Bowen es un pueblito pintoresco de los tantos que tiene Mendoza que nació, hace 103 años, por la fuerza, el compromiso, el tesón y el tremendo esfuerzo que le imprimieron a esa gesta un grupo de los tantos inmigrantes que poblaron nuestro país desde mediados del sigo XIX en adelante. Está ubicado en General Alvear, a unos 18 kilómetros al Este de la villa cabecera del departamento, al borde de la estratégica Ruta 188 que une Mendoza con el sur de San Luis, parte de La Pampa y Buenos Aires.

Como muchos de aquellos pueblitos que le ganaron al monte salvaje, a las alimañas y a la cruel lejanía de los grandes centros urbanos del país, los primeros bowenses crecieron al ritmo del ferrocarril, que como tantos ejemplos en el país, fue introducido por los visionarios ingleses. Uno de ellos, Sir Edward Bowen, fue uno de los precursores de los beneficios que traería aparejado el ferrocarril para permitir la urbanización y el desarrollo. Y el pueblo lo honró con su nombre, nada más y nada menos.

Un desarrollo extraordinario de Bowen se dio desde los 40 hasta mediados de los 70. El rumbo tomado por el país en aquella década maldita de la dictadura y los sucesivos yerros en las políticas económicas fueron sumiendo al pueblo en un estadio cercano a la miseria y el olvido. El cierre de los ramales ferroviarios en la década del 90 le dio el golpe de gracia. De ahí en adelante, el pueblo se fue moviendo al ritmo de los vaivenes propios del país, con la salvedad de que en los años de las vacas gordas los beneficios tardaron en llegar y cuando lo hicieron fue en cuenta gotas y sólo para unos pocos, y en aquellos de vacas flacas, como una ironía del destino, los desatinos allí se hicieron más palpables, profundos y extremadamente largos.

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Bowen tiene un poco más de 10 mil habitantes de los 31 mil que posee todo el departamento al que pertenece y aporta casi el 70 por ciento de los recursos globales de General Alvear. Sin embargo, Bowen es la imagen más cruda del olvido institucional. Allí no hay plata circulando por las calles, ni autos nuevos, ni camionetas 4×4, ni familias fuertemente adineradas. El poco o mucho dinero que logran reunir sus moradores se exporta. ¿Sabe en qué y para qué? En estudios pagos fuera del departamento para los hijos de esa tierra que emigran sistemáticamente buscando horizontes más esperanzadores.

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Bowen quiere autonomía. El pueblo, o gran parte de él, quiere y pretende ser escuchado. Reclaman atención y piden que se cumpla el mandato de la Constitución del 94 que ordenó que las provincias debían organizarse en municipios autónomos. Quieren su presupuesto, el que dicen les corresponde por coparticipación y elegir a sus autoridades. No quieren más depender del cacique de turno, el intendente que debe lidiar con un presupuesto de 315 millones de pesos que se va en sueldos públicos en un 70 por ciento.

Los líderes de la movida autonomista marcan como un punto de inflexión la campaña que llevaron adelante en el 2010 cuando luego de la instalación de un feedlot en las afueras del pueblo lograron que el mismo fuera erradicado por los olores que invadían el casco céntrico sumado a otros efectos contaminantes que de allí surgían. Nadie les daba crédito a los pedidos que hacían, hasta que lograron llamar la atención del gobierno central de la provincia que intervino para el cierre de ese criadero de ganado. Luego vino la cruzada por la mejora del centro de salud que no recibía ningún avance desde fines de la década del 40. Marchas del silencio y otras ruidosas que se organizaron en dos años obligaron al gobierno provincial a organizar guardias de médicos permanentes, la remodelación de la vieja sala y hasta la realización de un micro hospital que está en marcha desde lo administrativo.

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El sábado 30 de mayo Bowen va por todo. En el salón del club del pueblo, el del Deportivo Bowen, autoconvocados, parte de esos 10 mil habitantes deben decidir si van por la autonomía o si se siguen sometiendo a lo que muchos de ellos califican como una muerte segura por el olvido institucional y la insensibilidad de una parte importante de la política.

Fuente: Sitio Andino / Redactó: Marcelo Torrez

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