Mientras respeta el texto de William Shakespeare en una versión de largo aliento, el director Rivas propone un espectáculo con pretensiones enormes en un recinto pequeño, un café concert de poco más de 30 asientos, entre algunas mesas y una pequeña tribuna.

No es la primera vez que el Príncipe de Dinamarca es interpretado por una mujer -ya lo hicieron Sarah Bernhardt, Asta Nielsen y la contemporánea Blanca Portillo-, pero la osadía no deja de tener su encanto.

Se supone que lo sombrío del personaje, su sensibilidad extrema, su dualidad de conducta, aún su locura fingida o no… son elementos que una actriz puede asumir con absoluta autoridad si es que su oficio y herramientas se lo permiten.

Eso es lo que sucede con Toscano, quien si bien tiene antecedentes escénicos interesantes -”Madera de reyes”, ”La prueba”-, trasciende más por su actuación en TV, medio donde se trabaja sobre todo con el rostro y la voz.

El teatro exige otras categorías, requiere posturas, posiciones de manos, emisión audible y dosificada, aun en un ámbito pequeño como el de Arriba de Rivas, donde los intérpretes intiman con el espectador y a veces invaden su espacio.

La actriz sale airosa de su compromiso, valioso en la intención de confirmar el oficio, con un Hamlet andrógino pero no afeminado, por momentos conmovedor y novedoso, de comprensible dicción y clara delineación psicológica.

Claro que Toscano no está sola en esas virtudes. Las comparte con Mercedes Spangenberg a cargo del papel de Ofelia pero también de Horacio, el íntimo amigo del protagonista, en un juego de ambigüedad que el director Rivas controla con pericia.

El travestismo también hace su apuesta en el trabajo de Catherine Biquard como un presentador de music-hall notoriamente inspirado en el Chaplin de ”Tiempos modernos”, personaje que va hilando el relato, distanciándolo desde una irónica actualidad.

La actriz asume, asimismo, el papel del Sepulturero con profundidad y, sobre todo, humor, mientras otros compañeros de la docena de intérpretes cumplen doble papel: es potente la labor de Pablo Mariuzzi como Laertes -hermano de Ofelia- y el amigo Ricardo, Rosencrantz en el original.

La puesta de Rivas aspira a una dimensión que se contradice con lo exhiguo de la escena: busca y a veces encuentra atisbos de espectacularidad en el despliegue de los actores y sagaces recursos como las varias representaciones del Fantasma y, en menor medida, la tela que encubre la actuación de los cómicos de la legua convocados por Hamlet para deschavar la conducta asesina e incestuosa de su madre y su tío.

Hay algún exceso, es cierto, en el tema de la ambigüedad, como la afeitada con jabón y navaja del terso cutis de Toscano, aunque no molesta que Mercedes Spangenberg canturree ”El lobito bueno” mientras cambia de personaje y género como quien cambia de piel.

”Hamlet (La metamorfosis)” se ofrece en Arriba de Rivas (Estados Unidos 308), viernes y sábados a las 20.30 y domingos a las 20.

Telam

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