Reciclado de tapitas y papeles: del tacho de basura a la salud pública

Comenzó hace años con cuatro objetivos entrecruzados: el ecológico, el solidario, el económico y el comunitario. La mayoría que escucha ”las tapitas del Garrahan” ya lo relaciona con los recipientes de plástico que guardan dentro tesoros multicolores, visibles en escuelas, consultorios, comercios, empresas. Quizás no muchos sepan qué se hace luego con todas esas tapitas, y puede que tampoco se conozca cuántas juntaron en todo el país a lo largo de este tiempo. Desde que comenzaron con las tapitas en 2006, fueron 1.469.600.000. Unas 3674 toneladas. Además no son sólo tapitas. El programa de reciclado que lleva adelante la Fundación Garrahan arrancó hace 14 años con el papel, y llevan reunidas 72.776 toneladas, con las que ”se evitó la tala de más de 1.237.192 de árboles”, según informaron. En 2008 se sumaron las llaves de bronce: hasta hoy reunieron 4094 kilos, equivalentes a 225.170 unidades.

El papel lo venden a Papelera del Plata, las tapitas van a varias empresas, al igual que las llaves. Luego vuelven a la cadena de consumo desde el punto de vista ecológico, transformados en otros productos. Con el papel fabrican rollos de cocina y servilletas.

A fin de mes la marca Sussex Tendencia lanzará un nuevo producto beige hecho en un 85% de fibra recuperada con lo del Garrahan. Por cada paquete vendido, la Fundación tendrá una ganancia de 50 centavos. ”Es una forma de mostrar a la gente en qué se transforma el papel que nos dona”, resalta Patricia Gavilán, coordinadora del Programa de Reciclado de la Fundación Hospital Garrahan. Por las tapitas, las empresas que las reciben pagan un monto de dinero (si están separadas por color, la Fundación recibe una retribución mayor), y luego utilizándolas como material elaboran un ecokit compuesto por un balde, una palangana y palita de basura, que se vende en los Jumbo y los Easy del país. A cambio, la Fundación recibe 7,50 pesos por cada ecokit. ”Son ingresos de manera doble; primero, al vender las tapitas, y luego, lo que nos queda por cada ecokit vendido. En 2011 se vendieron 21 mil ecokit, o sea, 63 mil productos. En 2012 no se hizo, y se retomó a mitad de 2013, de ahí hasta ahora llevamos otros 20 mil más”, destaca Gavilán. Y agrega: ”Desde el punto de vista ecológico ya cerramos la cadena, el producto le llega al público con material reciclado de lo que ellos mismos donaron, gracias a que la gente piensa antes de tirar”.

GUINNESS. ”Tenemos retiros que hacemos diariamente, 80 por día, a distintas instituciones de Capital y el Gran Buenos Aires, consorcios, escuelas, hay un mínimo que solicitamos para ir, después lo llevamos a nuestro depósito, donde se clasifica el papel por distintas calidades. Hay 15 vehículos en la calle. Y el Programa de Reciclado da 55 puestos de trabajo, no es poca cosa”, subrayó Gavilán.

En 2011, la Fundación –que nació en 1988– obtuvo el Récord Guinness al recolectar, junto con la comunidad, 91 toneladas de tapitas de plástico en ocho horas. Ellas siempre fueron la vedette, las que eclipsaron al papel y a las llaves, por eso los integrantes del programa se encargan de resaltar que son tres los objetos de reciclado. A pesar de su mayor propaganda y exposición, las tapitas tuvieron una leve baja en 2013 con respecto al año anterior, unas diez toneladas menos por mes, quizás atribuible a que ya no son los únicos, y otras organizaciones o acciones particulares tienden a apelar cada vez más a esta misma modalidad de juntar tapitas para financiar proyectos, campañas de protección de animales o viajes por urgencias.

Con las llaves suele costar más la recepción. Algunas personas las dejan olvidadas en el cajón. Otras sienten temor de entregarlas. El papel, en cambio, es más fácil. En muchas casas se consume diariamente y tres diarios ya pueden hacer un kilo. ”Pensaste tres veces antes de deshacerte del papel y con eso hiciste un kilo; ahora, tenés que pensar 400 veces para hacer un kilo de tapitas”, graficaron en la Fundación.

El 40% de la carga de enfermedades provocadas por alteraciones ambientales corresponde a niños menores de 5 años
Los materiales para reciclar también llegan de lugares lejanos, sobre todo por particulares que juntan en su lugar y lo llevan en su transporte. De Formosa, por ejemplo, llega un camión cada dos meses. Además la empresa de transporte y logística Cruz del Sur transporta periódicamente material reciclable que lleva hasta el Mercado Central. A su vez, Droguerías del Sud pone a disposición 2000 filiales para que la gente lleve sus tapitas. También hay supermercados con puntos de recolección.

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En el último período del 1 de julio de 2012 al 30 de junio del año pasado, además de aportes y donaciones particulares como equipamientos electrónicos, insumos, juguetes y pañales, recaudaron 3.847.407 pesos por el Programa de Reciclado. De esa suma, 1.812.602 pesos fueron a la Casa Garrahan. Unos 930 mil como apoyo al servicio social del hospital pediátrico, ya sea en mochilas de transporte, oxigenoterapia, oxímetros de pulso, nebulizadores; también subsidio de pasajes, viáticos y traslados.

Como ejemplo, recientemente consiguieron un electrocardiograma para el hospital. Más de 400 mil son aportes en áreas de integración de pacientes: neonatología, hospital de día, enfermería, alimentación, área administrativa, neurología, estar de padres, mediano riesgo, oncología, secretaría general, entre otros. Otros 350.739 pesos complementan las donaciones recibidas para la construcción y remodelación del hall de entrada del hospital por calle Pichincha: ”Se le dio más alegría y amplitud, la idea es que el ingreso a un hospital no sea lúgubre, que tengan un poco más de luz y esperanza”, explicaron. Los restantes 345.757 pesos fueron a la revista de medicina infantil, y también hubo colaboraciones con distritos como Chaco, Trenque Lauquen y Río Gallegos.

Gavilán comenta que ahora el proyecto más ambicioso: ”Es la obra de oncología: un edificio de hormigón, atrás del puente, sobre calle Brasil, de 7000 metros cuadrados, con camas de internación para pacientes oncológicos, hospital de día con amplitud y tecnología. Es una obra muy grande, que alivianará al hospital central; pensemos que en el Garrahan se atiende el 30% de todos los niños oncológicos del país.” La iniciativa es compartida con la Fundación Nuria, y se nutrirá también de las ganancias que les deje la venta del Sussex Tendencia. Según estimaron, quedará finalizada a mediados de 2015.

EL HOGAR LEJOS DEL HOGAR. A metros del hospital pediátrico, se inauguró en 1997 la Casa Garrahan, para brindar un hogar a los niños que residen a más de 100 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires y que se atienden en los hospitales Elizalde, Garrahan o Gutiérrez, mientras cumplen tratamientos ambulatorios o esperan diagnósticos de complejas enfermedades que no requieren internación. Hoy es financiada en un 76% por lo que se obtiene del reciclado. Luego se le suman donaciones de empresas, organizaciones o particulares que apadrinan cada dormitorio, además de eventos que sirvan para recaudar. El ”hogar lejos del hogar” aloja a mil niños por año, distribuidos en 46 habitaciones con baño privado para cada grupo familiar, compuesto por la madre y el niño, con la sola excepción de que se sume un hermanito recién nacido. El resto de la familia queda en el lugar de origen. La contención psicológica y emocional, entonces, se vuelve un pilar fundamental por meses o años.

El ambiente armónico y colorido se nutre de amplias cocinas, sala de estar, flamantes computadoras, biblioteca, lavadero y patio de juegos, sumados a talleres educativos y formativos. Comenzó con 30 habitaciones, en 2008 le sumaron otras 16. A diferencia de un hotel, todas las madres tienen una tarea asignada, sea limpieza, cocina o lavado, y son acompañadas por asistentes sociales, psicólogos y coordinadores. Tomando en cuenta que la mayoría de los chicos llegan con las defensas bajas, a las encargadas de cocinar se las capacita en manipulación de alimentos, coordinadas por un grupo de nutricionistas. Cada piso tiene una cocina donde el televisor no suele dejar de parpadear dibujos animados.

Hay chicos que están un solo día. Antes, los que llegaban de lejos para una operación quedaban internados en el hospital, ocupando una cama; ahora se quedan en la Casa, van a hacerse el prequirúrgico, vuelven, y luego acuden al hospital para la cirugía. Después se les facilita de igual forma con el posoperatorio. ”Cuanto menos tenga que estar un chico internado, mejor”, reflexionan los médicos.

EL DESARRAIGO. La mitad de los niños que viven en la Casa Garrahan son pacientes oncológicos. Muchos con tratamientos prolongados, estadías de hasta dos años, sólo interrumpidas para las fiestas. En la Casa reciben visitas de artistas (ver recuadro), se dictan talleres profesionales y se acercan profesores a brindar ayuda. Antes de ser dado de alta y abandonar la casa, cada uno recibe un juguete.

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”Es un hogar lejos del hogar, pero es más que eso, hay mucha contención, y mucha alegría”, lo define Juan Ramón O’Donnell, coordinador general de la Casa Garrahan. ”Y hay historias muy fuertes. La mayoría son chicos crónicos.” Predominan los chicos de las provincias del norte, de más bajos recursos, sin obra social ni prepaga.

Ante la lejanía de Capital respecto de muchas zonas del país, la idea es ir construyendo casas similares linderas a grandes hospitales de niños del interior, como en Salta o San Juan. Gavilán habla sonriente y ansiosa, hace una pausa entre sus largos listados de números obtenidos por el reciclado, obras hechas e iniciativas por venir, y hace un paréntesis: ”Les quiero decir a los que nos escuchen o nos lean que los necesitamos. Esa es la verdad. Primero, agradezco por estos 14 años que vienen ayudando al hospital, que lo sigan haciendo, es sencillo pensar antes de tirar un papel, una llave o una tapita. Es mejor que lo donen. Se siguen viendo muchas tapitas en los tachos de basura, vamos por esas que todavía nadie empezó a separar. Es sencillo. ¿Vos tirarías dinero a la basura? Yo no. Y cada tapita, papel o llave, para la Fundación Garrahan, es dinero que se transforma en salud”.

Lo que se busca

Qué papeles sí: papel blanco o de color (impreso en negro o color, con o sin ganchitos), sobres de todo tipo de papel (con o sin etiqueta o ventana de celofán), formularios continuos, diarios y revistas, carpetas plásticas o biblioratos llenos de papel (vacíos no), folletos, guías telefónicas, papel copiativo y de fax.

Qué papeles no: servilletas, pañuelos descartables, planchas de etiquetas, papel fotográfico, de golosinas, autoadhesivo, con carbónico, metalizado, plastificado (por ej., envoltorio de resmas).

Qué tapitas sí: polipropileno. Plásticas de gaseosas, agua mineral, jugos; y picos, tubos y bases plásticas de sifones descartables de soda.

Qué llaves sí: llaves de bronce, plateadas o doradas, que no atraigan el imán.

”No imaginaba que existía algo así”

Gladys lleva seis meses viviendo en la Casa Garrahan, que ya es su casa; se lo nota en su caminar, en sus charlas, su andar por los ambientes que la rodean. Y también en el cuidado, algo en lo que hace hincapié para que todo funcione comunitariamente. Su hijo Marcos, de 16, llegó por su corazón dilatado, a la espera de un trasplante. ”Necesitan que esté cerca”, aclara la madre en voz baja, cabeza gacha, mirada a los ojos, sincera, con la paciencia que da la espera.

Los primeros días de Marcos fueron difíciles. Le costaba entender la nueva realidad, el porqué. Los largos plazos tampoco lo ayudaron, pero fue ablandándose entre kick boxing, los partidos de River en el living, y las pizzas y empanadas grupales. Su madre es una de las cocineras de la casa, con especialidades como milanesas y pollo al horno, siempre cuidándose de no poner sal. ”Acá somos una gran familia”, dice.

Después de unos segundos de silencio, salen las palabras despredidas con ganas: ”También hay shows, para alegrarnos, vino Maxi Guerra, Axel. Le digo a mis hijas que estuve con él acá y no me creen, y ellas que no podían conseguir para verlo en el teatro…”

El tiempo no se pasa sólo con ocio y largas esperas. Entre los talleres que se dictan, ella prefiere manualidades. Los miércoles: muñecas. Los viernes: modistas, donde tienden a modificar prendas que ya no les quedan.

”Ni me imaginaba que existía un edificio así para los chicos –se anima–. Ahora, cuando vuelvo al barrio, hablo de juntar tapitas y papel. A veces es difícil pensar que de eso se llega a esto.” Y señala tímidamente el entorno, como cuidándose de no cambiar nada.

Ambiente salud infantil
Desde la Fundación Garrahan remarcan la importancia del cuidado del medio ambiente en la salud infantil: el 40% de la carga de enfermedades provocadas por alteraciones ambientales corresponde a niños menores de 5 años.

Dato 8000 toneladas
de papel se recolectaron en 2013, un número superior al año anterior. De tapitas fueron unas 600 las toneladas que se juntaron ese mismo año.

Qué se pide: Donaciones
Desde la Casa Garrahan pidieron que para donaciones, lo que más necesitan es productos de higiene personal: jabón, cepillo de dientes, shampoo, dentífrico.

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