Por Vanesa Kozub

Lo sorprendente es que la medida solo parece considerar agricultores a los productores de cereales y oleaginosas de la Pampa Húmeda, que son los exclusivos beneficiarios de la medida. Pero nada dice de los agricultores de otras regiones del país, como los de nuestra región, que laboran la tierra con igual o mayor esfuerzo que los otros, y sin embargo no recibieron ninguna consideración para ayudar a las alicaídas economías regionales.

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Nadie se opone a que se beneficie a los de la Pampa Húmeda, pero hay una serie de valoraciones que son insoslayables y que señalan la gravedad del ”olvido” del gobierno. En primer término, hay que decir que en ciertas regiones, como la nuestra, el trabajo agrícola enfrenta muchas mayores dificultades por las condiciones geográficas y climáticas, que hacen que se deban redoblar esfuerzos. Los agricultores mendocinos, por ejemplo, pagan sus tasas de Irrigación y deben cuidar el recurso escaso e invertir en el mantenimiento de su infraestructura, mientras que en las zonas beneficiadas el agua es gratis, tanto por su provisión como por no pagar ninguna clase de tributo por su uso.

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El segundo punto, pero no el menor, es que los agricultores surmendocinos y de otras economías regionales sostienen un modo de labor que es mucho más intensivo en mano de obra, con la consiguiente creación de puestos de trabajo y distribución de riqueza, punto tan caro al ”modelo”. La soja se produce con un empleado cada cincuenta hectáreas de campo, una cifra incomparable con lo que sucede en una finca frutícola o de vides.

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Un olvido que no se entiende, y mucho menos teniendo en cuenta la prédica que lo sustenta.

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