Hay roles y responsabilidades por cumplir en una organización. A veces esos motes no son asignados, lo demanda la lucha. En una asamblea pasa eso. Todos tienen responsabilidades, porque ellos saben que la mayoría es uno y uno es todo. Como dice el Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel “una gota es el río, y un río es una gota”. Así se ven desde afuera los asambleístas jachalleros que están luchando hace medio mes contra Barrick Gold. Están conformados y unidos a pesar de las diferencias que pueden existir.

Muchos jachalleros demostraron que son más que un departamento en pie de lucha contra la multinacional canadiense, sino que son un pueblo que puede defender con uñas y dientes lo que cree justo.

Le guste a quién le guste un sector grande de Iglesia y casi todo Jáchal está muy enojado. Están rabiosos con la mina, con Gioja, con su intendente, con el cura del pueblo, y también con los que quieren desunir y destruir una gesta. Estos últimos pueden llamarse, entre otras cosas: carneros, vende patria, mezquinos, mercenarios, ingratos, lobistas mineros o profilácticos.

En la edición de este domingo 27 de septiembre, Diario de Cuyo publicó la columna de un periodista llamado Ricardo Olivera afirmando que “Jachalleros en contra de Jáchal” rondan en la ciudad. El comunicador tilda, palabras más palabras menos, de locos a casi todo un pueblo. Así, muy sueltamente, asegura haberle respondido a una muchacha que estaba denunciando la contaminación. Con esto se demuestra que las canalladas en estas lides son las que sobran.

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En el abc de un periodista se dice que jamás hay que generalizar. Nunca. Porque las realidades de una de las tantas verdades que existe son tan distintas como la propia mirada del que escribe. El problema es cuando el que tiene la capacidad de transcribir cuatro líneas seguidas puede generar odio.

Hace unos días Mendoza Opina les advirtió contra quién más deben luchar aquellos que están tratando de dejarle un pueblo más limpio y puro a las generaciones venideras. Deben enfrentarse a lobistas y voceros de la Barrick. Esos escribas y comunicadores a sueldos que con sus opiniones pro contaminación llenan sus cuentas bancarias.

Hagamos un recorrido por el famoso sentido común del que tanto teme cualquier periodista. Se puede decir que se engendró caos en pueblo con las colectas de agua masivas a nivel nacional que se están llevando a cabo; pero no. Hay una necesidad real del sector más empobrecido de Jáchal que espera esas donaciones. No tienen el dinero para comprar todos los días una botella. Entonces el caos no lo sembró un mensaje de WhatsApp, sino la propia Barrick. Ya que cada dos o tres días reconfirmó que la cantidad de litros de solución cianurada en los ríos iglesianos y jachalleros aumentaba a números altísimos. Acá el sentido común: Si desde la empresa que viene hace más de diez años pagando en publicidad en casi todos los medios del país para decir “minería responsable”,  ¿Cómo le crees ahora? Beneficio a la duda o mejor dicho beneficio a la lucha.

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Sigamos transitado el menos común de los sentidos: El casco urbano de Jáchal es aproximadamente de diez mil habitantes. Hace unos días en una asamblea, en la plaza departamental jachallera había más de siete mil auto convocados. Es decir, casi toda la masa urbana estaba agrupada para expresar el enojo a Barrick. Entonces: Si estaban casi todos, algo está pasando ¿no?

Es menester explicar porque este peregrinaje de algo que por ahí ya se sabe: que la mina contaminó a largo plazo el medio ambiente norteño de San Juan. Aunque a algunos lo nieguen. Y vaya que si lo hacen. Pero no se conforman con eso; sino con enfrentar a vecinos contras vecinos. Una película ya vista desde hace años.

El algo habrán hecho setentista para apañar la dictadura tiene otros nombres y colores en esta época. Muchos se encargan de mantener vigente esas posturas. El suponer que lugareños de un pueblo están contra otros del mismo suelo no hace más que dejar en manifiesto de qué lado se está mirando a la sociedad. Estar a favor del pueblo no es fácil. En cambio pararse en la vereda del poder capitalista y salvaje tiene una buena remuneración.

El problema no radica en la decisión personal de escoger un camino, sino que importe muy poco codearse con la devastación de un pueblo. Con la destrucción de la Cordillera de los Andes. Con sentenciar a muerte a generaciones. Con mirar a un genocidio ambiental como progreso. Ahí está el costo de los que pululan ser defensor del ideal de superación de un pueblo a través de mega emprendimientos mineros.

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Es más fácil enfrentar con un pensamiento sarmientino entre Civilización o Barbarie; mineros o anti-mineros a  la sociedad sanjuanina. Va más allá de eso. Entrar en esa discusión dicotómica es casi una pugna interminable e utópica. No existe. Pero algunos usan ese recurso. No les queda otra cuando saben que el poder del pueblo puede llegar a ser más grande. Pasó en Mendoza con la ley 7722. Pasó en Famatina y Esquel.  Puede pasar en San Juan.

Las naves están listas para dividir. La lucha contra Barrick Gold recién comienza. La presión hacía un gobierno provincial que está a punto de despedir políticamente a su gobernador eterno también. Jáchal tiene una mínima historia pasada contra la contaminación. Está en plena gesta. La configura. Y en esa misma historia hay de todo.

La responsabilidad de enfrentar y dividir a una ciudad es un error hasta antropológico. Porque en Jáchal e Iglesia hay herencias étnicas que veneraban a la madre tierra. Y  nuestros pueblos originarios defendían el medio ambiente con lanzas y místicas. Era su fuente de vida. Por eso, querer creer y venderles a unos pocos el relato del enfrentamiento entre jachalleros es muy difícil. Porque ancestralmente la unión es más sólida que cualquier miramiento individual.

No se trata de estar de un lado o del otro. La ecuación es sencillamente compleja: Un vaso de agua ¿con o sin cianuro?

Escribe: Marcelo Castro Fonzalida

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