PERIODISTAS SIN FRONTERAS

Nos golpean. Eso es lo que estamos sintiendo y no es grato, pero es bueno tener conciencia de que lo que sentimos no son dudas ni tristeza: son golpes. Consiguieron arrastrar a las Madres por el barro y las ensuciaron, y lo mismo hicieron con las Abuelas. Seguramente creímos que no se iban a animar a tanto, pero es así: sus límites no son los de la ética, son los límites del poder del mercado. O sea que no encontraremos límites ahí. Por supuesto que tuvieron menos pruritos para hacer quedar a Filmus como un tipo agresivo, violento y mentiroso. Adjetivos que a cualquiera de nosotros nos suenan absurdos adosados a Filmus, pero lo absurdo tampoco es un límite para ellos. Tampoco tuvieron ningún freno intelectual para hacer quedar a la gente de Carta Abierta como fascistas desenfrenados que ahora quieren castigar al gobierno que “los alimenta”. Y menos, mucho menos freno para asegurar que La Cámpora, con su juventud, alegría y vitalidad es una secta nocturna que opera como una Stasi al borde del crimen político. Y ya en el orden de lo abstracto, tampoco dudaron en dar vuelta la materialidad cotidiana asegurando que estamos igual de pobres y económicamente igual de resquebrajados que en los tiempos de Menem.

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TENGO DUDA

Pero lo raro no es que golpéen, sino con qué nos golpean: nos tiran con dudas. Golpes que funcionan como preguntas, preguntas que funcionan como larvas que quieren carcomer el cuerpo que supimos construirnos. Este cuerpo colectivo que se estructura en la certeza de lo nuestro, lo conseguido, lo que estamos consiguiendo y lo que vamos a conseguir. Esas larvas son preguntas que voy a plantear lo más sencilla y rústicamente que pueda: ¿no será que Hebe hacía casas para afanar? ¿no será que Estela se equivocó con los hijos de Ernestina? ¿No será que Filmus le pegó demasiado a Macri? ¿no será que los de Carta Abierta no sirven para nada? ¿no será que La Cámpora es un grupito mafioso? ¿no será que estamos llenándonos de pobres que no vemos? Hay gente que pagaría fortunas para que cada uno de nosotros, en su intimidad, se hiciera esas preguntas todos los días. Pagaría una fortuna porque esa gente está gastando fortunas todos los días para ver si consiguen instalarlas. De eso se trata esta campaña electoral. No importan las campañas de afiches, los globos y los duranes barbas. Esta es la madre de todas campañas, la presidencial, la que va por Cristina y la nueva historia, y para ir por Cristina hay que ir por la esperanza, la alegría, el cuerpo colectivo, las convicciones, la confianza en quienes somos.

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EL REFINAMIENTO DEMOLEDOR

Es una campaña de campos minados, de múltiples ataques a lo simbólico y a lo entrañable, una campaña de aguadas envenenadas. Ya no se escucha más aquel “¡son todos unos ladrones!” tan sinceramente gritado por un periodista en una radio masiva. Lo que hoy se escucha son invitaciones a dudar, a sospechar, a relativizar los logros materiales, morales y políticos. Se pusieron más sutiles, más sofisticados. Pasaron del gorilismo gritón a la psicopateada social. Ya no nos dicen que somos la mierda oficialista, ahora nos invitan a ser buenos, a no atacarlos más, a dejar de acorrararlos con nuestras ideas salvajes. Ya no nos golpean el lomo para domarnos, nos acarician y nos susurran al oído que dejemos de ser caballos locos y desbocados. Pero siguen siendo golpes, son los peores golpes que hemos recibido, y duelen tan adentro porque nos están pegando más allá de la ideología y la política, nos pegan en la moral. Porque para desmoralizar hay que pegar ahí. Y habrá más preguntas que nos invitarán a hacernos, preguntas ponzoñosas, tramposas, partiendo de premisas falsas, con tono de impostada civilidad, inventando el sentido común y reinventándolo las veces que lo necesiten. Nos invitarán a reflexionar, porque el que invita a reflexionar se apropia de antemano de la racionalidad y la ecuanimidad. Porque quien solicita amablemente un acto de razonabilidad se hace dueño del espacio de la sensatez. Y ese es el campo de conflicto en donde tenemos y tendremos que pararnos y aprender rápidamente a disputar. Nos pusieron en el lugar de los locos y no creo que podamos salir de ahí. Desde ese lugar tendremos que seguir discutiendo, militando, haciendo, aguantando, respondiendo, explicando, callando o gritando. Y hay una sola cosa que debemos tener en claro: que no estamos locos. Es nada más que otra estrategia de campaña, un poco más perversa y más ingeniosa de lo que esperábamos. Una campaña que es una psicopateada general. Y si no pregúntese cuánto me habrán pagado para escribir esto. Que yo me preguntaré cuánto le pagan a usted para escribir su comentario.
Que así es como se pierde la voluntad, la fuerza y la confianza mutua en el país de los dueños del país. Porque a ellos no les paga nadie, ellos siempre son los que pagan.

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