Los curas de Mendoza justifican el cobro por dar los sacramentos

A pesar de la crítica del papa Francisco sobre el cobro por realizar ceremonias de casamientos y bautismos en iglesias católicas, en Mendoza ese sacramento se sigue cobrando. Pero los sacerdotes justifican las tarifas asegurando que deben pagar servicios. Sin embargo aclaran que “los sacramentos no se venden, sino que se pide una colaboración para cubrir los gastos de mantenimiento del edificio”. Desde la Catedral de Loreto critican la parafernalia que rodea a los casamientos y aseguran que “se ha montado un circo caro en el que se beneficia gente externa y que no tiene nada que ver con la fe”.

En respuesta a la idea popular de que “casarse por iglesia es un lujo para pocos”, Aldo Vallone, párroco principal de la Catedral de Nuestra Señora de Loreto, aclaró que se trata de una frase que hace mención a una serie de añadidos a la ceremonia “que no son imposiciones sacramentales de la Iglesia Católica y que responden a un circo caro con fines costumbristas”.

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“Lo único que pedimos es una colaboración de $550 para el pago de los costos de mantenimiento del edificio”, comenta el sacerdote y explica que a diferencia de lo que se piensa, la catedral principal de los mendocinos tiene que pagar “cuantiosas sumas” por la energía eléctrica que consume, ya que pagan la tarifa comercial. “Cada vez que realizamos una ceremonia encendemos 12 iodines (reflectores) y 40 bombitas de luz, lo que representa 2700 watts por casamiento”, especifica.

Contra el “circo”

A pesar de que Francisco había denunciado que las iglesias cobran servicios complementarios como arreglos florales, coros y otras excentricidades, Vallone aclaró que en Mendoza “es una práctica permitida, pero no promovida ni arancelada desde la parroquia”.

“Lamentablemente los casamientos han tomado un sentido festivo, de tinte social y económico que no tiene relación con las máximas de la fe sobre el sacramento del matrimonio”, sentenció.

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El párroco comentó que alrededor de cada ceremonia “se ha montado un negocio externo y autónomo”, que eleva los costos entre $10.000 y $30.000 entre fotografía y filmación, arreglos florales de los más variados, vehículos lujosos para trasladar a los novios, el vestido blanco y el esmoquin. A esto se suelen sumar coros contratados de personas que ni siquiera pertenecen a la iglesia y cuyos repertorios no siempre se adaptan a los cantos litúrgicos tradicionales, lo que genera roces entre los organizadores y los párrocos.

En sintonía con el Papa, Vallone propone que las ceremonias se alejen de la espectacularidad actual para concentrarse en lo sacramental. Con el resurgir de los jóvenes católicos tras la llegada de Francisco al Vaticano, “hemos visto más fuerza desde el sentimiento, lo que permite trabajar en la convicción, para no caer nuevamente en el costumbrismo”, argumentó.

Fuente: VoxP

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