La pelea empezó por nada. Por una “cuestión del momento”, dirían las crónicas de los diarios, a través de un parte policial que poca claridad aportó al asunto. Y que terminó con un “hombre herido de arma blanca en el cuello y tórax”, en la madrugada del martes último, luego de una pelea ocurrida en las inmediaciones del drugstore “202”, ubicado en J. Rodríguez y la flamante y remozada Arístides Villanueva, algo así como el corazón, el músculo y el pulmón de la vida nocturna de la Ciudad, sitial que ahora le discute palmo a palmo la Avenida Juan B. Justo.

En aquella madrugada fresca, de lluvia reciente; dos tipos se habían sentado a tomar unas cervezas en el drugstore de la esquina, apenas pasadas las tres de la mañana. De acuerdo a los testimonios, invitaron a dos señoritas que pasaban por el lugar a sentarse con ellos. Las chicas accedieron. Una de ellas es también “cuidacoches” y lo invitó a su novio, uno de los “trapos” de la cuadra, a sumarse a la tertulia. La desconfianza, un insulto, alguna droga mal pegada, alguna bronca de esas instantáneas y flamígeras, operaron de disparador. Uno de los hombres partió la botella de cerveza contra la mesa, y atacó al otro con ferocidad. Logró cortarle con profundidad, pero no lo mató. No se conocían. Ni “de antes”. La muestra de un submundo marginal y tenebroso.

Aquella pelea, la sangre, los “trapitos” de la calle Arístides en el medio, dispararon un sigiloso operativo que debería terminar –dicen los funcionarios- en la prohibición total y absoluta de los “trapitos” y “cuidacoches” en la capital mendocina. Difícil que lo consigan. El “mundo” detrás de los que piden dinero a cambio de “cuidar”, “lavar”, “mirar”, o dar derecho a estacionar se superpone con el Estacionamiento Medido oficial, y es mucho más complejo de lo que muestra en apariencia el sistema: “dateo”, “aprietes”, extorsión a comerciantes a cambio de protección -para que simplemente no les roben- venta y consumo de estupefacientes, más el dinero del estacionamiento formal e informal; transformaron las calles de Mendoza alrededor de las que se nuclea el público, en una fuente muy rentable de dinero negro.

A la vez, el hecho de sangre conmocionó y movilizó a los comerciantes, que piden que el Estrado los proteja, corra a los “trapitos” y a la farándula indeseable que arrastran con ellos, o que por lo menos les aseguren que el Estacionamiento será operado por personas decentes. Las quejas subieron de volumen en estos días, con la inauguración de la “nueva” Arístides.

El mapa

En la calle Arístides hay unos 250 a 270 lugares “libres” para que los tarjeteros oficiales vendan el Estacionamiento Medido, que ha sido extendido en un turno más, desde las 09:00 hasta las 04:00 de la mañana, justamente para evitar a los “trapitos”. A ello hay que agregar las cuatro playas de estacionamiento que hay desde Tiburcio Benegas hasta Boulogne Sur Mer, con unas 180 plazas más. Por supuesto, ello es totalmente insuficiente para contener a las miles de personas que revientan bares, restaurantes, cervecerías de todo tipo, especialmente de jueves a domingo. Así, las calles paralelas a Arístides, desde Martín Zapata, pasando por Rufino Ortega hasta Sargento Cabral, y todas las transversales como Huarpes, Paso de Los Andes, Granaderos, Martínez de Rozas, Olascoaga, y J. Rodríguez; se han transformado en “Mundo trapito”. Son casi tres kilómetros cuadrados, y bajo la superficie, pasa de todo.

En la Municipalidad han censado a 280 trapitos en toda la ciudad. Pero podrían ser más del triple, de acuerdo a testimonios de policías y comerciantes que recorren y conviven en la Capital. El problema, además, es la confusión. No hay mucha diferencia entre los “tarjeteros” que cobran a los automovilistas por el Estacionamiento Medido, y los “cuidacoches” que ofrecen el servicio completo, por cifras que van de los “50 pe” a los 100 o 150, dependiendo del día de la semana, la cara del cliente, el automóvil que maneje, o si hay un evento que transforme a sus asistentes en clientela cautiva: se lo cuido, se lo rompo, se lo rayo, o se lo roban mis amigos. La extorsión es implícita. Y ambos “modelos” de “trabajo” usan el mismo chaleco, y se pasan la credencial oficial unos a otros.

Cómo funciona

“Cada cuadra tiene un ‘jefe’, un ‘encargado’ que pasa a recaudar “el día” ya sea de los otros trapitos a su cargo, de los tarjeteros del Estacionamiento Medido, y de los comercios. El “Jefe de la cuadra” es el que divide el trabajo en tres turnos de ocho horas, como si fuese una fábrica, y cada uno de sus “operadores” levanta más de 500 pesos por día, y por turno, depende del tipo de “actividad”.

En la Arístides, el trabajo rentable está alrededor, para quienes cuidan, lavan y “vigilan” el estacionamiento. En los “equipos” del jefe de cuadra, hay de 3 a siete u ocho personas incluso por turno. Algunos son además tarjeteros oficiales. Para los desprevenidos, es imposible distinguir entre un tarjetero “oficial” que le venderá la oblea de diez pesos la media hora, de un “trapito”.

El Estacionamiento no es el único ingreso de los “jefes”, verdaderos patrones de la vereda, que no están organizados en bandas, sino por cuadra. También les cobran “protección” a los comerciantes. Uno de ellos contó al POST, con vergüenza, que debía pagar semanalmente al jefe de su cuadra para que no le roben. Cada comercio tiene una tarifa distinta.

Habrá que ver cómo funcionará desde ahora, luego de la remodelación inaugurada anoche por el intendente Rodolfo Suárez.

La droga “al menudeo” es otra de las fuentes de ganancias, con frecuentes disputas. “Les venden droga a los turistas, pero en realidad es Geniol, o aspirina… les sacan dólares, y terminan a las trompadas, o peleando con los tipos…” dice un comerciante. Asegura además que el 90 % de los trapitos y tarjeteros de la Arístides se droga, o vende droga. Y la calle se ha transformado en un problema. Los comerciantes están seguros, además, que la baja de consumo que sufren está empujada por esta verdadera mafia que opera todo el día, aunque haya Estacionamiento Medido Oficial hasta las cuatro de la mañana. “Nos espantan a los clientes” aseguran. “Ayer los tuve desde las diez y media de la mañana fumando marihuana en la puerta de mi negocio” contó otro.

El negocio

Cuando la calle Arístides está “a pleno”, de bote a bote de autos, sólo el EM deja unos 35.000 pesos por turno de siete horas. Son unos 5.000 pesos por cuadra, de los que la mitad queda para la Municipalidad. Del resto, el tarjetero “oficial” le da la mitad, o más, al “jefe de cuadra”, que le pone una tarifa por el “alquiler” de la zona. Si el tarjetero quiere más, debe encargarse de reducir al “menudeo” cadenitas, relojes, tablets, celulares, que el jefe de la cuadra trae y que otros trapitos consiguieron en los autos de las calles de alrededor. Casi nadie denuncia cuando le abren el auto. Otros, no descubren la falta hasta que llegan a su casa. Para vender lo robado, esta mercadería se ofrece a potenciales “clientes” que los muchachos, acostumbrados a la calle, eligen. En algunos casos, “empeñan” estas mercaderías en bares de la zona, y jamás las retiran.

En ocasiones, los comerciantes están obligados a financiar el sistema. Les dan plata por “protección” a los jefes de cuadra, que organizan la compra de las tarjetas de estacionamiento para los tarjeteros. O son los mismos tarjeteros quienes piden el dinero a los comerciantes, dejan su DNI, y luego lo devuelven por la tarde y se llevan su documento.

Los jefes de cuadra de “Mundo trapito” son exigentes. Los empleados de los comercios de la Arístides tienen prohibido estacionar sus vehículos en la ahora flamante avenida. Incluso, no pueden ocupar lugares de las calles paralelas a las que los “trapos” les sacan jugo. Y mantienen a raya a preventores y policías, cuando hay algún problema porque un auto tapa un puente o está mal estacionado. “Vi cómo un trapito le decía a un preventor ‘me tocás el auto y te cago a trompadas’ y cómo el tipo, que se supone es la Municipalidad, se iba” contó con desazón.

¿Qué hacer con este submundo de robo, extorsión, apriete, e ilegalidad que está a punto de arruinar uno de los mejores paseos de la ciudad, justamente reinaugurado anoche?

Hábeas corpus

Los policías que recorren la Arístides y las zonas de alrededor no tienen mucho por hacer más que tratar de prevenir, o llevarse a alguno de los “trapitos” revoltosos de vez en cuando. La gente no denuncia las agresiones y extorsiones, y en general lo que ocurre es que ante algún aviso, se llevan “demorados” a los “trapitos”, que ya conocen la rutina. “No podemos detenerlos mucho tiempo por ‘antecedentes’. Los podés identificar una vez, o dos… y además aprendieron… algunos andan con el recurso de ‘hábeas corpus’ encima. Cuando los traen, lo primero que dicen es ‘avisale al comisario que ya me trajeron ayer’ y hay que soltarlo. Si no cometieron un crimen, ni están buscados por algo, nada se puede hacer, salvo que se los pesque en alguna flagrancia” cuenta un uniformado. En la policía tienen contabilizados a por lo menos 500 trapitos operando en la cinco o seis calles. Y ahora se han corrido de Arístides a Belgrano, a Juan B Justo, a todas las calles en las que hay bares y restaurantes. El sistema de “jefes de cuadra”, además, opera en toda la Ciudad, con o sin Estacionamiento Medido.

La prohibición

Lo que se viene, es la prohibición. En “modo avión” y sigilosos, funcionarios del intendente Rodolfo Suárez vienen trabajando en la modificación del Código de Convivencia Urbana, que no tiene tipificada en su versión actual la actividad del “trapito”. Sí la de los limpiavidrios, o el lavado de autos en la vía pública, que está prohibido. “Sábados, domingos… o fuera del horario del Estacionamiento Medido, la Avenida San Martín, completa, es un lavadero…” contó uno de ellos.

Perseguir al “trapito” no parece tarea sencilla. Lo primero, dicen en la Municipalidad, es prohibir la actividad. Luego de ello, harán una tarea de “persuasión” a través de los preventores. No parece fácil. “Los ‘trapitos’ tienen un sistema de información. Averiguan dónde vivís, te amenazan si les hacés algo…” cuenta un comerciante en estricto off the record. Si el “trapito” persiste, la idea es identificarlos y multarlos, para que no vuelvan. “En los casos extremos y problemáticos, actuaremos en conjunto con la policía” dicen en la Municipalidad, donde se confían en parte de su estadística: el 95 % de los “trapitos” que tienen censados son de Las Heras, Guaymallén y Godoy Cruz. Si no actúan en conjunto con otros intendentes, lo que harán será “correr” el problema a los otros departamentos del Gran Mendoza, aunque en la San Martín Sur, jurisdicción de Godoy Cruz, ya pasa lo mismo que en la Juan B. Justo o en la calle Arístides y sus alrededores.

La persecución no es la única herramienta. Los vecinos de la Arístides y de Juan B. Justo y su zona de influencia, se han reunido en numerosas veces con funcionarios, totalmente hartos de los “trapitos”. Los tienen en la puerta de sus casas buena parte del día, mirando todo lo que hacen. En ocasiones, se ponen “familiares”, porque conocen el movimiento. “Tío… su hermana no vino… pasa más tarde” ó “Vino el del agua y dijo que le tiene que dejar los botellones afuera”, o “Señora… un tipo estuvo tocando el timbre toda la mañana”. Y eso, los educados. Otros se dedican a acosar a las vecinas, como ha ocurrido en más de una oportunidad en los alrededores de la Plaza Belgrano, en el Bombal, que se ha transformado en una suerte de “estacionamiento público” del palacio de Tribunales y de la Casa de Gobierno.

En los últimos días, la Municipalidad intenta ampliar el Estacionamiento Medido a las calles paralelas y transversales a Arístides y Juan B. Justo, en por lo menos tres cuadras a la redonda. Para ello, están encuestando a los vecinos. Lo mismo harán en zonas de la calle Belgrano, en el Barrio Bombal hasta el límite con Godoy Cruz y desde San Martín a Isabel la Católica, en la Tercera Sección. Lo que buscan es cambiar a los “trapitos” por tarjeteros formales. También insistirán con multar a quienes “contraten” los servicios de lavado de los “cuidacoches”. Este método ya se aplicó en 2016, cobraron una cantidad importante de multas, pero no lograron mover a un solo “trapo” de la cuadra.

Claro, los cambios legales no aseguran resolver el resto del problema: Inseguridad, aprietes, “negocios”, y narcomenudeo. Hará falta más. El asunto es que se animen a ir a fondo. Es impensable pensar que 500 tipos con sus “jefes de cuadra” mantienen atemorizados a automovilistas, comerciantes y vecinos, sin algún tipo de protección judicial, policial, o política. O un poco de todo junto.

No alcanzará con el Código de Convivencia, o con el nuevo Código de Faltas provincial que está preparando el Ministerio de Seguridad y que castigará la “mendicidad agresiva” de “trapitos” y “limpiavidrios”. Son avances, pero el problema es mucho más grande.

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