La crisis económica azotaba a los Estados Unidos en la década del 30. Los comerciantes peleaban por mantenerse en pie frente a una economía en recesión constante. Algunos, sin embargo, lograron sortear la crisis e hicieron la base de su fortuna mientras otros emigraban en busca de un futuro próspero.
Es la historia de Ruth Graves Wakefield, nacida en 1903 en Massachusetts, Boston, y dueña de uno de los inventos gastronómicos que perduraron para siempre. Con 27 años, era la persona que estaba al frente del Toll House, un restaurante que había construido junto a Kenneth Wakefield -su marido- y que ofrecía comida casera y un elegante servicio que atraía a un grupo selecto de clientes.
En los primeros cuatro meses, Wakefield se las arregló con solo 12 empleados. Tres años más tarde, necesitó 50 personas para que se encolumnen detrás de ella en un modesto imperio que tenía varios locales añadidos al original, en donde en 1938 más de 100 trabajadores servían alrededor de mil comidas al día.
Pero Wakefield no pasó a la historia por sus dotes de jefa. La epopeya de la cocinera estadounidense se suele resumir en que un día, haciendo galletitas, decidió cambiar un poco la receta de las galletas de nueces y mantequilla que servía con el helado, añadiendo chocolate raspado. De allí las famosas galletitas con pequeños trozos de chocolate, conocidas en el mundo como las chocolate chip cookies. En ese entonces, eran incontables las personas que le pedían la receta y las ventas se multiplicaban sin cesar.
Los continuos viajes a Europa que realizaba el matrimonio Wakefield permitió que la mujer reeditara el recetario más de 28 veces antes de 1950, con más y nuevas recetas. Los platos estrella de Toll House eran la langosta, los guisos y los postres. Carolyn Wyman, en su libro The Great American Chocolate Chip Cookie Book, explicó que las galletitas de Wakefield eran ”pequeñas y crujientes, muy distintas a lo que ahora se consideran pepitas de chocolate, pero lo que cuenta es que hicieron furor”.
Se elaboraban en Toll House para distribuirlas en distintas tiendas de alimentación de la zona, y la receta fue compartida de tal manera que el mismo año que aparecieron en el recetario de Ruth, figuraron ya como ”chocolate chip cookies” en el Ohio State Grange Cookbook con la misma fórmula exacta.
Con la fórmula difundida y plagiada por varios chefs, Wakefield decidió vender su receta a solo un dólar a Nestlé, que logró subir sus ventas utilizando la receta y el nombre del restaurante para promocionar sus productos. El 20 de marzo de 1939 Ruth Wakefield vendió sus galletas por USD 37 de hoy, pero a cambio recibió una inmensa publicidad que valía millones.
El logo y el nombre de Toll House pasaron a figurar en los paquetes de pepitas de chocolate Nestlé con la fórmula al dorso. La empresa sigue cumpliendo su parte del trato y los herederos de Wakefield continúan viviendo de la fortuna que materializaron sus antepasados. Se rumorea que el restaurante recibió chocolate gratis durante el resto de su vida.
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