”Al mal tiempo, buena cara”, reza el saber popular desde tiempos pretéritos. Sin embargo, los meteorólogos son los primeros en saber que esto no es así, que el mal tiempo puede ser sinónimo de tragedia para muchas familias. Por eso es que estos profesionales se toman tan a pecho el servicio que prestan. De su capacidad para anticipar inclemencias naturales dependerá la celeridad con que los organismos del Estado puedan montar los operativos de emergencia dirigidos a salvar vidas humanas.

En los últimos años -y todavía en la actualidad-, el título de meteorólogo o de licenciado en Ciencias de la Atmósfera es casi un puente seguro al mundo laboral, fruto de la escasa cantidad de alumnos que se anotan en la carrera, y una demanda estable de profesionales. Sin embargo, el traje de meteorólogo no le calza a cualquiera. Para poder desempeñarse como tal hay que tener un potente sentido de curiosidad científica para explorar los caprichos de la escurridiza naturaleza, y al mismo tiempo asumir una fuerte responsabilidad con la comunidad, ya que sus estudios y predicciones tienen un correlato directo con la actividad humana. Los cultivos, la aviación, la energía, las actividades al aire libre, la pesca, el turismo y el transporte dependen en buena medida de las vicisitudes del tiempo.

María Inés Campos, docente en el Departamento de Capacitación del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), sostiene que es necesario tener una sólida base físico-matemática para comprender los fenómenos del tiempo y clima. ”Si bien ahora la tecnología y el conocimiento científico se han desarrollado enormemente y ayudan a resolver problemas, aún hay mucho que estudiar y descubrir.”

Para el SMN, la gallina de los huevos de oro es la universidad. De ahí que las principales fuentes de captación de talento sean las carreras de Ciencias de la Atmósfera y los Océanos de la Universidad de Buenos Aires, y a futuro, la carrera que se inauguró en la Universidad Nacional de La Plata. Tomando en cuenta la escasa oferta de profesionales, en 2010, el Ministerio de Ciencia, la UBA y SMN lanzaron conjuntamente un plan de becas (con proyección hasta 2018) para promover el estudio de la carrera. Este año, las becas por alumno ascienden a 9000 pesos.

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El Servicio Meteorológico es uno de los destinos naturales que mayor demanda tiene de profesionales meteorólogos. Por eso es en el ingreso a la universidad donde el SMN puso la lupa y articuló un programa con la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA con el fin de difundir el campo ocupacional de la carrera y atraer a jóvenes interesados. ”A los alumnos que han aprobado el CBC se les da una charla todos los años, especialmente a los ingresantes de Física para invitarlos a pasarse a meteorología. Es la gente que tiene la vocación y las habilidades, ya que la meteorología es una rama de la física aplicada”, resaltó Campos.

Julia Reartes, responsable de Recursos Humanos del organismo, destaca que ”el perfil profesional del egresado de la UBA es altamente calificado”. Con la aprobación del tercer año de cursada, los estudiantes obtienen un título intermedio y al superar esa marca se encuentran en condiciones de ser reclutados por el SMN. ”Una vez adentro del organismo se brinda entrenamiento en el puesto de trabajo durante un año para lograr un desempeño autónomo”, explica, al tiempo que detalla que actualmente los puestos que más se demandan son pronosticadores aeronáuticos, pronosticadores para vigilancia por sensores remotos, observadores de superficie para determinadas locaciones fuera de Buenos Aires y técnicos electrónicos para el mantenimiento del instrumental meteorológico.

Los ”headquarters” del SMN están en la capital porteña. Sin embargo, a esta terminal llegan los reportes de la red de 124 ”estaciones sinópticas de superficie” diseminadas en distintos puntos del país y de la Antártida. En cada una, un observador meteorológico mide, registra y envía los datos de parámetros meteorológicos: temperatura, humedad, presión atmosférica, viento en superficie, tipo y cantidad de nubosidad, y precipitación. El observador debe repetir este proceso de manera regular según el plan de labor de la estación (cada 1, 3 o 6 horas) para de esa manera ir conformando una serie temporal que informe sobre la evolución de las variables. Con esa información en la mano, más los modelos numéricos, las imágenes satelitales y de radar se puede avanzar en el pronóstico.

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La Red Nacional de Observación, a partir de la cual se elaboran luego los pronósticos y otros productos meteorológicos, se nutre gracias al trabajo de los observadores. Este perfil laboral también es demandado para cubrir necesidades en distintas provincias. Para desempeñarse en este puesto que requiere título habilitante, la persona debe hacer un curso brindado por el SMN y ser egresado preferentemente de escuelas técnicas electrónicas.

La responsable de la División Pronóstico del SMN, Alicia Cejas, explica que ”el objetivo de la Oficina de Pronósticos es ayudar a los organismos de defensa civil y al público en general a tomar decisiones informadas, que puedan proteger su vida y sus bienes”.

En la Oficina de Pronósticos se trabaja las 24 horas, en dos turnos. Sobre la base de los reportes de observación y del monitoreo de radares y satélites, los pronosticadores se embarcan en una tarea colosal: determinan la tendencia del tiempo hasta 96 horas, realizan el pronóstico para el Río de la Plata y el océano Atlántico para los navegantes de ultramar, y en caso de ser necesario envían alertas a los organismos estatales correspondientes. ”En nuestro trabajo nunca un día es igual otro, porque la evolución del tiempo en el país nos marca los cambios en la rutina”, puntualiza.

El personal del SMN no se agota en los pronosticadores y observadores. ”Otros meteorólogos se dedican a la consistencia, control y calidad de la información, confección de estadísticas de estudios climatológicos, de hidrología. También está la parte aeronáutica, un servicio especial que da información sobre lo que necesita un avión en una ruta y para despegar y aterrizar”, explica María Inés Campos. Algunas de las posibilidades por fuera del SMN que tiene el graduado es el trabajo en consultorías, aeronáutica, agronomía, investigación en el Conicet, operaciones en el mar y en plataformas offshore.

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El otro ámbito donde los ”apóstoles” de la actividad meteorológica apuestan a llevar su predicamento, en una búsqueda más de mediano y largo plazo, es la educación. Para Campos es imprescindible que los niños se familiaricen con la meteorología desde y a lo largo de todos los ciclos escolares. Hay terreno fértil para avanzar. En los motores de búsqueda de Internet, los resultados referidos al cambio climático superan con creces el medio millón de entradas. El tiempo es un tema que se cuela en casi todas las conversaciones, desde la clásica escena de ascensor hasta en las primeras citas, como recurso para romper el hielo. El tiempo dirá si el creciente interés en estos fenómenos se traduce en un aumento de la cantidad de profesionales.

El pronóstico es falible

”El pronóstico nunca va a ser 100% certero. Puede que haya estado bien pensado y después el evento no se dio en la naturaleza como se esperaba. La atmósfera es caótica”, advierte Campos.

Lamentablemente, los meteorólogos tienen que lidiar con las críticas de los usuarios más severos, pero lo que más agobio genera en los expertos del tiempo es cuando se avecina un evento meteorológico crítico y de alto impacto para la población, como un feroz frente de tormenta. ”Si hay incertidumbre acerca de si va a ocurrir ese evento, somos muy cautos en darlo a conocer para no generar pánico en la población. Pero a veces ocurre que si el fenómeno fue divulgado por otras fuentes y llega a la población a través de medios radiales y televisivos, después las consecuencias recaen en la Oficina de Pronósticos del SMN”, describe Cejas.

Ganarle de mano al tiempo, tomarle el pulso y anticipar cada uno de sus movimientos es una carrera de obstáculos para los profesionales, pero en definitiva es un servicio que produce grandes beneficios a la sociedad.

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