Por Marcelo Castro Fonzalida
Mucho se dijo de Jáchal a esta altura sobre la lucha que están llevando a cabo todos los jachalleros. Y sobre todo a cuantas cosas se enfrentan por sus bienes comunes en el Valle. Pero otra vez y como se repitió en el primer derrame fechado el 13 de septiembre de 2015; los sanjuaninos deben luchar con una justicia local que mira para otro lado, mientras Barrick Gold vuelve a trabajar, explotar y a ejercer, otra vez, el miedo a que se conozca un nuevo derrame.
Para todos los habitantes de Jáchal vivir con la incertidumbre de que si beben agua de su grifo corren peligro es una constante diaria.  Lamentable es la situación de más de 20 mil habitantes que están alarmados, quieran o no aceptarlo. Es que algunos minimizan los dos derrames conocidos y reconocidos por Barrick ya que aún están seducidos por algún tipo de relato de progreso. También por que son fervientes seguidores del Giojismo.
Lo cierto es que la crisis social que hay en Jáchal es extremadamente grave. Desde que cientos de vecinos decidieron congregarse en asambleas y grupos autoconvocados se vislumbraron otras carencias. No solo la ambiental.
San Juan sigue siendo una de la provincia con alto índice de desocupación. Jáchal no es la excepción. Mientras la mega minería sigue haciendo falsas promesas la pobreza en Jáchal se nota. A la vez el pueblo quedó congelado en el tiempo. Las casas precarias y de adobe en pleno centro jachallero dejan de ser un atractivo vintage y se convierte en la realidad del no progreso. La falta de un buen plan urbanístico desde hace años en Jáchal es un tema nunca tratado. Mucho más desde que las mega mineras se instalaron. Fue fácil. Esas corporaciones se dedicaron a comprar voluntades, ayudar con alguna pequeña obra para seguir alimentando el relato de progreso. Nada más. Nunca se hizo una planificación estratégica sobre las verdaderas obras públicas en el pueblo sanjuanino. Todo lo que debió ser verdaderamente el progreso para Jáchal fue cercenado.
Los políticos en Jáchal encaran campañas en elecciones con promesas efímeras y circunstanciales. Nunca con obras y fomentos para productores y planes turísticos. Ni que hablar del deporte o la salud. Sin ir más lejos en menos de 10 años cerraron dos clínicas privadas importantes para el pueblo. Solo quedó el hospital estatal y con carencias de todo tipo, sobre todo de profesionales especialistas. Todo esto también se sumerge al filtro de la lucha contra Barrick. Muchos de los vecinos jachalleros no solo luchan por los bienes comunes y el medio ambiente, sino por un Jáchal prospero. El progreso no es el problema, sino el que las mineras quieren hacer creer.
Ante la toma de la Municipalidad de Jáchal por parte de la asamblea de vecinos jachalleros se traza una crisis institucional también. Los vecinos realizaron esta medida por que no hay más respuestas. Nadie les ofrece una solución. Lejos de eso, terminan, en el caso de la justicia sanjuanina, fallando a favor de Veladero.  El intendente Miguel vega, le guste o no, debe aceptar que la asamblea Jáchal No se Toca influye sobre muchas cosas en Jáchal. El mandatario municipal debería haber tenido más dialogo desde el principio con ellos y todos los sectores que representan mayorías y minorías en el pueblo. Dejar arrogancias personales y configurarse como un hombre bien político. Aunque le cueste algún reto del actual gobernador de San Juan, Sergio Uñac; o peor aún del padre de las megas mineras, José Luis Gioja.
Desde que el cacique comunal Vega asumió el mando del departamento debió saber que el poder es del pueblo, ese mismo que lo votó. Teniendo en cuenta también que en estos temas de defensa sobre las soberanías territoriales, el intendente debe responder a esa masa de personas que vive en Jáchal. No es fácil, pero en varios departamentos provinciales del país el intendente que se puso frente a las corporaciones mineras no solo son respetados, sino elegidos una y cada vez como  intendentes. Tal vez Vega, esta vez, esté a la altura de hacer política social en serio; por más que tenga parte de su gabinete impuesto y concejales de su propio partido inexpertos totales para afrontar análisis sociales- económicos- políticos y culturales para el pueblo. Lamentablemente esto no es de ahora. Los jachalleros se merecen cosas claras y políticos a la altura de Jáchal, que defienden a todos, sean plurales y que tengan una mejor cara institucional. Los partidos políticos que habitan en el norte sanjuanino están desgastados y también son parte de esta crisis institucional. La cuestión, hoy por hoy, es todos por Jáchal.
Hay escépticos que increíblemente no solo no quieren creerle a sus propios vecinos, sino a estudios de universidades y peritos internacionales que demuestran que la contaminación existió, existe y perdurará en el tiempo. Todavía algunos creen que estos movimientos autoconvocados se nutren de políticas partidarias. Solo se resumen a eso. Nada más. Aquellos indiferentes no piensan en Jáchal, ni en sus hijos. Están obstinados con Gioja y Uñac. No se permiten ser críticos a un partido político que tuvo muchas falencias y sobre todo que cometió el grave error de ser el responsable de contaminar todo un pueblo, en tanto adentro todos los funcionarios ocasionales que fueron serviles a lo que Barrick mandó junto a Gioja.
Los políticos son los jachalleros. Ellos desde hace tiempo que luchan y pergenian estrategias no solo de lucha contra las mega minería, Veladero, Minas Argentinas o cualquier otra empresa aurífera. Sino que cuando entendieron que esto se ponía sobre el tapete, también debía hacerse un análisis para todo Jáchal. Desde todos los ámbitos. Y que involucre a todos los pobladores. Sobre todo, para que la actividad campesina vuelva a tener el lugar que tenía antes que los proyectos mineros se instalen.
Lo último que están haciendo los legisladores provinciales y departamentales es político, solo se están defendiendo de ellos mismos. Que nadie los escrache en las redes sociales y que no les digan nada. Mientras tanto, los jachalleros bien nacidos entiendan que es un problema estructural y súper estructural lo que está pasando en el valle sanjuanino. Solo basta pensar que cada acción verdadera es para que Jáchal progrese y no termine como muchos ya lo piensan: un pueblo fantasma.
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