El ejercicio se asocia con una disminución en el riesgo de padecer muchos tipos de cáncer. En los estudios epidemiológicos, las personas que se ejercitan con regularidad son menos proclives a desarrollar o morir por esta enfermedad que quienes no lo hacen. Al mismo tiempo, el ejercicio implica un estrés biológico, que suele provocar un incremento a corto plazo de inflamación en todo el cuerpo. La inflamación puede contribuir a un riesgo elevado de padecer muchos tipos de cáncer.

Ahora un nuevo estudio con ratones puede ofrecer algunas pistas sobre la paradoja ejercicio-cáncer. Esta investigación sugiere que el deporte puede cambiar la manera en que el sistema inmune lidia con el cáncer, al elevar la adrenalina  y otras sustancias químicas se activan y pueden reducir la gravedad del cáncer o vencerlo del todo.

Para tratar de comprender mejor la manera en que el ejercicio puede aumentar la inflamación y, al mismo tiempo, proteger al cuerpo contra el cáncer, un grupo de científicos de la Universidad de Copenhague, en Dinamarca, decidieron examinar de cerca lo que sucede en el cuerpo de los ratones con un elevado riesgo de padecerlo.

Para este nuevo estudio, publicado en “Cell Metabolism”, juntaron un grupo de ratones adultos de laboratorio. Por lo general a estos animales les gusta correr.

Luego los científicos les implantaron células de cáncer de piel y pusieron ruedas para correr en sus jaulas, mientras que el resto se mantuvo inmóvil. Después de cuatro semanas, los corredores habían desarrollado menos melanoma avanzado que los ratones sedentarios. Además, los corredores diagnosticados con la enfermedad mostraban menos lesiones y eran más pequeñas. También tenían menor tendencia a presentar metástasis, aunque los científicos les inyectaron algunas células cancerígenas en los pulmones para estimular la aparición de metástasis.

Parecía que correr había protegido a los ratones contra el cáncer, al menos parcialmente.

A continuación, los científicos efectuaron una tarea mucho más difícil: aplicaron ingeniería inversa al proceso que, activado por el ejercicio, podría ayudar a combatir los tumores. Primero le sacaron sangre a los animales que se ejercitaban y a los que no, así como células de cualquier tumor en ambos grupos. Luego observaron con microscopios en qué se diferenciaban las muestras.

Tal como esperaban, encontraron niveles mucho más altos de adrenalina en la sangre de los animales que se ejercitaban, en especial después de que corrían en sus ruedas pero también en otros momentos del día. El cuerpo libera adrenalina en respuesta a casi cualquier tipo de experiencia estresante, incluyendo el ejercicio.

También encontraron niveles más altos de interleucina 6 en la sangre de los corredores. Esta sustancia la liberan los músculos que están trabajando; se cree que aumenta y disminuye la inflamación corporal dependiendo de dónde y cómo se pone a trabajar.

Quizá lo más importante es que encontraron una cantidad mucho mayor en el torrente sanguíneo de los corredores que en el de los ratones sedentarios de un tipo de células llamadas células asesinas naturales que, se sabe, combaten fuertemente al cáncer. De alguna manera estos elementos en los corredores (adrenalina elevada, IL-6 y células inmunitarias asesinas naturales, con su riesgo bajo de cáncer), deberían estar conectados, pero no estaba claro cómo.

Así que los científicos repitieron varias veces su experimento original: inducían cáncer y permitían a unos ratones correr y a otros estar en reposo. Pero en algunos de estos experimentos de seguimiento, inyectaban a los corredores con una sustancia que bloqueaba la producción de adrenalina y daban a los animales sedentarios dosis mayores de adrenalina agregada.

Luego examinaron de nuevo la sangre y otras células de los animales.

Lo que encontraron fue que cuando los ratones corredores no podían producir adrenalina, desarrollaban cáncer a la misma velocidad que los animales sedentarios, mientras que los sedentarios que habían recibido una inyección de adrenalina extra combatían sus tumores de mejor manera que otros ratones en reposo.

Fuente: TNYT

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