Con gran agudeza relata los tiempos en que vivimos, en donde el miedo no nos deja establecer relaciones duraderas y los lazos solidarios parecen depender solamente de los beneficios que generan.

En este marco, las instituciones no son ya anclas de las existencias personales y los vínculos familiares se van debilitando. El amor se hace flotante, sin responsabilidades que comprometan el futuro. Así surfeamos en las olas de una sociedad líquida siempre cambiante, por momentos incierta y cada vez más imprevisible.

Todo esto se traslada también al mundo laboral que, con frecuencia, deja de tener previsión de futuro, sólo mira el corto plazo, se deshace el sentido de la carrera profesional y se diluye la experiencia acumulada. Todo esto, de una u otra manera, afecta también el balance entre la vida laboral y familiar el cual se transforma en un dilema cada vez más presente en nuestra sociedad.

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A esto se suma la complejidad de la convivencia intergeneracional en donde por primera vez en la historia, las empresas se enfrentan al desafío de gestionar a empleados de cuatro franjas etarias. Este fenómeno está replanteando la forma de trabajar. La posibilidad de conciliar vida laboral y familiar es uno de los factores claves del cambio a la hora de plantearse la atracción de talentos. Este ha sido, precisamente, el eje de la investigación desarrollada entre julio y agosto de este año en el Centro Conciliación Familia y Empresa del IAE, para indagar acerca de las expectativas, motivaciones y valores que predominan en las nuevas generaciones.

Teniendo en cuenta el valor insustituible de la familia y los desafíos que debe superar en la sociedad actual, resulta clave anticiparse a la visión de estos grupos etarios. Ellos son la semilla de la familia argentina, y los hábitos y costumbres que hoy nos dejan ver se trasladarán de un modo u otro a su descendencia. Entender profundamente sus características y sus expectativas es el camino a recorrer si queremos comprender a la familia del futuro.

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El cuestionario fue administrado a 800 jóvenes, entre 19 y 30 años, de los cuales el 62% eran mujeres y el 38% varones. La mayoría se encontraban insertos en el mercado laboral, contaban con estudios universitarios completos y no llegaban al 20% los que ya estaban casados o en pareja. En el relevamiento se evidencia que la familia constituye para ellos el ámbito más valorado en sus vidas (97% y 98% para varones y mujeres), seguidos por los amigos y el estudio/trabajo.

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Ante el contexto planteado, estas cifras resultan esperanzadoras, ya que la familia continúa siendo un espacio valorado por las nuevas generaciones. Mientras que en el terreno político, económico y mediático se producen transacciones, la familia constituye el ámbito de lo insustituible. Es el espacio de la correspondencia, en donde no rigen los intercambios calculados, sino el continuo dar y recibir del que no se lleva cuenta.

Que los jóvenes la valoren así nos invita a trabajar en políticas de conciliación trabajo familia para ofrecerles, desde el ámbito laboral, iniciativas que posibiliten su desarrollo profesional sin descuidar sus responsabilidades familiares. De esto dependerá que las organizaciones puedan atraer su talento.

Ángeles Destéfano: Investigadora del Centro Conciliación Familia y Empresa del IAE para La Nación

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