La tasa de graduación es una de las más bajas de la región y del mundo. En las privadas también hay indicadores bajos. Del total de 124.675 de egresados en 2016, el 44% pertenece a las Ciencias Sociales

Ya desde hace años, en Argentina hay una estadística alarmante en la educación superior: solo se gradúan a tiempo 30 de cada 100 estudiantes que ingresan. La cifra incluso decae cuando se trata de universidades públicas. Allí el 74% de los ingresantes no logra egresar en un plazo de seis años.

El indicador es uno de los más bajos de la región y del mundo. Por caso, México, Brasil y Chile gradúan a más de la mitad de sus ingresantes. Los datos, que surgen de un nuevo informe del Centro de Estudios de la Educación Argentina (CEA) de la Universidad de Belgrano, muestran que entre 2003 y 2016 la graduación en universidades privadas creció un 124,6% mientras que las estatales apenas se expandieron un 38,4%.

“El principal problema es que nuestro régimen de ingreso irrestricto debilita considerablemente el proceso previo de preparación de los jóvenes en el secundario”, le dijo a Infobae Alieto Guadagni, director del CEA. “Por lo tanto, no nos deben sorprender estos resultados negativos, que son el fruto de políticas en curso que perjudican directamente el futuro laboral, principalmente de los más pobres. Hay más de 100 países en todo el planeta, incluso aquellos comunistas, que plantean ingresos selectivos”, agregó.

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Por su parte, Marcelo Rabossi, investigador especializado en educación superior de la Universidad Torcuato Di Tella, dijo a Infobae: “Al no haber control, una vez dentro de la universidad opera una especie de proceso de selección del tipo “supervivencia del más apto”. Y lamentablemente, en este modelo “darwiniano”, los menos aptos para “sobrevivir” son los alumnos de los quintiles más bajos. Digamos, aquellos con menor capital cultural”.

Si se tienen en cuenta el tamaño de las poblaciones, Argentina tiene más universitarios que la mayoría de los países latinoamericanos. Cada 10.000 habitantes hay 438 estudiantes. En Chile la proporción da 364, en Brasil 390, en México, 311 y en Colombia 254. “Podría suponerse que, si tenemos más estudiantes, deberíamos tener más graduados. Pero lamentablemente no es así. Brasil incrementó su graduación un 116,1 por ciento en el período 2003-2015 y nosotros apenas un 59,3 por ciento”, dice el informe.

En 2016, se encuentra otro dato llamativo en las instituciones estatales. El 50,8% de los alumnos no aprobó más de una materia después de un año de permanencia. De acuerdo al boletín, el indicador creció 11 puntos porcentuales desde 2003 y hay grandes diferencias entre universidades. En algunas, como la Tres de Febrero, Villa María, Defensa y Artes tienen valores inferiores al 35%. En las privadas, el índice alcanza el 30,7% de los estudiantes.

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Hasta 2015, el artículo 50 de la Ley de Educación Superior establecía un mínimo de dos materias aprobadas por año. Más allá de que en los hechos no se cumplía, la norma se derogó y pasó a ser responsabilidad de cada universidad decidir sobre la continuidad de la matrícula pese a un mal rendimiento académico.

Según Rabossi, “prácticamente no hay” universidades que discontinúen a un estudiante por no aprobar más de una materia. “No me extraña que así operen ya que culturalmente generaría una conmoción y un revuelo social no reinscribir a un alumno que no ha cumplido con sus requisitos de permanencia”, consideró.

La dificultad en los primeros años de la universidad explica parte de la baja eficacia de la graduación, que incluso viene en descenso en los últimos años. “En las universidades estatales, se pasó de una relación de 30% en el período 2008-2014 a una de 26,3% en 2010-2016. En el sistema universitario privado, la relación de 43% de egresados en 2015 bajó a 41,7% en 2016″, planteó Guadagni.

En los países industrializados, la tasa de eficacia en la graduación suele superar el 70%. Según la UNESCO, el registro más alto lo ostenta Japón (91%), que tiene 777 universidades. En las 86 nacionales -las más exigentes- disponen de un doble examen de ingreso. Primero el examen que diseña el ministerio de educación y después la evaluación que prepara cada institución.

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“Nuestras universidades enfrentan un claro desafío: disminuir la deserción estudiantil, para incrementar nuestra escasa graduación universitaria”, consideró Guadagni, quien piensa que las pruebas Aprender deberían forma parte de un proceso de ingreso tanto a universidades públicas como privadas.

Las Ciencias Sociales, a la cabeza

Argentina gradúa mucho de lo que no necesita tanto y poco de lo que necesita mucho. Como cada año, otra vez en 2016 -el dato más reciente disponible- lideraron los egresados en las Ciencias Sociales. Sobre un total de 124.675 graduados, 54.600 pertenecen a esa rama de estudios, lo que equivale al 44%. En cambio, en las Ciencias Básicas y Aplicadas, claves para el desarrollo productivo, se recibieron 30.156.

La gran mayoría de ellos pertenecen a las estatales. Hay muy poca participación en las carreras científicas y tecnológicas en las privadas. De hecho, se observa que en las estatales hay 72 graduados en Ciencias Básicas y Aplicadas por cada 100 graduados en Ciencias Sociales, mientras que esa proporción se reduce a apenas 28,5 graduados en las privadas.

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