Entidades eclesiásticas denuncian incremento de la pobreza e indigencia en nuestra provincia. “Los comedores y refugios no dan abasto” dicen

En los últimos años, la cantidad de centros de atención a personas en situación de vulnerabilidad, creció notablemente, pero según representantes de la iglesia, “con eso no alcanza”.

Lo cierto es que por estos días, muchos mendocinos deambulan por las diferentes parroquias en busca de alimentos y ropa. En esos espacios, la organización CARITAS reforzó su presencia, pero no da abasto con la asistencia sobre una creciente población que, marginada, tiene hambre y mucho frío.

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El fenómeno, inicialmente denunciado por la iglesia, se pudo comprobar en el marco de una recorrida que hizo diario El Ciudadano, en los principales centros de ayuda.

Duro panorama

Si bien las áreas más afectadas a la pobreza e indigencia son las comprendidas dentro del Gran Mendoza, lo cierto es que la problemática social se expande a lo largo y ancho de la provincia. En Lavalle, por ejemplo, los índices de pobreza marcan cifras récord en áreas rurales, dónde el clima tampoco acompaña a los más necesitados que trabajan en el campo.

Parte de la investigación sobre este tema, tuvo lugar en la parroquia, Santiago Apostol. Ubicada en pleno centro capitalino, este medio fue testigo presencial del desayuno que todos los días reciben niño, mujeres, ancianos y desocupados por parte de un puñado de voluntarios, quienes además, preparaban mudas de ropa para entregar cuando los carenciados terminan su refrigerio matutino.
Sobre este tema, el titular de Cáritas Marcelo De Benedectis le comentó a nuestro diario que “hay mucha preocupación por que el crecimiento de las necesidades está superando lo que se obtienen de donaciones.

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Aún así -dice el sacerdote- “el fuerte compromiso y solidaridad de la gente hace que no nos sintamos desbordados. Todavía podemos, aunque día a día crece aquí y en todas las parroquias, la concurrencia de personas absolutamente vulnerables” sentenció.

Finalmente De Benedectis destacó “las personas llegan con hambre y mucha pena por la situación que viven. Nuestros voluntarios le colocan cuota de alegría y esa digna atención en lo que damos, que ellos merecen. A nosotros todo esto nos muestra una dura realidad que me parece, no se está teniendo dimensión y que ya debería estar encendiendo luces de preocupación”

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