Unas mil de personas en el observatorio ”Galileo Galilei” en Palermo, participaron y disfrutaron del espectáculo que brindó hoy el eclipse lunar que comenzó a las 3.33 horas para finalmente perderse en el horizonte.

 

Con seis telescopios de 152 y 150 milímetros dispuestos a 100 metros del Planetario y en una fila que recorre el parque circundante, curiosos, en su mayoría jóvenes, vieron un fenómeno natural que, esta vez, coincidió con el inicio del verano, como no ocurría desde hace 300 años.

Es que un eclipse total de luna justo en el solsticio de verano (en el hemisferio sur) tiene como antecedente más cercano el siglo 17. Mientras que el próximo eclipse se producirá el 15 de junio del 2011.

El tiempo, con un cielo despejado y sin viento, jugó a favor de la observación ya que según las estadísticas en el 50 por ciento de los casos es imposible realizar la experiencia por la nubosidad.

La espera estuvo abastecida por un puesto de pancho y otro de pochoclo que no daban abasto mientras que sobre el pasto se sumaban reposeras y lonas donde el mate de mano en mano era el lugar común.

El público heterogéneo en sus lugares de origen, poblaba el parque y ante la consulta, Mirta, una psicoanalista que estaba con un grupo de amigos que llegaron de Banfield, intentó una interpretación.

”La incertidumbre, lo primitivo y la imposibilidad de controlar creo que es lo que convoca”, dijo y la realidad pareció darle la razón porque a unos metros se observaba una fogata improvisada rodeada de jóvenes que bailaban al son de una batucada que no cesó en toda la noche con sus ritmos ancestrales.

La experiencia científica con participación activa no dejó de lado algún picadito, un poco de voley y mucha bicicleta.

Grupos familiares, amigos, parejas y algún solitario que esperaba comiendo un pancho fueron la escenografía terrestre que tuvo el eclipse.

Jorge, un padre de Floresta con sus dos hijos, compartía en la cola la ansiedad por llegar a los telescopios y ”poder ver la Luna de otro color”.

Estudiantes de medicina de Recoleta; de ingeniería de Palermo o de música de Once confesaron haber cambiado lo que fue ”una salida de boliche por ver este espectáculo”.

También estuvieron los que fueron con sus propios telescopios y los lucieron orgullosos plantados en un trípode, como Alejandra, una portera que estudia el profesorado de biología y se acercó a la convocatoria desde Benavídez.

Todos esperaban llevarse algo para contar, mientras la Luna cambiaba de color.

Telam

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