”Epilepsia: enfermedad cerebral crónica que afecta a personas de todo el mundo y se caracteriza por convulsiones recurrentes”. La OMS describe así a una enfermedad que afecta al 1% de la población mundial. Es un trastorno provocado por un incremento en la actividad eléctrica de las neuronas que repercute en movimientos incontrolados de manera repetitiva –convulsiones-.
Finalizada la Semana Nacional de la Epilepsia, el Instituto de Neurociencias de Buenos Aires (INEBA), en cooperación con otras entidades preocupadas y destinadas a la difusión y a la construcción de un escenario de concientización y conocimiento, abocó sus tareas a erradicar mitos y comprender mejor este trastorno de la salud que en la Argentina impacta a cerca de 400 mil personas.
Uno de los temas que se trataron es el uso medicinal de la marihuana (cannabis sativa), un concepto que siempre trae controversias. Al contener tetra-hidroccannabidol (con efectos psicotrópicos) y Cannabidiol, la planta produce posibles efectos anticonvulsionantes. De todos modos, aún se desconoce con precisión la repercusión de estos componentes en el sistema nervioso central.
La dra. Analía Calle, neuróloga e integrante del equipo especializado en Epilepsia de INEBA, explicó la irrupción del cannabis como procedimiento secundario a un trastorno con cercos difusos: ”Dado lo complejas que son las epilepsias refractarias y cómo afectan la vida del paciente y sus cuidadores, muchas familias deciden avanzar sobre tratamientos alternativos como estos a pesar de que no haya certezas aún”.
La epilepsia es una afección atribuible exclusivamente al cerebro humano, radicada en la descarga eléctrica de las células imprescindibles del sistema nervioso. Cuando las neuronas emiten impulsos eléctricos de forma alterada se reproducen ataques epilépticos, también conocido como ”crisis epiléptica”. Las convulsiones son sus efectos más conocidos, pero sin embargo la enfermedad puede manifestarse en múltiples comportamientos: pequeños períodos de tiempo en que la persona queda ausente mirando un punto fijo, percepción de sonidos o imágenes inexistentes, pérdida de conciencia con caída o movimiento de los miembros, disminución de los sentidos (en especial la visión, la audición y el gusto), del humor o de otras funciones cognitivas, entre otros.
Al ser tan diversas sus manifestaciones clínicas, el proceso de diagnóstico se complejiza. Es necesaria una metódica interpretación de los síntomas. Se precisa realizar un pormenorizado y minucioso interrogatorio con estudios complementarios como electroencefalograma y resonancia magnética con el fin de determinar causas y zona de gestación. Los últimos avances en materia de diagnóstico y tratamiento son auspiciosos: el 70% de los pacientes consigue regular sus crisis con medicación adecuada.
Algunos reportes aislados, sumados a pequeñas series de casos en la literatura científica, consideraron que el componente Cannabidiol podría tener efectos terapéuticos en algunas epilepsias de difícil manejo. Sin embargo, todavía no hay conformaciones de resultados concretos sobre posibles avances científicos.
La profesional concluyó: ”Es importante aclarar que la marihuana por vía inhalatoria o vía oral utilizada, comúnmente con fines recreativos, no tiene un efecto beneficioso sobre la epilepsia y, por el contrario, puede interferir con varios agentes anticonvulsión de uso habitual”. El debate quedó instalado. La polémica, abierta.
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