Lejos de casa

 

 

Genio nacido de plumín con tinta china y acunado en Guaymallén, hizo su paso por la Escuela de Bellas Artes de Mendoza, mas la abandonó para dedicarse al dibujo humorístico. Partió a Buenos Aires, a los 19 años, pero en su primer intento fracasó, cinco años después probó suerte nuevamente y arrancó publicando su primera tira en Esto es. Desde ese momento su producción no se detuvo. Multipremiado y traducido a varios idiomas, incluso al chino, Joaquín Salvador Lavado –Quino– tal vez sea uno de los menducos que más han trascendido a nivel internacional. Pensador, humorista y agudo ilustrador de nuestras venturas y desgracias, Quino pasa sólo de visita por tierra mendocina.

 

Otro consagrado, al que el despegue hacia Buenos Aires lo sacó del anonimato, es Fuad Jorge Jury; nacido en Luján y emigrado en busca de su destino, se abrió paso en medio de la adversidad hasta inscribir su nombre en la marquesina: Leonardo Favio. El multifacético creador se reveló guionista, actor y director de cine; compositor y cantante e incluso trascendió como militante político dentro del peronismo. Continúa radicado en Buenos Aires. Siguiendo la huella, hoy inciden los actores Mike Amigorena y Patricia Palmer; aún suenan los Enanitos Verdes y triunfa la lírica Fabiana Bravo; las letras reconocen a Antonio Di Benedetto y a Rodolfo Braceli; y se luce el diseñador Gustavo Quiroga. Ellos son apenas una muestra de otros mendocinos que debieron dejar el pago chico para trascender. Asimismo, no se pueden ignorar los miles de anónimos que partieron con la modesta aspiración de alcanzar una mejor calidad de vida.

 

Siglo XX. El flujo de migración de Mendoza tuvo y tiene como principal destino Buenos Aires y responde a patrones generalizados: del campo a la ciudad y de allí a los grandes conglomerados urbanos. Coincidentemente con otras regiones, la provincia receptó una fuerte ola de inmigración europea hasta la crisis del ’30, luego su población acompañó la convergencia de personas del interior para alimentar el cordón industrial de las zonas con mayor desarrollo, incorporándose al ejército de cabecitas negras que tiñó las ciudades centrales en busca de oportunidades; el gran centro de atracción fue la Capital Federal y el conurbano bonaerense.

 

En una posterior etapa, el proceso de desindustrialización que afectó a la Argentina desde mediados de la década del ’70 influyó también en los patrones migratorios: por un lado, el flujo comenzó a orientarse a las ciudades medianas, tal el fenómeno de desplazamiento de los sanjuaninos y los pobladores del interior hacia la ciudad de Mendoza; y por otro, se inició el éxodo al exterior. Los destinos preferidos de los comprovincianos fueron Estados Unidos, Canadá y España.

 

La gente suele abandonar su lugar de origen en busca de trabajo en la esperanza de conseguir tareas acordes con su capacidad y/o nivel de ingresos apropiados. A esta migración económica, perfectamente tipificada, se incorporan otros móviles como el acceso a niveles de educación o circuitos de formación profesional inexistentes en su lugar, o la posibilidad de integrarse en grupos sociales similares, además de un sinfín de motivaciones especiales. A los factores señalados se suman cuestiones coyunturales expulsivas, como en el caso de la persecución política durante la última dictadura. Este tipo de migración forzada o involuntaria la sufrió, entre otros, Luis Scafati. Dibujante, acuarelista, ilustrador, partió cuando fue expulsado de la Facultad de Artes de la Universidad de Cuyo en 1976. En realidad el golpe militar lo arrojó a Buenos Aires, el cambio lo favoreció y allí se destacó, pero no pudo irse del todo: tiene su casa en Vistalba, donde pasa largas temporadas frente a la montaña con la mano pronta al trazo.

 

Carlos Alonso, pintor y grabador nacido en Tunuyán, antes de su coronación definitiva, recaló en Buenos Aires y paseó sus obras por varios salones del exterior en los años ’60 y ’70. Referente destacadísimo de la plástica argentina, por pertenecer a la corriente social del arte, sumado al secuestro y desaparición de su hija Paloma, se vio obligado al exilio en España e Italia. Regresó al país en los años del ocaso de la dictadura.

 

En el terreno de lo popular, el cantautor Jorge Marziali también se fue por motivos políticos, pero cobró revancha al escucharse fuerte en Mendoza celebrando el advenimiento de la democracia.

 

En números actualizados. Más allá del sentido común; observando los indicadores nacionales, entre 1991 y 2001 el saldo migratorio (diferencia entre ingresos y egresos de población) fue negativo; al mismo se llega indagando por el lugar de residencia de la persona cinco años atrás. Al hablar de saldo se asume que la expulsión de argentinos fue superior a las 870.468 personas ya que durante este lapso también hubo recepción de inmigrantes, básicamente de países limítrofes. Asimismo, en el trabajo de Velázquez y Lende sobre “Dinámica Migratoria en la Argentina” se afirma que a partir de la etapa de fragmentación social iniciada con la dictadura y profundizada en los ’80-’90, la Argentina, salvo coyunturas particulares, ha disminuido su capacidad de ser punto de llegada y ha sufrido el éxodo de su propia población hacia el extranjero. El ritmo de salidas se ve disminuido en la cifras del 2005 y las proyecciones del censo 2010 marcan un parate, lo que en términos específicos sería: saldo migratorio nulo.

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En este contexto nacional, Mendoza tiene sus particularidades; según el último censo de población, mantiene saldo migratorio negativo junto a otras once provincias del país. En cambio las vecinas San Juan y San Luis receptaron más habitantes que los que se fueron.

 

Otro dato interesante del censo 2010 es que, en los números, los varones representan -2.885, mientras que las mujeres son -3.010. Paralelamente las cifras positivas de Buenos Aires marcan que el saldo de mujeres migrantes provenientes de distintos puntos casi duplica al de hombres. Dicho de otro modo, las que más se desplazan desde el interior a Buenos Aires son mujeres. A modo de muestra local, la productora Mansa Ballena, que debutara en la Legislatura provincial en noviembre pasado, está integrada por jóvenes mendocinas radicadas en Buenos Aires.

 

Hay un dato complementario: la tasa de crecimiento de la población mendocina está un punto por debajo de la media nacional. El licenciado Rubén Spedaletti, quien se desempeñara como coordinador de Desarrollo Estratégico de la provincia, a la hora de analizar el censo 2010 indicó que los dos factores que han influido fuerte en la caída de Mendoza son el descenso de la tasa de natalidad y el mantenimiento de la mortalidad, y agregó, como tercera causa, la emigración.

Mitigar distancias. Sobre Callao, a media cuadra de Corrientes, en pleno corazón porteño está la Casa de Mendoza en Buenos Aires, un espacio del Estado provincial asentado hace 75 años para gestionar proyectos gubernamentales y promover las iniciativas de la comunidad provincial.

 

Ambientada con fotos de la cordillera coronada por el Aconcagua y tomas de la vid y el vino, además de promover el turismo, hace de caja de resonancia de la cultura cuyana; por un lado difunde las propuestas artísticas de quienes consiguieron un espacio para mostrar lo suyo y, por otro, cuenta con iniciativas propias y ciclos reconocidos como “Para el tiempo de Cosecha”; gracias a él se filtran cuecas y tonadas en medio de las moles de cemento. A través del MeBA (Mendocinos en Buenos Aires), suerte de cartelera, se puede conocer muestras de plástica, conciertos, conferencias, degustación de vinos, peñas folklóricas y otras especies propias del alma menduca como para sobrellevar el desarraigo y darse a conocer.

 

Según Andrea Feig, de la oficina de prensa, la última actividad organizada por la Casa fue la presentación del libro El idioma de los Huarpes, una forma de matizar mostrando las raíces. Cabe destacar que las y los mendocinos residentes en Buenos Aires pueden gestionar becas de cultura mediante la Casa de Mendoza, allí suelen recurrir algunos migrantes que buscan abrirse camino. Por fuera del espacio gubernamental arriba señalado, Veintitrés no pudo ubicar organizaciones que agrupen a las y los desplazados dentro del país, aunque varios residentes en Buenos Aires hicieron mención a las Tertulias Mendocinas organizadas por coterráneos que les permiten capear el extrañamiento reuniéndose, a veces 20 o 30 personas, en un espacio privado.

 

En cambio en el exterior, particularmente en España, una numerosa colectividad argentina que incluye a miles de comprovincianos, cuenta con aproximadamente 30 organizaciones no gubernamentales distribuidas a lo ancho y largo del país. Están desde Galicia hasta Andalucía y desde Extremadura hasta las Baleares; allí, los residentes integran espacios que los nuclean, contienen o asisten, cuyo punto en común es el sostén de la cultura. También en el vecino país de Chile hay nucleamientos de residentes argentinos. Según datos de un censo realizado años atrás, la colonia comprende alrededor de 100.000 personas; los mendocinos allá radicados se abocan mayormente a emprendimientos turísticos: hoteles, residenciales, tours y similares. La nota especial la constituyen las “Patricias”, un grupito de mujeres de diversas procedencia, que partieron desde aquí acompañando a sus esposos chilenos cuando aquel país volvió a la democracia; ellas han retomado el nombre de Patricias porque están abocadas a bordar una imaginaria bandera para otro cruce de los Andes; pero en este caso para partir desde Chile de regreso a su tierra.

 

Del exilio interno al éxito

 

Jorge Marziali, fecundo cantautor, poeta e intérprete del folklore urbano y rural; hoy sigue sorprendiendo con cada creación. Radicado en Buenos Aires, Veintitrés accedió a él.

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–Coméntenos a qué está abocado últimamente.

 

–Dentro del mundo de la canción y la poesía, lo que hago es trabajar intensamente. Hay tiempos para la composición, otros para la grabación y muchos para los viajes y actuaciones. Este año terminé un nuevo disco –dedicado a exaltar la poesía de Daniel Garibaldi– y estoy terminando la producción artística de un disco de la gran cantora nacional Marita Londra, que pensamos mostrar en marzo o abril.

 

–¿Cuándo y por qué dejó Mendoza?

 

–Dejé Mendoza en 1975, después de que en julio de ese año las Tres A, con apoyo de la Policía Federal, allanaran mi casa. En ese momento no había nadie. Fue una señal contundente. La simple denuncia de un vecino alcanzaba: “Allí vive gente rara, tienen niños chicos, usan poncho y tocan la guitarra” hasta altas horas de la noche. Denunciar a gente así era lo que aconsejaba el gobierno por TV.

 

–¿Podemos encontrar un sello particular o características específicas de los mendocinos que permitan individualizarnos en la gran ciudad? ¿Espacios menducos que usted comparta?

 

–No comparto espacios menducos. Y dudo que los haya de establecida. El sello particular de los mendocinos es el trabajo, el ingenio y en casi todos los casos un talento particular. Me refiero claro a quienes se dedican a algunas de las artes. No conozco ninguno al que le vaya mal en la ciudad. De cualquier modo no somos muchos; el mendocino la pasa bien en Mendoza y no creo que haya una gran emigración, al menos hacia Buenos Aires…

 

–¿Proyecta regresar a Mendoza para quedarse?

 

–Proyectos en ese sentido siempre hay. Por ahora desarrollo varias tareas en Buenos Aires y creo que no es el momento de volver definitivamente. Logré que todos mis hijos y nietos salieran de esa ciudad: a mí me sirve y la quiero; pero ellos no tenían motivos importantes para estar allí. Mientras las provincias no terminen de mirar a Buenos Aires con cholulismo tengo que estar aquí.

 

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Nuevas tendencias

 

Laura Canizo coordina la productora Mansa Ballena, un colectivo audiovisual que nuclea a mendocinas provenientes de distintas vertientes del arte: cine, música y plástica; las jóvenes están abocadas, especialmente, a las temáticas de mujeres.

 

–¿Qué te llevó a Buenos Aires y qué estás haciendo?

 

–Me vine en 2004 porque quería estudiar Dirección Cinematográfica y en la Capital había varias escuelas especializadas, a lo largo de estos siete años nos hemos ido encontrando con otras mendocinas que tenemos intereses en común; ahora estamos trabajando para Mansa Ballena.

 

–¿Tenés contactos con otros espacios mendocinos?

 

–Permanentemente. No he dejado de convivir con mendocinos, cada casa que habité la compartí con gente de mi mismo lugar. Mis amigos son mendocinos que están en Buenos Aires y sigo así a pesar de que ya va para ocho años que estoy aquí; pero todo muy informal, no comparto espacios institucionales.

 

–Sé que estas muy relacionada con los y las jóvenes que se vinieron los últimos años. ¿Qué los trae?

 

–De la camada de los que se fueron en la misma época que yo, recién terminábamos el secundario en Mendoza, la mayoría nos vinimos a estudiar carreras artísticas: cine, actuación, danza y otras. Algunos ingresaron en las universidades de Buenos Aires y La Plata en otras carreras. Una segunda camada más reciente de actores bailarines, incluso músicos, estudió en la provincia y viene a especializarse y a abrirse paso. Aquí el ambiente cultural es más vasto, da más oportunidades de formación y, también, de trabajo. Tal vez un aspecto de los últimos tiempos, interesante, es que los actores suelen armar obras en Buenos Aires y después las llevan a Mendoza y viceversa. Este año estuvo en la provincia un amigo actor, Santiago Borneman, con la obra La Comuna; otro, Alfonso Barón, que hace danza-teatro, vuelve a Mendoza con obras que produce en Buenos Aires; esto por dar algún ejemplo. Últimamente se ve bastante ese movimiento.

 

–¿Pensás en regresar? ¿Qué proyectan tus compañeros y amigas?

 

–Yo, por el momento, no voy a volver. Creo que otros no se lo preguntan; sólo algunos casos, pocos, tienen claro que quieren volver: piensan en proyectos para hacer en Mendoza relacionados con su actividad. Creo que con otras mendocinas hemos compartido el desarraigo; yo hace ocho años que estoy aquí y me parece un montón… en algún momento deseé irme pero hay un punto en que una desata el nudo que tenía con la ciudad en la que no nació y ya está, Buenos aires deja de ser amenazante. Al fin te acostumbrás… La ciudad, a la larga, se convirtió en mi hogar.

Revista Veintitres

 

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