Recibiendo una remuneración mediante las áreas de empleo y desarrollo económico del municipio, las personas con distintas discapacidades asisten al vivero para aprender una profesión e insertarse laboralmente en su lugar. Quienes fueron incluidos, aseguran que en el vivero han encontrado un espacio de reinserción social.

Las mañanas frías a veces afectan la cantidad de trabajadores que asisten al vivero, pero en nuestra visita al lugar, Don Morán, Raúl y Juan estaban desde temprano disfrutando el fresco de la mañana, tal como lo hacen la mayoría de los días cumpliendo horario de 7 a 12 horas.

José Morán se encuentra en la entrada, si no se comunicaran con él, nadie se daría cuenta que no puede ver. En el vivero realiza trabajos de limpieza de suelo y riego: “hago ese tipo de cosas, lo que puedo”. En un espacio amplio como lo es el vivero, observar a José trabajar de punta a punta produce optimismo a cualquiera.

Raúl Maldonado, como la mayoría de los asistentes, ingresó al vivero bajo un programa avalado por la Nación, a través de las áreas de Empelo y Desarrollo Económico de la comuna de Tunuyán, el cual dura 8 meses aunque podría extenderse. Raúl explicó entusiasmado lo que representa para el trabajar en el vivero: “a uno lo favorece por la salida laboral, porque a veces te marginan por tener una discapacidad” sostuvo, y además dio testimonio de la posibilidad de encontrar un desarrollo personal hacia el exterior del vivero.

Con tareas específicas, Raúl ha podido superar una dificultad en una de sus piernas producto de un accidente, en su caso prefiere hacer una diferencia y decir que “discapacitado no significa ser incapaz”.

Finalmente, Juan de 27 años, padece problemas motores que a veces lo obligan a sentarse: “en Colonia me inscribí en un proyecto para arreglar bicicletas, a mi me encanta arreglarlas; a la mía la desarmo y la armo yo. Pero como una mano no me ayuda mucho tuve que elegir venir al vivero”, no obstante asegura querer seguir trabajando en lo que a él le gusta.

Las 10 personas que hoy asisten al vivero reciben una recomendación por parte de la comuna y la Nación, la cual se materializa en un certificado que los avala como Auxiliares en Vivero Forestal. Además, los diez asistentes reciben un sueldo de 1.500 pesos que se suman a las pensiones que reciben las cuales se continúan otorgando.

Daniela González, es la coordinadora del vivero y junto a otras personas como Juan Galdamez, están desde el primer día abocados a ayudar a estas personas. “Al principio con don José Morán me pasaba que no sabía cómo ayudarlo porque no ve, entonces primero tuvimos que idearnos un sistema saliendo con él a conocer el terreno y señalarle la cantidad de pasos que habían desde tal sector a tal otro y ahora se maneja solo sin pedir ayuda. Nosotros también aprendemos de ellos todo el tiempo” sostuvo Daniela, coordinadora del lugar.

“Nunca se había hecho un trabajo como este con el vivero, hace tres años se comenzó a comprar forestales a conciencia y a utilizar el vivero con finalidades más sociales e inclusivas” destacó González.

Además de las tareas realizadas actualmente por personas con discapacidad, en el lugar existen otros proyectos donde el gran espacio de vivero es utilizado para fines educativos, tal es el caso de la utilización que realizan los estudiantes de la escuela agraria EBTA para sus prácticas educativas.

El trabajo en el lugar

El Vivero municipal de Tunuyán tiene como finalidad abastecer de plantas certificadas a los productores, a precio justo principalmente. Además cumple una función fundamental, abastececiendo al propio departamento de ejemplares forestales de buena calidad gracias a la certificación de los mismos, ya que el vivero es el único lugar estatal que cuenta con una certificación en el Valle de Uco.

Fuente: El Cuco Digital

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