempre se verifica la edad de los usuarios», alerta Rallo.

Pese a los planes de concienciación, la labor de los medios de comunicación y el apoyo de administraciones y escuelas, la última responsabilidad recae en los padres, cuya supervisión de los contenidos que visitan sus hijos por internet es clave para evitar situaciones de peligro. «Es muy interesante la aparición de softwares específicos para el control parental pero no están todo lo extendidos que nos gustaría», explica el director de la AEPD. Para el sociólogo José Antonio López Ruiz, los datos nos inclinan a pensar que, cuanto mayor es la formación y relación de los progenitores con las nuevas tecnologías, más fácil es la supervisión de su participación en la Red».

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Sin utilidad académica
La principal utilidad que tienen estas comunidades virtuales que facilitan las redes informáticas para los jóvenes, es «pasar el rato», según confiesan el 40% de los jóvenes que han participado en la encuesta «Jóvenes españoles 2010». «En realidad el uso de internet entre los jóvenes no tiene una utilidad académica —lamenta José Antonio López Ruiz—, es anecdótico el porcentaje que lo utiliza para estudiar mientras que para la mayoría tiene un uso lúdico».

Para este sociólogo, los peligros que genera el uso inapropiado de la Red pueden empezar a paliarse desde la más temprana infancia. «El niño es mucho más accesible que el adolescente, por lo que desde la propia Educación Infantil se puede empezar a poner en marcha estrategias para que los padres participen y controlen las actividades de los menores en internet.

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