Enfrentarse a grandes industrias en un área tan compleja como la informática no es tarea fácil. Más aún, con pocos recursos y desde un lugar en donde las condiciones no están dadas para ello. Pero siempre hay quienes se animan, y algunos lo logran. Un ejemplo de esto es Belatrix, una empresa argentina desarrolladora de software que nació en Mendoza de la mano de su CEO y fundador Luis Robbio.
El primer intento de Robbio como emprendedor fue con una empresa que importaba computadoras. No le fue bien allí, así que volvió al trabajo al que había renunciado por dedicarse a ese proyecto. ”Los emprendedores en todo el mundo tienen que aprender a caer y a levantarse. Y en la Argentina, más. Lo que tenemos a favor en la Argentina es que a veces hay un ambiente tan hostil que nos fuerza a ser creativos, y tenemos una capacidad de esfuerzo que a lo mejor no la tienen en otro lugar del mundo”, asegura Robbio.
Fue desde de las dificultades que nació Belatrix, que hoy cuenta con 500 empleados, posee oficinas en Mendoza, Buenos Aires, Estados Unidos, Perú y Colombia, y presenta un ritmo de crecimiento sostenido de 40% anual. Según relata su fundador, después de la crisis de 2001, a partir de la devaluación, surgió la oportunidad de exportar servicios de desarrollo de software al exterior.
”Ahí empezamos Belatrix, que es el proyecto de tres emprendedores, no de uno solo”, cuenta Robbio, quien se apoyó en la colaboración de sus dos hijos para este emprendimiento. ”Belatrix era una locura. Estábamos en el interior del país, que normalmente no exportaba servicios de esta naturaleza. No teníamos dinero para arrancar. El país estaba en quiebra y no había créditos bancarios. Había que autosustentarse”, recuerda.
”El gran desafío es que cuando nosotros salimos, India era la reina mundial de los servicios de desarrollo de software. Y realmente uno se intimidaba por el tamaño de India, por la cantidad de ingenieros que tienen, porque son muy buenos profesionales”, dice el emprendedor. El reto al que se enfrentaba no era menor: debía buscar la forma de competir con aquella gran industria. ”Y lo encontramos: dejamos de competir con precios y empezamos a competir con calidad, creatividad y tiempo de respuesta”, asegura, y añade además que contaron con la suerte de compartir la zona horaria con Estados Unidos.
Luego de consolidarse y asentar bases en el país, la empresa buscó expandirse con oficinas en el exterior, y lo hizo en China. El gobierno del país asiático estaba buscando alianzas con empresas de este perfil para poner en marcha su industria de tecnología informática. Allí estuvieron por casi tres años, hasta que decidieron cerrar y trasladarse a Perú, en donde tuvieron mayor suerte.
Actualmente, el 95% de sus clientes están en Estados Unidos, Canadá y Europa. Su próximo paso a dar es instalarse en Silicon Valley. ”Llegar allí es mi sueño. Las grandes innovaciones del mundo del software y el caldero de la creatividad están en Silicon Valley. Pensamos que antes de fin de años vamos a tener gente allá. Creemos que nos dará una perspectiva diferente”, asegura Robbio.
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