Artrans es una empresa fabricante de transformadores eléctricos que comenzó sus operaciones hace ya 32 años como una pequeña empresa mendocina. Hoy es la principal exportadora del país y cuenta con dos plantas en la provincia, con 120 personas efectivas trabajando de manera directa y 150 de manera indirecta. La firma ostenta hoy una posición de liderazgo como exportador de transformadores.

El caso de Artrans -una empresa mendocina de tecnología con presencia en en distintos países del mundo como Estados Unidos, Canadá, Dubai, Australia, India, Irak, Libia, Sudán y Venezuela, entre otros, es una excepción en una economía como la argentina, cada vez más aislada y golpeada por la recesión y la inflación.

La buena noticia es que no se trata de la única y en distintos rubros se repiten los casos de compañías mendocinas que a fuerza de capacidad de innovación, audacia, desarrollo de productos de alto valor agregado (y, por lo tanto, menos sensibles a los vaivenes de las commodities) y apuestas al largo plazo supieron aislarse de un contexto desfavorable y hoy disfrutan de un presente muy diferente al de sus competidores.

La empresa de Real Estate Gimenez Riili, Peñaflor, Polipetrol, Tassaroli, Belatrix, y Emepa son otras empresas que bien podrían ser elegidas para contar cómo se gesta el éxito en medio de la crisis.

“En fabricación de máquinas de potencia, solamente hay 4 empresas en el país que fabricamos transformadores porque se necesita el dominio de una tecnología mayor. Y en cuanto a la exportación, somos la principal empresa fabricante de transformadores petroleros”, sostiene Rubén Camporotta, presidente de Artrans.

Mientras algunas industrias muestran varios de los peores números de la última década, con récords de suspensiones y cierres, el mayor problema que enfrenta Artrans es cómo seguir mejorando en equipamiento para bajar costos y mantener la competencia.

“No es sólo una cuestión del tipo de cambio. Los empresarios tenemos que hacer el esfuerzo de invertir permanente para lograr nuevas tecnologías, bajar costos, poder aumentar la producción y es lo que nos va a permitir crecer y ser cada día más competitivo para estar en el mercado”, apunta Camporotta.

Búsqueda de innovación

El primer rasgo que comparten las empresas que lograron aislarse de la crisis es la búsqueda de la innovación, que no se circunscribe al producto o servicio que comercializan, sino que comienza puertas adentro y atraviesa todos sus procesos productivos y comerciales.

Polipetrol es una empresa dedicada a la elaboración de combustibles líquidos a partir de la destilación de petróleo crudo. Es una empresa familiar, de capitales mendocinos, con planta en el parque petroquímico de Lujan al pie de la Cordillera. Hoy, la firma se posiciona como la quinta productora de Fuel-Oil en Argentina debajo de las multinacionales YPF, Esso, Shell y Petrobras.

“El nivel de calidad de sus productos y lograr la satisfacción de sus clientes son las premisas más importantes para la empresa. Además, se encuentra en marcha un proyecto para la incorporación de una torre de destilación de solventes alifáticos y una torre de destilación de asfalto a su planta. A su vez se están haciendo las gestiones para incrementar la superficie concesionada para poder instalar la planta de elaboración de parafinas sin solventes, y la planta de gas y solventes especiales”, adelanta Ana María Piottante, de Polipetrol.

Objetivos a largo plazo

Las compañías que ganan participación de mercado en medio de la crisis se caracterizan por trabajar con objetivos a largo plazo, lo que paradójicamente les permite sobrellevar mejor las crisis coyunturales que sus competidores que están pendientes del día a día.

En la misma línea, se pueden mencionar un par de ejemplos claros. Belatrix, la empresa mendocina dedicada al diseño global de software y servicios de desarrollo que fue seleccionada por la prestigiosa MIT Sloan School of Management, dependiente del Massachussets Institute of Technology, para entrenar a sus alumnos.

“Estamos muy orgullosos de haber establecido relaciones con una organización de este calibre, con un historial tan importante en la escena de innovación internacional”, dijo Luis Robbio, fundador de la firma.

La escasez de equipos de perforación y terminación en el mercado local se convirtió, en los últimos tiempos, en uno de los cuellos de botella que limita los planes de expansión de las operadoras hidrocarburíferas.

Sucede que, a raíz del fuerte incremento de la actividad, apuntalada en gran medida por YPF –que prácticamente duplicó la cantidad de trépanos activos en los últimos dos años–, en la actualidad casi no hay unidades disponibles de torre, no sólo de drilling, sino también de pulling y workover.

Para empezar a resolver esa situación –con la mirada puesta en el mediano plazo en el mercado regional–, Consulpet, una empresa local con base en Luján de Cuyo, se asoció con la italiana Drillmec para producir en el país equipos de perforación y workover. Será la primera empresa argentina en fabricar este tipo de maquinaria para la industria petrolera.

Ver las oportunidades

La búsqueda de nuevas oportunidades de negocios también es un motivo de desvelo para Giménez Riili Desarrollos Inmobiliarios, que en un escenario sin créditos hipotecarios y crítico para la construcción, en el último lustro ha urbanizado más de un millón de metros cuadrados y con ventas de más de 600 lotes, que espera duplicar en los próximos tres años.

“En nuestro caso siempre hemos buscado tener nichos de mercado, ser muy creativos, buscar desarrollos y espacios en donde antes no había nada y creo que todas esas cosas nos han dado muy buen resultado”, explica Juan Manuel Giménez Riili, director de la empresa.

“La verdad –agrega el ejecutivo- es que existen amplias posibilidades de comercialización en varios distritos no explotados. Tal vez las perspectivas no son buenas pero si trabajás, sos bueno y le generás financiación a la gente, se puede dar”.

En la actualidad, Giménez Riili Desarrollos Inmobiilarios ha realizado barrios en Kilómetro 11 (Las Cortaderas, el barrio privado más grande de Guaymallén con 600 lotes comercializados), Maipú y San Martín.

Vocación global

Otro elemento en común entre las empresas a las que les va bien en la Argentina actual es su capacidad para no depender exclusivamente del mercado local.

En principio se podría pensar que detrás de esta estrategia se encuentra la premisa de diversificar los riesgos. Pero si se enfoca la mirada se descubre que Tassaroli, Artrans y Peñaflor comparten una vocación global que no es muy común en la Argentina.

En Peñaflor, por su parte, señalan que hoy con sus vinos llegan a 90 mercados, pero destacan que la proyección internacional de la industria vitivinícola llegará de la mano de los productos de alto valor agregado. “Debido a los aranceles que cobran la mayoría de los países para permitir el ingreso de los vinos argentinos, en las franjas más masivas y a granel es muy difícil frente a Chile, que tiene acuerdos de libre comercio con una cantidad enorme de naciones. Por eso, los crecimientos de las exportaciones se dan en los vinos embotellados y de precios más altos”, explica Ramos.

Tassaroli, en tanto, con sede en San Rafael fabrica y desarrolla muchas de las herramientas e insumos metalúrgicos que requiere la industria minera y petrolera nacional y mundial. Acaba de lanzar al mercado un innovador sistema de perforación para la industria petrolera, único en Latinoamérica y que se venderá al mundo. La nueva línea requirió una inversión de $45 millones.

“Hemos hecho foco en algunas líneas de producción, porque para poder llegar al mundo, hay que especializarse”, cuenta Carlos Tassaroli, presidente de la firma.

Tassaroli es proveedora, en minería y petróleo de los “big players”, como la chilena Codelco, la empresa minera más grande del mundo en cobre, poseedora del veinte por ciento de las reservas mundiales del metal rojo. Pero la lista sigue: Barrick, Stratta, Minera Alumbrera, YPF, la china Sinopec, Petrobras y PDVSA, entre otras, figuran entre sus clientes. El 75% de las ventas de la compañía provienen del sector petrolero.

No parecen recetas mágicas, apenas estrategias claras. Algo tan básico y tan escaso en el mundo de los negocios argentinos.

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