Tres secretarios y cinco abogados, las visitas de Báez en la cárcel

Lázaro Báez cumplirá esta semana su primer mes en la cárcel. El hombre que supo ser el dueño de la obra pública en Santa Cruz se convirtió en uno de los presos más custodiados del país. En Ezeiza, lo observan con cámaras, las 24 horas del día. Y hay gente dedicada a informar sus movimientos y su estado de salud a diario.

La agenda de Báez es reducida, lo que no implica que esté tranquilo. En casi treinta días, lo visitaron solo ocho personas, según registros oficiales a los que accedió Clarín. En el listado aparecen tres secretarios y cinco abogados. Pero no figura nadie de sus familia. Sus hijos, según dejó trascender el entorno, no se acercaron a la cárcel de Ezeiza por un pedido expreso de su padre. “No quiere que lo vean en esas condiciones”, dijo un allegado.

Gustavo Coraminas lo visitó el 8 de abril, horas después de su detención. Se registró como “amigo”, aunque sería una suerte de secretario o de empleado administrativo que lo acompaña hace varios años. “Es un cadete multi función, lleva el auto a lavar, compra los repuestos, y hasta paga las boletas en los bancos”, contó un ex empleado.

Una función similar cumple otra de las visitas de su entorno, conocido como “El Viejo” Sofo. Es una suerte de cadete con privilegios que además cumple la función de chofer.

Ambos trabajan hace muchos años en las oficinas del pasaje Carabelas, donde funcionaba la financiera Invernes, de Ernesto Clarens.

La última visita cercana a Báez es Diego Navarro, director del diario Prensa Libre, propiedad del empresario patagónico. Su imagen apareció en los medios el día de la detención porque estaba en el avión que los trasladó desde Santa Cruz hasta el aeropuerto de San Fernando. Es un hombre de extrema confianza de la familia Báez. Ya en 2013, cuando Báez dio una “conferencia de prensa”, manejó todos los hilos de aquella aparición. Hoy es el puente entre la familia y Lázaro.

Todas las visitas debieron cumplir con los puntillosos requisitos exigidos por el Servicio Penitenciario Federal, que informa al juzgado de Sebastian Cassanelo ante cualquier anomalía. “Una persona de los servicios de inteligencia intentó ingresar y no se lo permitieron”, ejemplificó una fuente judicial.

En el lote de abogados aparecen los dos letrados que representan ahora al empresario, Daniel Rubinovich y el ex juez Rafael Sal Lari, pero también pasaron por Ezeiza el mediático Fernando Burlando y su socio Fabián Amendola. Estos últimos dialogaron con Báez el 15 de abril pasado. Las versiones sobre aquel encuentro son tan variadas como las fuentes consultadas.

¿Cómo llegaron y con qué intenciones? Según pudo saber Clarín, el nexo habría sido el empresario futbolístico Miguel Angel Pires (en la foto con Verón), quien mantiene una estrecha relación con los hijos de Báez. De hecho, pese a los escándalos, hasta hace dos meses Martín y Leandro lo visitaban en sus oficinas de Puerto Madero.

La última visita de Báez en la cárcel, siempre según registros oficiales, fue María Gasaro, que defiende a los hermanos Lanatta y a Victor Schillaci luego de la triple fuga. Los tres también están detenidos en Ezeiza. Consultada por este diario, Gasaro negó haberse entrevistado con Báez. Dijo que fue a ver a otro detenido. En los registros aparece con dos visitas: la última está fechada el 27 de abril.

En este mes, el empresario tuvo suficiente tiempo para analizar los pasos a seguir. En el entorno de Báez admiten que puede transformarse en un “arrepentido” si caen sus hijos. Esto convierte al empresario en una “bomba de tiempo”. Si habla, salpicará a sus enemigos. La primera víctima sería la ex presidenta. Pero no es la única. Hace tiempo que mantiene un enfrentamiento con figuras K como Julio De Vido o Ricardo Echegaray.

Esta semana, la Justicia golpeó cerca: allanó las propiedades de todo el clan, incluso el departamento porteño donde se refugia Martín. Por ahora, el empresario sigue en silencio, meditando entre cuatro paredes.

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