La investigación fue realizada por los equipos de Neurología de la Universidad de California, de Salt Lake City y Stanford y del Instituto Max-Planck de Alemania, que analizaron los procesos que afectan negativamente al patrón de sueño.

 

El experimento con ratones, según lo publicado en la revista Science y que reproduce la página web del diario El Mundo, determinó que los roedores con sueño alterado portaban una mutación denominada P385R que juega un papel importante.

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El científico Ying-Hui Fu, neurólogo de la Universidad de California y coordinador de la investigación, destacó que ”se trata de la primera vez que se relaciona una alteración genética con el mecanismo del sueño, lo que significa un progreso muy importante”.

 

Los ratones que portaban esa mutación, introducida previamente por los investigadores, pasaban más tiempo en estado de vigilia y era un período que restaban al descanso profundo, que cumplían los roedores sin la alteración y que sirvieron de grupo de control.

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Los ratones experimentales dormían alrededor de 6 horas 25 minutos y los que no tenían la mutación genética lo hacían 8 horas seis minutos.

 

La mutación genética acortó todas las fases del sueño NREM como se denomina a la somnolencia, sueño ligero y sueño profundo.

 

Pero pese a esta falta de horas de descanso, los ratones al día siguiente realizaban las mismas actividades que aquellos sin la alteración genética y rendían igual.

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Los investigadores concluyeron que los resultados demuestran que la mutación P385R está involucrada en el proceso que regula el sueño y es una nueva oportunidad para ahondar en ese complejo mecanismo.

 

Télam

 

 

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