Lo primero que hizo Estela de Carlotto cuando dio inicio a la conferencia de prensa para anunciar la aparición de la nieta 117, fue pedir que abrieran las ventanas. La sede de Virrey Ceballos rebalsaba de familiares, nietos restituidos, integrantes de los equipos técnicos y un enjambre de cronistas y técnicos. “Felizmente hay mucha prensa, que es lo que necesitamos para dar las buenas noticias”, dijo la presidenta de Abuelas, y los gritos cruzados entre camarógrafos y reporteros gráficos por el lugar privilegiado se apagaron. Antes, del silencio dijo que “falta mucho por hacer”, y exhortó a que “nada de lo que se hizo vuelva para atrás. Nada, ni un pasito atrás”.

Estela de Carlotto leyó el comunicado con algunos detalles del caso: el secuestro de sus padres, el 9 de diciembre de 1977, en su casa de Godoy Cruz; sobre la búsqueda incansable de ambas familias. De los pasos lentos de la causa judicial. Detrás suyo, de pie, la escoltaban otros nietos restituidos: el diputado Horacio Pietragalla, la subsecretaria de la Unidad de Coordinación Nacional para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, Victoria Montenegro, y el secretario general de la presidencia, Eduardo “Wado” de Pedro. Los secretarios de Derechos Humanos de la nación, Martín Fresneda, y de la provincia, Guido Carlotto, se mostraron satisfechos con la restitución. “Se ha hablado del curro de los derechos humanos. Acá tenemos el curro 117”, dijo el funcionario provincial en clara referencia a las declaraciones de Mauricio Macri. Rosa Roisimblit dijo que sólo se reconciliaban “con la verdad”.

 Antes había presentado a la abuela María Assof de Domínguez, madre Walter Domínguez, y Angelina Catterino, la madre de Gladys, quienes relataron el periplo por todas las instituciones de las que no tuvieron  ninguna respuesta. “Lo primero que hicimos fue ir al arzobispado y nos contestaron con una guasada: el obispo nos contestó que no gastáramos pólvora en chimango”, dijo María. “La primera vez que viajé estuve quince días, en una pensión de Buenos Aires, yendo para todos lados”, contó, y no pudo contener la emoción. “Hasta el día de hoy marchamos en la plaza. A pesar de que en Mendoza ha sido terrible: nos han insultado, nos quieren romper un monolito que nos hicieron los presos de Mendoza”.

LEÉR MÁS  Submarino desaparecido: la Armada confirmó que no fue encontrado, como trascendió

María, una mujer dulce con tranquilidad provinciana, habló con franqueza y recordó las casi cuatro décadas de búsqueda incansable. “Son 37 años que estamos esperando esto”, expresó la conmovida abuela y referente de Madres de Plaza de Mayo en Mendoza. “Espero que nos conozca, porque todavía no la conocemos y que esté bien con nosotros”, deseó en nombre propio, de Angelina y de ”muchos tíos, muchos primos”.

– ¿Cómo eran sus hijos?- preguntaron desde el fondo de la sala.

Fue el momento más intenso de la conferencia. “Ellos eran chicos como cualquier otro, que querían un mundo más justo, sin pobreza. Walter era un compadrito, que le gustaba salir, tenía buena ropa, hasta que terminó el colegio. Después la vendió o la regaló, porque yo no se la vi más”.

Walter y Gladys se habían casado un año antes de que los secuestraran. Él estudiaba arquitectura —donde había fundado el centro de estudiantes— y era chofer de colectivo. Había trabajado desde los 14 años en un estudio contable para poder pagarse sus gastos, pero fue en la facultad donde se agudizó su compromiso social: empezó a militar en el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML). Ella estudiaba Diseño y militaba en el mismo lugar, pero tuvo que dejar los estudios para trabajar en una panadería.

 El 9 de diciembre, la patota llegó hasta la casa que alquilaba la pareja, en la calle Luzuriaga de Godoy Cruz. La noche anterior, unos hombres habían visitado la casa de los padres de Walter: preguntaron por su hermano mayor, Osiris, que vivía con ellos y estaba trabajando en Pescarmona. “Señora Clara, ayúdenos por favor”, le rogó Walter a su vecina. Clara declaró unos años después que al salir al patio a ver qué pasaba una voz de mando le dijo: “Por favor señora, métase adentro de la casa”. Los vecinos recordaron que Gladys gritaba mientras la arrastraban, con su embarazo de seis meses, al auto en el que se los llevaron: “¿Por qué nos hacen esto, qué hemos hecho?”. La pareja creía que esperaban un varón. Pensaban llamarlo Federico, Nicolás, Guillermo o Bruno. Fue mujer.

LEÉR MÁS  Pronóstico para el finde: luego del calor, baja la temperatura

Ahora, su familia —las dos abuelas, tíos y muchos primos— la esperan con un asadito para el reencuentro debajo de la parra de la misma casa de siempre, en el apacible pueblo de San José. Y el resto de los nietos, que suelen llamarse hermanos, para el asado de bienvenida. “Todos sabemos que no es fácil, pero que se puede, y que una vez que lo asumimos lo que viene por delante es sumamente reparador”, le dijo Victoria Montenegro a Infojus Noticias. “Por eso cuando ella lo defina es una buena excusa para el asado de bienvenida que damos los nietos”.

La causa judicial

En 1994, el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos de Mendoza (MEDH) giró a la casa de las Abuelas una denuncia anónima que había llegado a sus oficinas, advirtiendo de una beba nacida en marzo de 1978 que había ido a parar repentinamente a la casa de un matrimonio mayor. La chica había sido inscripta como propia aunque creció sabiendo que no era hija biológica del matrimonio que la había criado.

La causa siguió su curso, pero con dificultades. “La dificultad para reconstruir las huellas que el terrorismo de Estado borró impiadosamente, hicieron que el hallazgo de la hija de Gladys y Walter se demorara 21 años más”, explica la Asociación en el comunicado.

En el año 2001, la familia creyó haber encontrado al nieto desaparecido, a quien siempre habían creído varón. Un chico muy parecido a Walter, que había sido entregado por un oficial del Ejército a su hermana, que residía en Córdoba. Con el abogado de la familia, Alfredo Guevara Blanco, lograron cotejar sus datos genéticos. “Después de muchas idas y vueltas logramos que le hicieran un ADN, en un consultorio privado, y dicen que dio negativo. Sigo buscándolo”, dijo en la abuela María en 2011 a un diario mendocino.

El resultado negativo de esos análisis frustró a las familias Domínguez y Castro, y se archivó la investigación judicial porque había llegado a un punto muerto. Promediando el 2009, el expediente con la denuncia del caso fue derivado, junto con otros, a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI). En abril de 2014, la Secretaría de Derechos Humanos impulsó la creación de un equipo de aproximación a posibles hijos de desaparecidos, una estructura análoga a la que se había creado en Abuelas en el año 2006. Después de trabajar con el caso, la llamaron en febrero de 2015 y le transmitieron las sospechas. La nieta de María y Angelina “accedió inmediatamente” a hacerse el estudio genético. El 16 de julio último, la mujer que resultó nieta de María y Angelina, sobre la que por el momento no se dieron más precisiones, accedió a realizarse un estudio para establecer su identidad y el jueves pasado, 27 de agosto, el Banco Nacional de Datos Genéticos informó a la CONADI que era hija de Walter y Gladys.

LEÉR MÁS  Hoy no abren las oficinas del Registro Civil de la provincia

 Paralelamente, tres meses atrás, el abogado Pablo Salinas —nuevo abogado de Osiris y María de Domínguez y apoderado de Estela Carlotto en la provincia—, y el abogado de Abuelas, Alan Iud, presentaron un pedido a la justicia federal de Mendoza que reabra la causa por la búsqueda de la nieta. El juez Walter Bento accedió: ahora los resultados de los análisis ya están en ese expediente. “Ahora se va a sumar información y pensamos que va a tomar un nuevo impulso”, dijo Salinas a Infojus Noticias. “No tenemos a los autores directos, de la patota, pero la causa ahora se va a direccionar a la patota policial y militar del D2”.

El MEDH fue fundado por militantes como Pocha Camín —a quién Estela le dedicó un párrafo de agradecimiento en la conferencia—, Armando Camín, Elba Morales —actual apoderada legal del organismo—, vinculados a las iglesias metodistas y las expresiones tercermundistas perseguidas por el terrorismo de Estado. “Parecido a la conformación de la Vicaría de la Solidaridad en Chile, que fue el único organismo que denunció los crímenes de la dictadura de Pinochet”, explica Pablo Salinas, actual miembro del MEDH, desde Mendoza.

LB/LC

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here