Sin embargo, en ocasiones pareciera tratarse de una propiedad del hombre que, una vez más, intenta modificar la naturaleza a su favor, llegando a poner en riesgo incluso su propia vida. 

Y aquí es donde nuevamente vuelve a resonar el nombre de Monsanto,
la transnacional estadounidense que se volvió conocida en todo el mundo
por producir y comercializar semillas modificadas genéticamente.

Aunque la compañía señala en su sitio web que “Miles de millones de personas dependen de lo que hacen los agricultores. Y miles de millones más lo harán en el futuro”,
no parece importarles demasiado, ya que con lo que hacen inciden de tal
modo sobre la alimentación de miles de personas en todo el mundo que
llegan a ponen en peligro su salud e incluso, su vida.

Pero
esto es tan solo “un pequeño detalle”, que no tuerce para nada la
balanza del afán de lucro obtenido a partir, especialmente, de los
monocultivos como la soja.

Según el informe “¿Quién controla los insumos agrícolas?”, Monsanto se encuentra primero dentro de las 10 compañías de semillas más grandes del mundo, controlando un 26% del mercado mundial.
Pero no solo eso, sino que también se encuentra dentro de las cinco
empresas agroquímicas más grandes del mundo, al producir y comercializar
el herbicida “Roundup”, que contiene como principio activo el glifosato.

LEÉR MÁS  Emotiva carta de la madre de Sebastián Bordón a la madre de Santiago Maldonado

Recientemente,
la Sala III de la Cámara Nacional Argentina de Apelaciones en lo Civil y
Comercial Federal, ubicada en la ciudad de Buenos Aires, rechazó
la demanda que la multinacional había lanzado para declarar la
inconstitucionalidad de un artículo que señala que no se considera como
materia posible de ser patentada las plantas y los animales; para así
poder patentar las semillas transgénicas que produce.
Haciendo un paralelismo entre las semillas y el lenguaje, los jueces
señalaron que: “Ningún escritor patentaría el idioma por haber escrito
una novela”.

El tribunal sostuvo que cualquier aporte técnico a
la biotecnología con aplicación industrial no es necesariamente
patentable, dado que implica la modificación de una materia ya existente
en la naturaleza y esto no implica una creación humana que es el
requisito central para las patentes.

En este sentido, la Ley de Patentes establece que no se consideran invenciones: “Toda clase de materia viva y sustancias preexistentes en la naturaleza”, y que no son patentables: “La
totalidad del material biológico y genético existente en la naturaleza o
su réplica, en los procesos biológicos implícitos en la reproducción
animal, vegetal y humana, incluidos los procesos genéticos relativos al
material capaz de conducir su propia duplicación en condiciones normales
y libres tal como ocurre en la naturaleza”.

LEÉR MÁS  Quedó imputado el gendarme involucrado en la detención de Maldonado

Este
fallo tiene como antecedente la presentación, por parte de Monsanto, en
1995 ante el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI), el
organismo estatal encargado de registrar las patentes por invenciones
con aplicación industrial, una solicitud de patentamiento. Aunque este
ente rechazó su solicitud, al considerar que se trata de materia viva,
preexistente en la naturaleza y, por lo tanto, no de un invento; la
compañía recurrió a la justicia federal para que se declarara nula esta
resolución. La justicia falló a su favor, pero el INPI apeló y esto fue
lo que motivó el fallo de la Cámara al que nos estamos refiriendo.

¿Qué es lo que pide Monsanto Argentina?

La
compañía reclama el pago adicional de un canon por el uso de semillas
transgénicas que ellos comercializan, en concepto de patente.

“Las
patentes son necesarias para asegurarnos de que recibiremos el pago por
nuestros productos y por toda la inversión que realizamos para
desarrollar estos productos.

Cuando los agricultores
compran una variedad de semilla que contiene tecnologías patentadas,
firman un acuerdo donde adquieren un derecho de uso y una
responsabilidad (…) El valor generado al agricultor por el uso de la
semilla GM es mucho mayor que el costo pagado por el derecho de uso de
la tecnología. Este acuerdo obedece al principio básico que es pagar a
una empresa por el producto que produce”.

Esto es lo que
argumentan en su sitio web. ¿Qué quiere decir en síntesis? Que Monsanto
pretende que los productores, que le compran a ellos sus semillas, les
paguen además un canon extra por tonelada que ingresa al acopio o a la
cerealera si el grano tiene antecedentes genéticos vinculados con
Monsanto.

LEÉR MÁS  A los 81 años murió Federico Luppi

Un detalle importante de aclarar es que, dado que sus
semillas modificadas son las únicas que sobreviven al glifosato, son las
únicas que pueden crecer en tierras que ya hayan sido utilizadas con
ellas.

Este fallo es un paso ejemplificador para toda
Latinoamérica, ya que deja sin títulos de propiedad sobre las semillas
que Monsanto consideraba propias por haberlas modificado genéticamente.
Sin embargo, el gigante multinacional no se detiene y la sentencia ya
fue apelada para elevarse en la Corte Suprema de la Nación.

Por
eso es necesario la organización y lucha de activistas de todo el mundo
para frenar estos intentos reiterados de patentar algo que es de todos y
en lo que se pone en juego nuestra propia vida y de las generaciones
que vendrán. 

La Bioguia

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here