La fiscal Rossi trabaja a contrarreloj. Las pruebas que todavía restan incorporar al abultado expediente de la causa que investiga la muerte de Genaro Fortunato, harán que la fiscal Andrea Rossi trabaje a contrarreloj antes de la audiencia de prisión preventiva que obligadamente deberá realizarse esta semana.

Julieta Silva, imputada por la muerte de su novio Fortunato, deberá sentarse en la sala de audiencias donde estarán Rossi, la defensora Florencia Garciarena, el querellante Tíndaro Fernández y quien encabece dicho encuentro, el juez de garantías Pablo Peñasco.

El viernes vence el plazo para esta importante instancia en la que, ni más ni menos, se determinará el procesamiento de Silva y la acusación bajo la que la mujer sigue ligada a la causa. Además también Peñasco tendrá que resolver, en caso de tener lugar la prisión preventiva de la conductora, cuál será el régimen de cumplimiento: si en la cárcel, como hasta ahora, o en un domicilio propuesto por la defensora, que primeramente solicitará la excarcelación de la pareja del rugbier.

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Como hemos informado en otros artículos, la pericia mecánica ejercida por Policía Científica más el examen oftalmológico de Silva serán clave para que Rossi termine de preparar el alegato que dará ante el juez Peñasco y el resto de las partes. En esa exposición, en base a las pruebas que ha incorporado al expediente, ratificará la primera acusación, donde imputó por homicidio doblemente agravado por el vínculo y alevosía a Silva, o bien podrá dar marcha atrás y atenuar la carátula.

Rossi cuenta con dos testimonios que alimentan su sospecha inicial. Esas declaraciones hacen que la fiscal sostenga que Silva tuvo una conducta dolosa y alevosa, es decir, que quiso atropellar y matar a Fortunato, como lo establece a través de la actual carátula por la que está imputada la conductora. Cabe recordar que el cuidacoches aseguró haber hecho señas a Silva para que detuviera su marcha tras haber pasado por encima a Fortunato, tendido en la carpeta asfáltica luego de caerse cuando buscó impedir que Silva se retirara de donde estaba estacionada. Luego de haber salido hacia el norte por calle El Chañaral, Silva giró en “U”, volvió y a unos 70 km/h aproximadamente arrolló a Fortunato, que aún no lograba reponerse. Unos 13 metros más adelante frenó, según el cuidacoches, por sus insistentes señas.

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A su vez la fiscal tendrá que analizar la posibilidad de un accidente o una acción culposa de parte de Silva. Y en ese aspecto la prueba oftalmológica tiene su propio peso, ya que podría indicar un alto grado de astigmatismo en Silva, quien en su declaración ante Rossi aseguró no haber visto a Fortunato y que no tenía los anteojos colocados. Ella sostiene que miró hacia un costado para localizar a Fortunato, devolverle el celular y saber si se encontraba bien porque anteriormente estuvo peleando. No advirtió el cuerpo tendido en el asfalto, que pudo haber estado en una zona no alcanzada por el cono lumínico de la luz municipal, ya que si bien se informó que el cadáver estaba bajo dicho artefacto, también se concluyó, en la pericia mecánica, que había sido arrastrado unos tres metros.

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Parece no haber términos medios en esta causa que tanto ha dado que hablar en la comunidad local. Las decisiones que puedan surgir en la audiencia que presidirá el juez Peñasco apuntan a que la causa siga caratulada con un doble agravamiento o bien se reduzca la acusación a una acción culposa por parte de Silva, lo que daría lugar a la hipótesis del accidente.

Esa bifurcación que surgió desde un principio entre quienes piensan que Silva quiso matar a Fortunato y los que sostienen que fue un accidente llegó a tribunales, donde se resolverá la situación procesal de la protagonista de la causa.

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