La potencia de estos terremotos -el chileno del pasado sábado ha alcanzado los 8,8 grados en la escala de Richter (uno de los mayores en los últimos cien años en todo el mundo) , 7,2 el nipón y 7 el de Haití- nos ha sorprendido y conmocionado, como si esto no pudiera repetirse en un plazo de tiempo tan corto y algo anormal estuviera sucediendo. Sin embargo, los científicos aseguran que las entrañas del planeta no están más activas ahora que en otros tiempos desde que se tiene memoria y registros sísmicos. Simplemente, obedecen a las órdenes de una naturaleza que, en este caso y al contrario de lo que ocurre con el clima, sólo responde a sus propias normas, las que marca la geología. Y al ser humano no le queda más remedio que prevenir y, en la medida de lo posible, protegerse.

«Un terremoto siempre es una sorpresa y más con estas dimensiones, pero en un lugar como Chile la actividad sísmica es alta y se sabe que estos terremotos pueden ocurrir», señala Luis Cabañas, sismólogo de la Red Sísmica del Instituto Geográfico Nacional. El seísmo de Chile ha sido especialmente duro, el segundo más potente del país después del registrado en 1960, con magnitud 9.5 y el mayor ocurrido en el mundo. El motivo de este castigo para los chilenos es que su país está situado en el llamado «círculo de fuego» que bordea los países del Pacífico, una de las zonas más sísmicas del planeta, donde se producen el 80% de los terremotos. «Estos terremotos ocurren como consecuencia de la convergencia de las placas tectónicas de Nazca y de Suramérica, lo que produce rupturas bastante intensas y violentas. La placa de Nazca de naturaleza oceánica se curva e introduce bajo la placa de Suramérica de carácter continental, formando lo que se denomina un margen de subducción», explica Cabañas.

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Un seísmo gigante al añoPero, ¿por qué un terremoto tras otro en distintas partes del mundo? ¿Le sucede algo a la Tierra? «En principio, creemos que no, que es un comportamiento normal producido por el movimiento de placas», explica el experto. Las estadísticas indican que aproximadamente «hay un terremoto de magnitud superior a ocho al año -puede ocurrir uno o ninguno-, mientras que pueden registrarse entre 15 ó 18 seísmos de magnitud entre siete y ocho». Lo que ocurre es que no siempre se producen en zonas pobladas ni causan catástrofes tan graves, por lo que muchos se quedan en noticias poco destacadas que olvidamos con facilidad, hasta que uno golpea en una zona densamente habitada y provoca una catástrofe humana que se queda grabada en nuestra retina.

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La época que nos ha tocado vivir no ha sufrido más o menos terremotos que otras. Según Cabañas, lo que conocemos del registro sísmico «viene a ser estadísticamente constante». Tampoco influye la mano del hombre . «Es un proceso completamente natural. La intervencion humana no tiene porque afectar, no tiene nada que ver con lo que sucede, por ejemplo, con el clima».

Después del terremoto de Haití, algunos científicos advirtieron de que catástrofes similares pueden repetirse en Turquía y en Sumatra en los próximos años, y pedían a los gobiernos de estos países que tomasen medidas urgentes de protección antes de que fuera demasiado tarde. Sin embargo, Luis Cabañas indica que es «imposible predecir el lugar y el momento. Al final, los terremotos vuelven a ocurrir donde siempre han ocurrido, son los límites de las placas tectónicas sometidas a esfuerzos y deformaciones que cuando se acumulan y no resisten más liberan energía bruscamente. Hay una posibilidad de conocer cómo estan cargándose esas fallas, pero es imposible predecir a ciencia cierta cuándo va a ocurrir. Es probable que en Turquía tengamos un nuevo terremoto, pero igual pasan veinte años y no se ha producido». Eso sí, en Chile se producirán nuevas réplicas.

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Ante los terremotos, lo único que le queda al ser humano es protegerse lo mejor posible. «Los países deben tener una normativa sismoresistente para que se construya con más seguridad, una normativa que debe estar basada en estudios sismológicos».

fuente: ABC.es

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