El horror de la nena de 12 que fue violada por su padrastro hasta la muerte

Es uno de los casos más indignantes de la historia reciente. Hoy comienza el juicio.

Florencia Di Marco tenía 12 cuando Lucas Gómez (32), su padrastro y el hombre que había abusado sistemáticamente de ella, la violó hasta destrozarla internamente. Luego, la estranguló y se deshizo del cuerpo arrojándolo debajo de un puente de El Saladillo, en las afueras de la capital de San Luis, para más tarde simular que la nena se había ido de su casa y encabezar una búsqueda dramática.

Una fachada que duró 24 horas. Mientras eso pasaba, la mamá de la chiquita, Carina Di Marco, daba a luz al tercer hijo de esa bestia que se terminó suicidando en la cárcel tras ser detenido por el crimen de su hijastra.

La historia de terror de la vida y el asesinato de Florencia se conoció hace poco más de dos años. Casi el mismo tiempo que lleva presa la madre de la nena asesinada. Para la Justicia, ella sabía del tormento que vivía su hija y no hizo nada para rescatarla. Y no era la única.

Hoy, desde las 9, comenzó el juicio contra Carina Di Marco, acusada de abuso sexual con acceso carnal, de su hija Flor Di marco

¿El martirio silencioso?

Cuando el 6 de enero de 2006 en Junín nació Florencia, su madre, Carina Di Marco, supo que la criaría sin padre. Su novio, que la abandonó cuando estaba embarazada, había desaparecido hacía meses.

Apoyada por su familia, Carina salió adelante: su pequeña era sana y le sobraba amor de parte de sus tíos y abuelos; pero sobre todo de su abuela, a la que la nena adoraba.

En 2008 Carina conoció a Lucas Gómez, un chico de por entonces 23 años que vivía en Palmira y trabajaba en el negocio de golosinas de su padre ubicado frente a la YPF del centro.

Lucas y Carina se fueron a vivir juntos y tuvieron dos varones: uno en 2010 y otro en 2014. «Era una familia normal, con los problemas de cualquiera», recuerdan los parientes.

En setiembre de 2016, Carina quedó nuevamente embarazada de Lucas. Pero económicamente no andaban bien y partieron todos: la pareja y los tres hijos, a la tierra prometida de Cuyo: San Luis. «Allí está mi hermano, él nos va a ayudar», dijo Carina.

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Se instalaron en un pequeño departamento interno del barrio de trabajadores llamado «Lucas Rodríguez», al sur de la ciudad; allí Lucas Gómez vendía mercadería que su padre le mandaba desde Palmira.

Florencia, ya con 12 años, no hablaba demasiado y cuentan que extrañaba a su abuela de Mendoza. Le achacaban esa tristeza al hecho de que comenzaba a transitar su adolescencia.

El lunes 20 de marzo de 2017, Carina fue al hospital porque el nacimiento de su beba era inminente. Lucas quedó a cargo de los tres chicos en casa. El martes nació la bebé a la que le pusieron Trinidad y madre e hija quedaron un día más en el hospital.

El miércoles siguiente, Lucas debía llevar a su hijastra Florencia a la escuela número 313 «Rosario M. Simón» y a su hijo a otro colegio, como hacía todas las mañanas a bordo de su Renault Mégane.

Eso dijo que hizo: «Dejé a Flor en la escuela, me saludó desde la puerta y seguí, como siempre», declaró ese miércoles por la tarde ante la policía cuando él mismo hizo la denuncia ya que cuando fue a buscarla a la escuela «las autoridades y los compañeros me dijeron que la nena nunca había entrado».

Hallazgo
La desaparición de Florencia Di Marco movilizó a la provincia desacostumbrada a ese tipo de eventos policiales. Carina (con su beba Trinidad prendida a la teta) y Lucas salían por televisión para pedir por Flor.

El miércoles, un mujer encontró la mochila de Florencia en un descampado en el barrio El Lince. La mujer encontró un número de teléfono, llamó y la atendió Carina Di Marco, la madre de Florencia.

En la mochila estaban los útiles pero faltaban el celular y 350 pesos que eran los ahorros de la pequeña. El descampado quedaba cerca de la casa de la familia.

De hecho Carina le envió un mensaje desde su Facebook a su hija: «Gracias por la gente que está buscando a mi Flor. Hija aparece por favor …sos la luz de mi vida por favor Dios traémela de vuelta a mi lado». Lucas, por su parte, deslizaba ante las cámaras que la nena «tal vez se fue a Mendoza; extraña a su abuela».

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La policía hizo un rastrillaje con más de 200 efectivos por las afueras de San Luis. Pero Florencia apareció muerta en un arroyo de la localidad de Saladillo, una población pequeña y pacífica a 50 kilómetros de San Luis.

Estaba desnuda de la cintura para abajo y tenía una sola media puesta. Las personas que la encontraron, sin ser especialistas en necropsias, se dieron cuenta de que la nena había sido violada.

Ya con la causa cambiada de averiguación de paradero a homicidio, la jueza Virginia Palacios posó los ojos en el hombre que le habían marcado los investigadores desde un principio: «Es el padrastro, doctora», le decían.

En las redes sociales, Lucas comenzó a ser acusado y por TV se defendía: «¿Cómo pueden decir eso?». Su mujer, que en apenas 48 horas había tenido una hija y había perdido a otra, defendía a su pareja: «Hace diez años que estamos juntos, la nena lo adoraba…».

Complicado

En medio de la necropsia del cuerpo de Flor, el médico forense Ricardo Torres, llegó a una conclusión tan inquietante como espantosa: «La nena fue violada, doctora, pero venía siendo abusada desde hace tiempo», le informó a la magistrada Palacios.

«Quién más que su padrastro, que vivía con ella, podría abusar de la niña?», se preguntó la jueza. Y mandó a investigar los movimientos de Lucas Gómez en las últimas horas, ya que el médico había confirmado que cuando el cuerpo fue en el canal de Saladillo encontrado llevaba al menos 36 horas como cadáver. Esto colocaba al crimen entre la noche del martes y la madrugada del miércoles: horarios en que Flor estaba con su padrastro.

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