La Laguna del Diamante, ubicada a unos 200 kilómetros de la capital provincia y a una altitud de 3.300 metros sobre el nivel del mar es uno de los tesoros naturales más preciados de Mendoza. Es una de las fuentes de agua dulce más importante de la provincia y alimenta al Río Diamante.

La recuperación hídrica se debe a las aguas de deshielo procedente de los glaciares de la zona, a las precipitaciones y a las aguas del arroyo El Gorro que alimenta.

Según las últimas mediciones realizadas por Irrigación, la temporada viene complicada, la acumulación de nieve es más escasa que otros años y por lo tanto, el volumen del agua disminuyó.

Jorge Difonso, intendente de San Carlos explicó: “Donde había una acumulación nívea de dos metros, de un metro hoy prácticamente no hay nieve, el volumen de la laguna ha disminuido y esto para nosotros es central”.

Como todos los años en esta época se realizan estudios para conocer la situación real de la zona y así proyectar el verano. Ante un panorama difícil las autoridades insisten en la necesidad de utilizar este recurso de manera racional y responsable.

“Nos preocupa pero no nos tiene que alertar, Mendoza históricamente ha sido así, lo que tenemos que hacer es acentuar nuestra cultura del cuidado del agua”, completó Difonso.

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