A partir de la promulgación de la Ley de Energías Renovables, cuyo objetivo es que las fuentes energéticas limpias pasen del actual 2% al 8% del consumo eléctrico nacional para fin de año y llegar al 20% en 2025, el sector está en franco crecimiento.
El año pasado, las licitaciones de más de 1000 Mw en el marco del programa Renov.Ar convocaron inversiones por más de u$s 1500 millones para los próximos dos años.
La declaración del 2017 como ”Año de las Energías Renovables” por parte del gobierno nacional busca difundir su uso, mediante la realización seminarios, conferencias y programas educativos.
Según proyecciones de la Cámara Argentina de Energías Renovables (Cader), de aquí a 2020, esta industria podría crear alrededor de 60.000 nuevos empleos en el país.
Cabe aclarar que existen diferentes tipos de energías renovables: Solar térmica (para generar calor) y fotovoltaica (electricidad); Eólica (viento), Geotérmica (utiliza el calor de la Tierra), Hidroeléctrica (utiliza la energía de los ríos y embalses artificiales para mover turbinas), Mareomotriz (generada por los cambios de mareas), Undimotriz (la energía de las olas), Biomasa (se obtiene a partir de desechos agrícolas, forestales o estiércol), Biogás (a partir de los residuos orgánicos), y Biocombustibles (etanol y biodiésel). Cada una de ellas requiere la construcción de instalaciones y equipamientos, y un conocimiento específico.
Las empresas del sector advierten que la escasez de técnicos y profesionales especializados en Energías Renovables puede convertirse en un obstáculo para su desarrollo. Atentas a este desafío, Universidades e instituciones académicas están reforzando su oferta de carreras y posgrados, tanto en esta temática como en otras cuestiones ambientales.
Las fuentes consultadas por este diario coincidieron en destacar que hay un crecimiento del interés y la demanda de este tipo de carreras y especializaciones.
”Hay más demanda de formación profesional en las temáticas ambientales, y cada año tenemos más inscriptos ”, destacó María Fernández, directora de Maestrías y Especializaciones del ITBA.
”La cuestión ambiental dejó de ser un concepto con enfoque meramente proteccionista, y hoy está asociada a múltiples aspectos empresarios y regulatorios, por eso hay un aumento del campo laboral”, apuntó Mitar Begenisic, director de la Diplomatura en Gestión Ambiental en UADE.
Algunas especializaciones, como la diplomatura en Desarrollo y Financiamiento de Energía Renovable que lanzó este año la Universidad del CEMA, apuntan a capacitar profesionales para el desarrollo de proyectos desde la concepción hasta la estructuración financiera, análisis económicos e impositivos.
Sin embargo, no todas son carreras ”nuevas”. ”La primera especialización en Ingeniería Sanitaria fue creada a fines de los años 50 para formar técnicos que trabajarían en Obras Sanitarias (hoy AySA), y continúa dictándose, pero con un enfoque más orientado a la gestión y desarrollo de proyectos”, ejemplificó la ingeniera Rosana Iribarne, a cargo del Instituto de Ingeniería Sanitaria de la Facultad de Ingeniería de la UBA.
Otra de las pioneras fue la carrera de Ingeniería Ambiental de la Universidad Católica (UCA), creada en 1955.
”Hay una demanda sostenida para este tipo de profesionales -comentó el ing. Carlos Sacavini, director de esta carrera-, ya que las empresas requieren de ingenieros y especialistas para cumplir con normativas y responsabilidades específicas en materia ambiental”.
Para quienes estén pensando qué estudiar o en qué especializarse, las ”carreras verdes” son una opción a tener en cuenta.
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